Contante y sonante

Reacciones, red acciones

“Por aquí se compra y se vende cualquier cosa, un pedazo de muñeca, un llavero sin aro para poner las llaves, la foto de una familia antigua que bien podría ir a parar a la repisa de una familia nueva, para tener pasado que mostrar”.
sábado, 3 de junio de 2017 · 00:00
Óscar García / La Paz

 Seres de acciones paralelas funcionan en apariencia sin apuro, haciendo pausas entre acción y acción. Se quedan a veces mirando al techo como colgados en una grieta de donde salen los seres de abajo. Es raro, los seres de abajo salen de las grietas de arriba, también.

Acciones paralelas que ocurren en la cabeza, adentro de la cabeza, mientras extremidades hacen sus mandatos sin mayor problema, de manera automática. Acciones paralelas, que granean el arroz, con una pizca de aceite, moviendo para que no se queme, a fuego lento, más poco intenso que lento porque no hay fuego rápido. No son cosas contrarias fuego lento y fuego intenso. Y mientras se mueve el arroz poniendo atención para que tome un color dorado, se busca la manera de acomodar esa melodía en un ritmo que aparentemente suena complejo pero se trata nomás de una irregularidad y no tan difícil de ordenar. Pasa que la acentuación debe ser perfecta, o casi.

 La perfección se ha estado buscando desde hace tantos siglos que a esta altura ya no se sabe a ciencia cierta qué es y qué no lo es. Tarareando se va a acomodar la melodía hasta que quede bien y el arroz ya está dorado como para retirarlo del fuego y esperar que enfríe un poco para verter el agua hervida, un poco más de una taza de agua por una taza de arroz, porque a más de 3.600 metros sobre el nivel del mar se necesita más agua o el resultado será arroz medio crudo. Y el agua va a hervir, ya casi casi, y la melodía está en su sitio, o cada nota está en el sitio deseado. Por supuesto, debe haber un montón de otras opciones, por supuesto que las hay pero de todas se elige una, y ésa, no otra, es la que va a quedar y va a tener título y todo, un título como una clave interpretativa que o va a agradar, o a seducir, o a molestar o, por último, hacer que no importe. Y el agua estás hirviendo y ¿dónde era que se desencadenó la melodía?

 Claro, tenía que ver con un personaje que se veía deambular por  una plaza sin árboles, allá en la altura de la ciudad, recogiendo cosas del piso, botellas, envoltorios de dulces, botones, cosas así. Las guardaba en una bolsa hecha de retazos de telas y se la ponía a la espalda para desaparecer más tarde en medio del frío, con destino incierto. Apareció un día desaparecido. No se sabe a dónde habrá ido a parar, si está deambulando por otras plazas o ya no. Era un misterio el destino de las cosas que guardaba. Ni siquiera servían para ser vendidas. Por aquí se compra y se vende cualquier cosa, un pedazo de muñeca, un llavero sin aro para poner las llaves, la foto de una familia antigua que bien podría ir a parar a la repisa de una familia nueva, para tener pasado que mostrar.

El título podría tener que ver con el personaje, o con lo que el personaje hacía, o con su bolsa, o con el entorno del personaje. No es cosa imprescindible y en ello hay una larga discusión, que una pieza de música o de cualquiera de las artes  tenga un contenido con especialidades, con eventos y personajes puntuales. Las abstracciones están en todas partes, pueden emocionar, o no. Las  cosas reales y los hechos, y las muertes, y una lágrima pornográfica pueden emocionar, o no. El agua hervida ya a cubierto al arroz y la olla está en su lugar correcto y la llama de fuego en la intensidad precisa, lo que se precisa es preparar el resto, el arroz es lo de menos aunque en cantidad puesto en el plato va a ser lo de más.

 Hace bulto y el bulto visualmente hace su tarea, impacta. Lo que vaya con el arroz va a tener un conejo, falso, por supuesto, y ahogado. El nombre, el de ahogado, debe ser como el título que se está buscando, ha debido provenir de alguna parte más por accidente que por razonamiento cuasi matemático. Un ahogado en términos gastronómicos es una salsa en la que suele abundar cebolla y ají colorado, y tomate. No es lo mismo que una chorrellana ni que una salsa pomodoro, ni es lo mismo que un pozole. 

Es un ahogado y quienes saben distinguir un ahogado de un tuco, están en lo correcto. Ahogado y tuco son dos nombres que designan a dos salsas específicas a las que se da por asumidas. No se discute ni el sabor ni la función. Así son y para tal y cual cosa se usan. No tendría por qué ser tan difícil elegir un título para una melodía para la cual hay una rítmica compleja y un personaje de donde viene. El que cojeaba un poco, de ahí lo saltado de la rítmica. Una persona que cojea no puede estar saltando pero una rítmica que anda saltando, parece que cojeara y la cebolla está lista, picada y salteada, brilla. Lo mismo va a pasar con la pieza cuando esté lista. Un lomo salteado, como un ritmo irregular, cojea también. Crear una historia, re crear, articular sonidos, combinar especias, jugar a los dados, liberar personajes de la mente o de las calles sacarlos para que habiten en la página y en el espacio delimitado. Las cosas y las creaciones pasan al mismo tiempo, se juntan solas, conviven.

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