Conversación con Alfredo Ovando y Liliana de la Quintana: Mirar profundo

domingo, 26 de noviembre de 2017 · 00:00

Alfonso Gumucio Dagron

No exagero si digo que Nicobis es una obra de amor y el producto de una relación amorosa. En el cine boliviano hay pocos casos tan emblemáticos como éste que ha podido desarrollarse a lo largo de 36 años. Pero ¿qué es y qué quiere decir Nicobis? Para la gente que sabe de cine boliviano, Nicobis es el referente esencial del trabajo tesonero de Liliana de la Quintana y de Alfredo Ovando en cine documental, sin embargo para muchos que lean estas líneas tengo que explicar un poco en la voz de los propios protagonistas.

“Nicobis nace con amor” dice Liliana, y Alfredo añade que una vez frustrado el intento de abrir una escuela de cine debido al golpe militar de García Meza, descubrieron el video y la posibilidad que ofrecía de ver inmediatamente las imágenes que grababan. Nicobis nació en febrero de 1981 en La Paz y unos años más tarde, en 1984, nació en Cochabamba el Centro Wallparrimachi, por lo que podemos considerar a ambos pioneros del video en Bolivia. 

Conozco a Liliana y a Alfredo (Bis) desde que iniciaban ese trabajo y yo lo hacía con cine Súper 8 desde 1978. Ellos tenían sus razones para usar video: la inmediatez, la posibilidad de grabar, editar y mostrar inmediatamente lo que habían producido. Yo me aferraba al celuloide -por frágil que fuera el Súper 8- con la convicción de que la imagen resistiría mejor al tiempo. Pero las limitaciones técnicas eran enormes: cada rollito de Súper 8 duraba menos de tres minutos y había que enviarlo a revelar a Estados Unidos, para luego editar de forma artesanal con una moviola manual y enviar nuevamente al exterior ese original para hacer copias, carísimas por supuesto.

Vistas las cosas luego de cuatro décadas, ambos formatos desaparecieron. Lo que hoy llamamos “video” es en realidad un sistema digital que nada tiene que ver con las grabadoras U-Matic que Bis y Liliana introdujeron en los años 1970. Y el Súper 8 no ha desaparecido del todo porque todavía lo usan artistas de la imagen como Diego Torres en su cine experimental. El video analógico ya no se fabrica, el Súper 8 ha sobrevivido milagrosamente.

El antecedente de Nicobis fue un grupo creado a partir del Taller de Cine de la UMSA, que se llamó Qhaway Ukhuman, en quechua, que significa “mirar profundo”, o mirar dos veces. Nicobis es una sigla un tanto extraña que según Liliana tiene “también ese significado de mirar profundo, mirar dos veces, mirar más allá”. 

Uno de los mejores momentos para Nicobis fue el documental Lucho vives en el pueblo (1983) porque “eso nos permitió ratificar la línea que íbamos a tomar desde ese momento”, me dice Liliana. “Otro momento importante -añade Bis- fue el ingreso una década después a la animación para niños con Pintemos el mundo de colores (1992), una etapa muy linda, con actividades de capacitación”.  

Ambos distinguen cuatro etapas en los 36 años de Nicobis, de una década cada una. Primero la década de 1980, de carácter político social, que permite construir un archivo de las movilizaciones de los mineros, el video La marcha por la vida, las jornadas de marzo, las mujeres mineras, pero también el inicio del video etnográfico en el mundo andino con El llamero y la sal y Tiempo de vida y muerte entre otras producciones.

Esa etapa se prolonga en la década de 1990, con la confirmación de dos líneas de trabajo: la serie Rebeldías sobre los movimientos de mujeres mineras, campesinas, universitarias y de clase media, y los dibujos animados para niños.

La tercera etapa, según Bis Ovando, es la que cubre la década del 2000: “una incursión etnográfica en las zonas bajas para conocer en mayor profundidad la región amazónica y documentar la vida de los pueblos que viven allí”. 

Finalmente, la etapa más reciente, “la última década ha permitido pasar la posta a los jóvenes, y fortalecer nuestra incursión en la televisión a través del programa Pica, “que lo hacen directamente ellos” añade Bis. Más de tres mil programas se han difundido hasta ahora, realizados por cineastas recién egresados de la Universidad Católica. 

La trayectoria de Nicobis está también atravesada por el proyecto editorial impulsado por Liliana: “El acercamiento tan hermoso que tuvimos durante décadas a los pueblos indígenas, tanto del área andina como del oriente, del Chaco y de la Amazonia, nos permitió escuchar historias maravillosas, y sentimos la necesidad de contarlas en otro formato para que sean conocidas por los niños, de ahí nació el brazo editorial de Nicobis el año 1998. Hicimos varias series de libros sobre la mitología indígena, que siguen vigentes dos décadas después. Hemos publicado 30 libros que han circulado en muchos colegios”. 

Alfredo Bis Ovando considera que su principal aporte en estos 36 años es haber creído en el video para “abrir puertas que no se conocían antes”, generando una producción importante de alrededor de 300 títulos de documentales. En cuanto a Liliana, considera que su aporte ha sido “posicionar lo femenino, abrir espacio a las historias de las mujeres, insistir en que siempre haya protagonistas mujeres, niñas, jóvenes, abuelas para que estén presentes en los videos y en los libros”. 

El trabajo persistente de Nicobis le dio impulso al Movimiento del Nuevo Cine y Video Boliviano (MNCVB), alimentado por la unión de los nuevos realizadores en la búsqueda de espacios alternativos de producción y de difusión durante el periodo de la dictadura militar. “En ese movimiento destacaron las mujeres: Beatriz Palacios, Danielle Caillet, Mauge Muñoz, Raquel Romero entre otras”, recuerda Liliana. En 1989 se hizo el primer encuentro de cine y video latinoamericano en Cochabamba, como resultado de ese periodo de acumulación de experiencias. 

Hoy, el archivo de Nicobis está abierto a todos los interesados y copias de los documentales y de los libros han sido donados a archivos, museos, bibliotecas y por supuesto a la Cinemateca Boliviana. 

Para conversar con Bis Ovando y Liliana de la Quintana tuve que aprovechar alguna de sus “subidas” a La Paz, ya que pasan una buena parte de su tiempo en Coroico. Nicobis sigue funcionando bajo la dirección de Geraldine y el apoyo de Mauricio, los hijos. 

En fechas recientes Liliana y Alfredo recibieron las estatuillas de reconocimiento del Festival Diablo de Oro de Oruro, por su fructífera trayectoria. Con este texto me sumo al homenaje a esta pareja de cineastas comprometidos con la realidad social y cultural de Bolivia. 

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