Los pueblos hablan con voz propia

domingo, 1 de enero de 2017 · 00:00
Alfonso Gumucio Dagron
 
Cerré el año 2016 con la satisfacción de haber publicado dos libros, Diario ecuatoriano: cuaderno de rodaje y Poeta de papel, poemario que me permitió reunir en sus páginas a 20 amigos artistas. 

También fue un año bueno para la difusión de dos libros anteriores, Pensar desde la experiencia: comunicación participativa para el cambio social, que publiqué junto a Amparo Cadavid, y Cine comunitario en América Latina y el Caribe, que alcanzó tres ediciones (Cuba, Colombia y Ecuador). 

Sobre este último me entrevistó Juan Carlos Sardiñas, editor de la Revista Digital de la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano (FNCL) en La Habana. Me preguntó sobre los antecedentes de la investigación y lo que sigue es una síntesis de mis respuestas:

Con la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano discutimos la posibilidad de investigar los orígenes y la naturaleza del cine comunitario, precisamente porque no había ninguna investigación escrita, era muy poco lo que existía a nivel regional. En algunos países se han documentado las experiencias más que en otros; por ejemplo, en Brasil, la trayectoria de Video en las Aldeas ha sido documentada por la propia gente que ha llevado adelante esta experiencia, pero es una excepción, porque en casi todos los otros países donde hay experiencias de cine comunitario, no se las conoce, son invisibles, y peor, son invisibilizadas y marginadas por la corriente comercial de la cinematografía.

La idea de esta primera aproximación es tratar de detectar en cada país los procesos de comunicación participativa que utilizan el audiovisual como instrumento. Estamos hablando de formas de expresión y de organización que quizás están más vinculadas con el concepto de derecho a la comunicación que con el de cine-arte en el sentido de que el primer impulso que hemos detectado en los antecedentes del cine comunitario es la iniciativa de las comunidades para decir aquí estamos, esto somos, ésta es nuestra identidad, aquí nos afirmamos. 

Desde el principio me pareció que escoger solamente seis países iba a derivar en una discusión interminable y también era un riesgo. ¿Por qué escoger seis países, a base de qué criterios, y qué iban a decir los otros países si no los escogemos. Entonces fui estirando el mecate, como dicen en México, estirando los recursos de manera que pudiéramos abarcar más, y en consulta con los investigadores logramos ampliar el horizonte para investigar otros países. 

De esa manera Cecilia Quiroga, boliviana, aceptó ocuparse también de Chile y de Perú; Pocho Álvarez, ecuatoriano, se encargó también de Colombia y Venezuela; Horacio Campodónico, argentino, hizo además la investigación de Paraguay y Uruguay, y de esa manera fuimos cubriendo la totalidad de América Latina, sin dejar a nadie afuera. 

La investigación fue abarcadora no solamente geográficamente sino porque decidimos no limitarnos al audiovisual indígena, sino extendernos al cine comunitario con una visión más amplia que pudiera incluir todo tipo de comunidades que se organizan y se aglutinan y hacen comunidad, que construyen comunidad por tener intereses comunes, aunque no compartan el mismo espacio local. 

Hemos sobrepasado las expectativas planteadas al principio. Se había previsto una investigación de tres meses para  relevar unas cuantas experiencias, pero hemos trabajado un año. He estado un año en la coordinación y los investigadores han estado un poco menos, ocho meses. En general, cada uno ha invertido cinco o seis meses más del tiempo que se había asignado inicialmente, y esto fue posible por el compromiso de los investigadores aunque no se les ha pagado más. 

Son múltiples las repercusiones que un trabajo de esta naturaleza puede tener. La existencia del libro visibiliza un tema que había estado escondido durante mucho tiempo, que no se conocía. ¿A quién le interesa eso? En primer lugar, a las propias comunidades afectadas. 

Desde un punto de vista académico una investigación que abre un tema que no se había estudiado antes, invita a muchos investigadores a descubrir y profundizar en determinadas experiencias, hacer estudios de caso más detallados y visitar las comunidades. Uno de los problemas detectados es que la mayoría de esos grupos comunitarios no hace suficiente reflexión porque el activismo audiovisual y el activismo político y militante no deja tiempo para ello: "¿Qué hemos hecho?, ¿cómo podemos reflexionar, cómo podemos pensar nuestra práctica?”. 

En el cine hay ricos y pobres. Quiero decir con eso que el "rico” es el largometraje de ficción que se ve en las grandes pantallas de cine. El "pobre” es el cortometraje o documental que no se ve ni en el cine ni en la televisión. Y entre ambos hay una gama muy amplia, y en el caso del video y el audiovisual comunitario hay una discriminación que se añade a las que ya mencioné, ya que en el cine comunitario casi todas son películas de cortometraje y documentales, pero además hechas por gente no profesional, lo cual las discrimina en mayor medida. 

Algunos dirán: "eso lo han hecho unos muchachos, eso lo han hecho unos obreros, eso lo han hecho unos indios… entonces eso no es cine, eso es otra cosa”. Naturalmente que no pretendemos equiparar este tipo de producciones con una producción de autor que se presenta en grandes festivales. Somos conscientes de que el cine comunitario es un proceso distinto que tiene un público, una intención y un objetivo diferentes. Existe con sus particularidades y es una expresión muy relevante de la cultura de los pueblos en América Latina. Es tan importante como el cine de autor, porque tiene su propio ámbito de validación.

En la formulación de políticas, proteger y promover este tipo de actividades es importante porque el fortalecimiento del tejido social, del tejido cultural de las comunidades le interesa a todos los países de la región. 

En la medida en que las comunidades fortalezcan sus identidades, sus maneras de trabajar colectivamente y se refuerce el sentido comunitario del trabajo, significa mayor participación de la gente en su propio desarrollo, apropiación de las decisiones que se toman para poder avanzar en la vida de las comunidades. Quienes trabajan en iniciativas de comunicación audiovisual son sujetos más independientes, mucho más críticos y más participativos.



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