LABERINTO VISUAL

Un debate sin Jorge Sanjinés

“El conjunto de la obra cinematográfica de Jorge Sanjinés tiene una coherencia plástica e ideológica, y pasará a la historia como una propuesta estética y política de indudable valor”.
domingo, 7 de mayo de 2017 · 00:00
Alfonso Gumucio Dagron 

El título tiene su razón de ser. Cuando me invitaron en marzo a un panel sobre el cine de Jorge Sanjinés en el marco de las Jornadas del Cine Boliviano, lo primero que dije cuando me tocó intervenir es que me llamaba mucho la atención la ausencia de Jorge Sanjinés. 

¿Íbamos acaso a hablar de su cine en su ausencia, sabiendo que vive en la misma ciudad de La Paz y que en tiempos recientes es mucho más accesible a todos los que se interesan en su trabajo como cineasta? Pero así fue, el cineasta no había sido invitado. 

En la vida de cualquier creador, hay obras buenas y obras menos buenas.  Puede haber incluso obras francamente malas, como es el caso de Luis Buñuel en su periodo mexicano. Lo importante es referirse a la trayectoria completa, sin despedazarla.

Mi perspectiva sobre Jorge está contaminada por la relación personal, lo cual es a la vez un privilegio y un riesgo para tomar la distancia crítica necesaria. He publicado sobre él muchas veces y a él no siempre le ha gustado lo que he escrito, pero con los años el polvo de los desencuentros se ha asentado. 

Son más de cuatro décadas a lo largo de las cuales hemos mantenido una relación episódica, a veces intensa y cotidiana, y otras veces distante, más por razones geográficas y políticas que cinematográficas. En el balance, considero a Sanjinés un gran cineasta, con una visión precursora del cine boliviano, cuyo cine debería ser mejor conocido por todos en Bolivia pero lamentablemente no es el caso.

Comencé a colaborar con Jorge en la década de 1970, durante mi exilio en París, cuando me pidió que fuera representante del Grupo Ukamau en Europa. Eso significaba sobre todo dos cosas: por una parte representar los intereses económicos del grupo ante los distribuidores europeos, y por otra acompañar la difusión de las películas.

Recuerdo los viajes que hice a Italia para visitar en Milán al productor y distribuidor Renzo Rossellini, hijo del gran director de cine Roberto Rossellini y sobrino del compositor Renzo Rossellini. En esos años Renzo era el distribuidor de los films de Jorge Sanjinés y mi trabajo consistía en analizar con él cómo iba la distribución en Italia. También estuve en Bélgica con el distribuidor Pablo Frassens.

Viajaba por Francia para presentar los filmes de Jorge y hablar de Bolivia ante públicos sumamente interesados en nuestro país, frente a auditorios abarrotados con más de 500 espectadores que luego de la proyección de Yawar Mallku o El coraje del pueblo me acribillaban con preguntas. 

En 1975 surgió el proyecto de filmar Fuera de aquí en Ecuador. Conseguí prestada una cámara Arriflex BL 16mm del Centre National de la Recherche Scientifique (CNRS) gracias a mi amigo Jean-Michel Arnold que dirigía el departamento audiovisual. La única condición que me puso fue devolverla cámara un mes después, algo que cumplí a pesar de alguna fricción con Jorge porque tuvimos que interrumpir el rodaje. Durante la filmación escribí a mano un diario que ha sido publicado 40 años más tarde en edición de lujo en Ecuador:Diario ecuatoriano. Cuaderno de rodaje (2015). 

Junto a Marcelo Quezada publiqué en la revista Cahiers du cinéma (París, No. 257, mayo-junio 1975) un artículo sobre El enemigo principal. Además de ser los únicos bolivianos (o por lo menos los primeros) que han publicado en la prestigiosa revista, el texto sobre Sanjinés tuvo una influencia positiva en la publicación que estaba recién saliendo de una etapa ideológica muy dogmática, la del "frente cultural” de tendencia maoísta. 

Durante un viaje de bajo perfil que hice a Bolivia en 1975 para ver a mi padre que estaba enfermo, Jorge me pidió que visitara a su mamá, doña María Aramayo, que vivía en la avenida Busch. La encontré muy nerviosa, temblaba (literalmente) al hablarme de unos rollos de 35mm que Jorge le había dejado al salir al exilio. Para aliviar su tensión llevé las latas a casa de mi padre y al revisarlas vi que eran los descartes de Yawar mallku. 

El legado de Jorge Sanjinés es enorme y no puede ser opacado por sus películas más recientes, que han sido objeto de críticas muy duras por la propuesta cinematográfica y por razones ideológicas, en especial Los hijos del último jardín (2004) e Insurgentes (2012). Insurgentes y Juana Azurduy, guerrillera de la patria grande (2017) recibieron un sustancial apoyo del gobierno de Evo Morales (que aparece en Insurgentes) y ello irritó a una parte de la comunidad de cineastas y críticos de cine. 

El conjunto de la obra cinematográfica de Jorge Sanjinés tiene una coherencia plástica e ideológica, y pasará a la historia como una propuesta estética y política de indudable valor. Jorge ha sabido combinar su visión de cineasta con la reflexión sobre el cine, como lo demuestran sus ensayos, recogidos en varios libros, entre ellos Teoría y practica de un cine junto al pueblo (Siglo XXI, 1979).

Su visión de un cine revolucionario que además busque (y encuentre) la belleza formal es evidente en largometrajes como Ukamau (1966), Yawar mallku (1969) y La nación clandestina (1989), quizás más que en los otros. Los  largos planos secuencia envolventes en películas del exilio como El enemigo principal y Fuera de aquí cumplen una función diferente a los bellísimos planos secuencia del cineasta húngaro Miklós Jancsó, porque en el caso de Sanjinés no solamente son un recurso estético sino también una forma de adaptar la mirada del cineasta al contexto que está filmando, en lugar de que el contexto esté previamente organizado y preparado en función de la producción. Es decir, la cámara al servicio de los actores naturales para lograr un relato donde la autenticidad testimonial constituye uno de los principales valores. 

En el contexto del cine boliviano actual, el referente de Jorge Sanjinés es inevitable.  Algunos hablan de la "negación del padre” o incluso de "parricidio”. Desde mi perspectiva, es natural que el cine haya evolucionado y que los cineastas de generaciones posteriores o contemporáneos a Jorge Sanjinés busquen sus propios senderos. 

El cine de Sanjinés no puede ser ignorado, como sucedió recién cuando por única vez luego de varias décadas la Cinemateca Boliviana exhibió un ciclo de toda su obra. En cualquier otro país las salas se hubieran llenado de jóvenes deseosos de conocer el cine de nuestro principal realizador. Sin embargo, no sucedió así: los jóvenes brillaron por su ausencia a lo largo del ciclo.
 
La paradoja es que muchos de ellos claman para tener  en la UMSA una carrera de cinematografía, a la que me opongo porque los jóvenes me dan la razón con su comportamiento: no vale la pena gastar recursos públicos en ellos.

 
 

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