Felipe Ehrenberg, neólogo

domingo, 21 de mayo de 2017 · 00:00
Alfonso Gumucio Dagron 

Neólogo, así lo llamó su amigo Fernando del Paso y así estaba escrito en su tarjeta de presentación, y no es que necesitara ninguna, pero era su manera de empezar a provocar. Amante de todo lo nuevo, adoptaba en su práctica artística las corrientes más vanguardistas y aportaba con sus propuestas innovadoras. Su expresión artística recuperaba tendencias del arte contemporáneo para fundirlas con una mexicanidad profundamente enraizada. 
 
De hecho, llevaba esa mexicanidad debajo de la piel, en tatuajes en forma de huesos que exhibía en los dedos y el dorso de la mano izquierda, algo muy propio de la festiva cultura de la muerte en México. Así, fumando con esa mano completamente tatuada le tomé un retrato en el desierto, en el extremo norte de Burkina Faso, en 1987. Fue una de las fotos que expuse en mi muestra "Retrato hablado” (1990), con un breve texto donde trataba de describir mi percepción sobre Felipe:
 
"En kilómetros a la redonda no había un arbusto, sólo arena que de rato en rato el viento levantaba en torbellinos rojizos.  Bajo un sol intenso, Felipe no cesaba de dibujar lo que veía: chozas, hombres, mujeres de África negra.  Artista múltiple, capaz de desdoblarse en líneas creativas de extraordinaria diversidad, Felipe ha trabajado con todo tipo de materiales, de técnicas y estilos.  Pero además, es un motor que anima grupos jóvenes de artistas, muralistas, editores campesinos.  Allí donde está Felipe, las cosas no están dormidas.”
 
Estuvimos varios días durmiendo bajo las estrellas porque el cuartucho que nos ofrecían en las afueras del pequeño poblado de Oursi, 43 kilómetros al noroeste de Gorom-Gorom, estaba infestado de escorpiones y ratas. 
 
Allí en Oursi nos maravillamos frente a un enorme cristal de cuarzo, de unos dos metros de altura, que emergía de las dunas de arena como una fuente mágica de luz. Probablemente ese cuarzo que ya era parte del paisaje cotidiano haya sido fagocitado por la arena que en la frontera del Sahel que separa la frontera de Mali con el extremo norte de Burkina Faso ("tierra de hombres libres”). 
 
Cómo llegó Felipe Ehrenberg a Burkina Faso es una historia de complicidad creativa.  Yo trabajaba entonces en Naciones Unidas apoyando el Plan Económico Quinquenal del Ministerio de Planificación, donde la "comunicación” era entendida como publicidad mentirosa. El ministerio había importado a un altísimo costo grandes láminas de acero para pintar vallas publicitarias exaltando anticipadamente los logros del plan gubernamental. 
 
Me parecía tan absurdo que propuse algo radicalmente diferente: un proceso participativo para realizar murales en las comunidades rurales, murales pintados por la propia gente, que sirvieran no solamente para representar los problemas económicos vividos en el nivel comunitario, sino también para reflexionar y debatir esos temas mientras realizan el mural colectivamente.  
 
No dudé en invitar a Felipe como facilitador de esos procesos porque él había diseñado experiencia similares en México, particularmente una donde utilizó mimeógrafos caseros.  Publicamos su relato sobre esa experiencia como número 2 de la colección "Cuadernos de Comunicación Alternativa” de CIMCA, con el título Manual del editor con huaraches (1983) y en la tapa un pequeño dibujo original de Ricardo Pérez Alcalá. Menciono a Ricardo porque alguna vez junté a ambos en Ciudad de México, con esa manía que tengo de construir puentes entre mis amigos.  
 
Apenas el "bigotón” llegó a Uagadugú empezamos a viajar por el interior a las comunidades más remotas del país y fue una experiencia hermosa hacerlo juntos, porque Felipe con ese vozarrón que tenía y esa facilidad para caerle bien a todos inmediatamente, se abría paso entre tribus e idiomas como si hubiera nacido allí y apellidara Kaboré en lugar de Ehrenberg. 
 
Los bigotes generosos de Felipe eran parte de su simpatía y lo hacían inconfundible, al extremo de que cuando se lanzó de candidato a diputado por el PSUM en 1982, en el Distrito Federal su lema era "Vote por el bigote”. No prosperó en su carrera política pero se involucró con cuerpo y alma después del terremoto de 1985 en el movimiento de reconstrucción del barrio de Tepito, donde vivió en la calle de González Ortega y creó el movimiento Arte Tepito. 
 
Desde mediados de los años 1970 solía elaborar cada año estupendos altares en el Día de los Muertos, un tema que se convirtió en uno de los leitmotiv de su producción artística. 
 
Coincidimos años después en Brasil cuando fue nombrado en el cargo diplomático de Agregado Cultural en Sao Paulo (2001-2006). Allí pudo desarrollar una actividad prolífica no solamente como artista plástico, sino también como actor en la película Crime delicado (2005) de Beto Brant donde aparecía desnudo una buena parte del tiempo. Participó en numerosos eventos y se hizo rápidamente un lugar en la cultura brasileña.
 
Era un placer visitarlo en la casa donde vivía con Lourdes Grobet cerca del parque de Ibirapuera, un remanso de la cultura mexicana como lo era el restaurante que Lourdes, tan excelente fotógrafa como chef, mantuvo durante un tiempo. 
Cuando cesó su condición diplomática decidió quedarse en Sao Paulo y en algún momento me dijo que no regresaría más a México, pero hace tres años me envió un mensaje confirmando que regresaban a su país. 
 
Nuestra amistad fue episódica pero constante y estrecha como suelen ser las amistades que se cultivan a lo largo de décadas. Por correo electrónico o por Skype estábamos en contacto cuando queríamos. Yo lo llamaba "cuatetón” o "bigotón” y el alternaba "Fayo” o "Maese Poncho”. 
 
Me gustaban los mensajes donde expresaba su inconformidad con algo: "Hay quienes prefieren llenar su boca de anglicismos (happy hour en lugar de hora feliz, research en lugar de investigación, paper en lugar de ponencia, canvas en lugar de tela, etc.) Allá ellos (antes les decían "pochos”)...? Existiendo en español el verbo "formar” con todas sus conjugaciones, prefiero hablar de PERFORMAS, y describirme como PERFORMADOR.  (…) Y usted ¿cómo la ve?”.
 
Tengo hermosos intercambios con Felipe, por correo electrónico y por Skype, durante varias décadas, pero este reducido espacio no es suficiente para tan grandote amigo. 
 
A principios de octubre del 2011 publiqué una nota a la muerte de mi amigo el gran pintor y muralista guatemalteco Efraín Recinos, y al día siguiente recibí un mensaje de Felipe: "Comparto esa sensación que describes: senosestánllendooooo!!!! Por lo que yo también ya preparo mis despedidas...”?
 
Sobre sus demás particulares los lectores pueden consultar internet: sus 70 exposiciones individuales y más de 200 colectivas, sus múltiples facetas artísticas,  sus becas Fulbright, Guggenheim y Nexus, su impulso a movimientos artísticos vanguardistas como Beau Gest Press, Grupo Proceso Pentágono o Tepito Arte Acá, y que murió de infarto en Cuernavaca el lunes 15 de mayo a las 19:30. Yo hablo de aquello que no encontrarán allí, mi experiencia personal con Felipe.

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