El ejercicio de la crítica de cine

domingo, 23 de abril de 2017 · 00:00
Alfonso Gumucio Dagron

Vilipendiados, ignorados, acusados de ser creadores frustrados que se refugian en el resentimiento, los críticos de arte tienen una vida difícil. 
 
Muchos escritores se convirtieron en críticos y ensayistas literarios, y en algunos casos esa profundización académica en el proceso de creación literaria los anuló como escritores pero los hizo crecer como analistas de la literatura. Lo mismo sucedió con artistas plásticos convertidos en críticos de arte
 
En Bolivia la crítica cinematográfica tiene una historia poco nutrida, pero ello se entiende porque va en paralelo con la historia del propio cine boliviano y también con las limitaciones de la distribución en el país del cine mundial. En la medida en que hay más cine nacional y que llegan mejores películas internacionales, la crítica también mejora, se hace más profesional. 
 
Fue el español Jaime Renart -republicano exiliado en Bolivia- quien inició a principios de los años cincuenta del siglo pasado, en el vespertino Ultima Hora, una crítica de cine que publicaba de manera regular. A lo largo de su existencia el vespertino Ultima Hora estuvo siempre a la cabeza en lo que respecta a la crítica de cine. Es una pena que haya desaparecido porque sus páginas acogieron a lo más granado de la crítica de cine en Bolivia. 
 
Allí escribió también otro español, el sacerdote carmelita Eduardo T. Gil de Muro (su nombre completo era Eduardo Teófilo Gil de Muro Quiñones), que sucedió a Renart cuando éste abandonó definitivamente Bolivia. Gil de Muro estuvo en nuestro país de 1961 a 1965, firmaba sus críticas como Martín de Quiñones y fue uno de los fundadores del Cine Club Luminaria que orientó a varias generaciones de amantes del cine a través de debates y conversatorios. En las mismas páginas de Ultima Hora escribió critica el poeta Julio de la Vega, quien antes había escrito esporádicamente sobre cine en la revista de la segunda generación de Gesta Bárbara. 
 
A fines de los años sesenta, inició su actividad Luis Espinal, recién llegado a Bolivia.  Su actividad no se limitó a los comentarios en Ultima Hora y en el diario Presencia, sino que desplegó también una vasta labor de animador de cursillos de cine en todo el país. Al hacerse cargo en 1979 de la dirección del semanario Aquí, fue expulsado de Presencia y siguió ejerciendo su actividad de crítico en Aquí y en Radio Fides.  
 
Mis propios inicios como crítico de cine fueron en el diario El Nacional, durante el gobierno de Juan José Torres, y en las páginas del suplemento "Semana” de Última Hora, a principios de la década de 1970. Escribí también en la revista Zeta, y en varias revistas de Europa, África y América Latina. 
 
En El Diario y posteriormente en varios matutinos de La Paz, Pedro Susz ha mantenido desde los años 1970 una actividad regular de crítica cinematográfica, dándose a conocer como un crítico agudo y con fino humor. Pedro es sin duda el crítico más constante y longevo de Bolivia. Los cuatro tomos que publicó bajo el título 40/24 papeles de cine (Plural, 2014) son un regalo de 2.852 páginas para cualquiera que se interese seriamente en la reflexión sobre el cine. Su colega fundador de la Cinemateca Boliviana, Carlos Mesa publicó en 1979 un libro titulado Cine Boliviano: del realizador al crítico, que reúne textos de Jorge Sanjinés, Arturo Von Vacano, Pedro Susz, Luis Espinal, Francisco Aramayo, Beatriz Palacios, etc. 
 
El grueso de la crítica de cine se concentró por muchos años en La Paz. En febrero de 1979 quisimos darle cierta institucionalidad mediante la Asociación Boliviana de Críticos de Cine (CRIBO), creada con el objeto de "contribuir al fortalecimiento de una corriente de cine desmitificador, desalienador, que contribuya a esclarecer la realidad nacional”.  El acta de fundación, firmada por Luis Espinal, Julio de la Vega, Pedro Susz, Carlos Mesa, y Alfonso Gumucio Dagron, señala que "el público boliviano necesita una orientación que le permita adquirir sus propios instrumentos de crítica para poder ver cine como un hecho cultural y no de mera evasión”. 
 
En un libro reciente el colombiano Omar Rincón introduce el tema de la crítica con profunda ironía y humor: 

"Los pocos críticos que quedan son considerados unos amargados, malaleches, arrogantes y fracasados. Y es que los críticos son, de verdad, conmovedores porque en un día azul ven la nube que se insinúa en la lejanía y en un día de lluvia encuentran el pedacito azul que puede llegar a ser: son seres a los que les fascina llevar la contraria y disfrutan más pensar distinto que teniendo la razón. Y son patéticos, además, porque su oficio no sirve para nada: no suben un punto de rating, no llevan gente al cine, no ayudan a vender libros, no interesan a los ciudadanos en el arte, ni siquiera llevan a comprar modas o ir a restaurantes.”. 
 
Lo cierto es, continúa Omar Rincón, que los críticos no buscan pasar a la historia, porque la crítica "es un hacer que intenta comprender y explicar obras y oficios que se aman: es una acción de dependencia amorosa por las obras y los creadores”. 
 
Supuestamente uno escribe crítica de cine para orientar a los lectores. Algunos críticos arguyen que tratan de orientarlos antes de que vean la película, pero otros, entre los que me cuento, preferimos que nuestros comentarios sean leídos después, para acompañar la reflexión del espectador y quizás tener alguna influencia en la opinión que ya se había forjado. 
 
Un crítico afina su puntería a medida que practica. El ejercicio regular permite fortalecer el músculo del análisis y desarrollar un grado mayor de creatividad e independencia de la obra analizada. 
 
En años recientes no he visto mucho cine en salas comerciales. Con la excepción de la Cinemateca Boliviana, suelo ver películas en mi casa o en los largos vuelos donde hay la suerte de contar con una pantalla individual y una selección potable de películas recientes. Las salas de cine me asfixian, no por la oscuridad sino por el comportamiento de la gente que habla, come pipocas con olor a mantequilla rancia, responde al teléfono o alumbra sus pantallas para enviar mensajes de texto. Todo ello me irrita enormemente. Significa el traslado de las malas costumbres de ver la televisión en sus casas, sin ningún respeto por el séptimo arte. 
 
Coincido con Roberto Herrscher: "Como todo buen texto, una crítica que se precie es una botella que esconde un genio. Pero el genio es el mismo lector, que se vuelve mejor y un poquito más sabio después de haber leído el papel que venía enrollado adentro”.

 


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