Contante y sonante

Razones tribales

“Son las personas que tienen una habilidad especial desarrollada en el silencio y en la paz. Son las que se esmeran en hacer de un momento tosco y torpe uno memorable y maravilloso”
sábado, 29 de julio de 2017 · 00:00
Óscar García / La Paz

Sociedades actuales, post modernas, post post modernas, apuradas, hechas de gentes solas en medio del gentío. Hechas de gentes conectadas sin conexión con otras gentes. Hechas de miserables éxitos y de innumerables fracasos. Sociedades hechas de polietileno y de industrialismos. Divididas en conjuntos tribales, en pandillas, en fraternidades, en comparsas.
 
Todas con nombres, todas con una designación para la tendencia. Todas con un nombre en un inglés adaptado a las posibilidades de la sociedad involucrada.

Influencers: personas por demás capacitadas en sus quehaceres y con suficiente éxito y aprobaciones colectivas como para hacer de sus actos y opiniones, las opiniones de todos. Son las personas que determinan a través de su influencia, positiva o no, la conducta de otras personas.
 
Responsables de inclinaciones en la fe, de abstinencias alargadas y de cortes de cabello inusuales, los influencers han modificado en las sociedades urbanas las relaciones entre los perdedores y los ganadores.

Stokers: los que se meten en la juventud. Es la nueva antropología urbana exenta de la técnica del compartir todo. Los stokers no se van a vivir a una casa ni a tomar de su alcohol ni a antojarse de algún habitante de la casa. Actúan desde lejos, desde lo virtual, desde las ventanas digitales. No se meten físicamente, se meten nomás, a todo, a la vida de los otros, con anónimamente las más de las veces, con descaro otras. Los stokers dan estocada tras estocada en los muros, en las habitaciones, en las ventanas en los baños públicos y privados en las aulas en las páginas de los libros en las bacinicas en los lechos por dentro y por fuera.

Spoilers. Los que no dejan nada a la sorpresa. Los que no se aguantan de contar lo que saben y lo que inventan. Siempre alertas, siempre esperando en las filas para romper la sorpresa. Con una mano en el bolsillo dispuestos a sacar la prueba del chisme. Siempre con la palabra lista en la boca para nombrar al asesino y a la hora indicada. Siempre alertas para escupir el final de las historias o el misterio o el nombre o la clave interpretativa. Los spoilers atacan de pronto, no se los ve venir.
 
Caen de los árboles y de los balcones. Salen de atrás de los árboles, salen de los hornos en las cocinas, de debajo de las alfombras, del inodoro. Son los inesperados, los que nadie quiere. Por eso andan siempre con un espejo en la mano, para tener con quién hablar.

Shiters: personas con el único propósito de hacer mal a las gentes de la sociedad en la que conviven. No hacen caso a nada que tenga que ver con la convivencia en sociedad. No entienden las normas ni los códigos. No saben para qué sirve el rojo del semáforo ni el papel higiénico. Son los que mascan chicle en un velorio, a toda sonoridad y piden doble taza de café y ven porno mientras el muerto se revuelca detrás del vidrio nacional. Son las personas que patean el bastón en el que se apoya una abuelita en la acera, los que le roban el queso al ratón en la trampa y los que andan en sus refrigeradores con ruedas todo el tiempo sinuoso y peligroso como una bomba nuclear en manos de un orate. Son los shiters de la sociedad.

Cackers: A quienes nada importa. Los que son políticamente apolíticos aunque esta categoría sea imposible. Se encargan de hacerla posible. Son los que pasan por encima del herido, los que hacen a un lado la vista cuando una hiena está por atacar a un indefenso cachorro. Son las personas indolentes, incrédulas,  empáticas, inodoras, ausentes porque callan, sin asombro porque no ven. Sin emoción alguna porque han perdido todo contacto con la vida y con la muerte. Se parecen más a un ropero o a un poste de metal que a un ser vivo. De hecho, no se sabe si viven o transcurren nomás. A nadie le importa tampoco. Los cackers son los que no importan.

Abducers: Son las personas que tienen una habilidad especial desarrollada en el silencio y en la paz. Son las que se esmeran en hacer de un momento tosco y torpe uno memorable y maravilloso.
 
Son las personas que, sin mayor esfuerzo, pueden lograr que otra persona se eleve y desaparezca, que sea suspendida en el aire o en la bruma. Que sea envuelta y amada. Que alumbre sin foco alguno. Que a punta de detalles y caricias avance en la piel ajena y haga cosas que nadie más hace. Son las personas que logran que las otras perduren y floten. Las que se preocupan siempre de la otra persona, llamando, escribiendo, inaugurando, tocando, tocando otra vez, escribiendo, amando, amando.

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