Microrreseñas de la FIL

En la Feria, tras la novela negra

jueves, 10 de agosto de 2017 · 01:00
Fernando Molina  / La Paz

Si es verdad que la gente lee menos novelas, esto no se aplica a todos los géneros. Hoy se consume mucha más novela negra que en el pasado. 

Este género y el fantástico son los más recurridos por el público para evadirse del cruel mundo real en los refugios de otros mundos todavía más crueles y abrumadores, pero imaginarios y, por tanto, controlables.

Una de las características de la novela policíaca, que comenzó con el propio género, es presentarse en secuencias que tienen como denominador común al mismo detective (desde Sherlock Holmes y Hércules Poirot), lo que corresponde muy bien con la preferencia actual por las sagas, que quizá se deba a que todo lector trata de reproducir el placer que un determinado libro le ha proporcionado. 

Estos detectives, como es lógico, deben ser originales para diferenciarse entre sí, lo que ha llevado a la invención de una variedad pintoresca de ellos: desde detectives monjes hasta investigadores ciegos, pasando por señoras expertas en bordado. No ha faltado, así fuera en tono paródico, un detective que estaba detenido en la cárcel.

Dos autores policíacos que hoy son muy famosos (por buenos motivos) y están abundantemente representados en la feria son el francés Pierre Lemaitre y el irlandés Benjamin Black (seudónimo del premio Príncipe de Asturias John Banville). 

Lemaitre ha imaginado al detective petiso: Camille Verhoeven mide apenas 1,45 metros y trabaja con un asistente que es miembro de la élite francesa, pero que por diversas razones ha decidido hacerse policía. Ambos son muy interesantes y aparecen por primera vez en Irene, que relata la escabrosa investigación de un asesino en serie, y luego en  Rosy & John, que originalmente fue una novela por entregas que se distribuyó en los celulares.

El francés escribe muy bien, como muestra el que haya ganado el máximo premio literario de su país, el Goncourt, con la novela Nos vemos allá arriba, que sin embargo no es policial.

En cuanto a Black, probablemente es el autor contemporáneo del género que más cerca ha llegado de las cotas que en el pasado lograron autores como Raymond Chandler o Dashiell Hammett, las cuales convirtieron la novela negra en un arte.  

A propósito, Yachaywasi tiene la versión de Cátedra, que quizá sea la mejor editorial de literatura clásica en español, de El largo adiós, la cual se considera la mejor novela de Chandler y una cumbre del policial.

También es posible recoger en la feria los últimos espumarajos de la oleada de literatura de crimen escandinava, que tan fuerte golpeó al mundo hace unos años (Stieg y Asa Larsson, Mankell, etc.)

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