Contante y sonante

Frente al cuadro o detrás

Es una obra de arte dicen unos, es una obra de mercado dicen otros, es una obra sin obra dicen los más escépticos cuyas cabezas han quedado ancladas en un lago lleno de antiguos reptiles”.
sábado, 9 de septiembre de 2017 · 00:00
Óscar García   / La Paz

Debajo de un toldo hay una señora debajo de un paraguas y debajo de ella un perro y debajo del perro un escarabajo sagrado. Todo esto se junta dentro, a su vez, de un marco, en un lienzo. Y el marco cuadro está ubicado casi al centro de una gran pared blanca que es también un marco y delante de ella, la pared, un grupo de mirantes observa el cuadro y asiente, alguno, con la cabeza y otros niegan, también con la cabeza. Solo una persona ve con el corazón pero el corazón no tiene ojos. Los ojos ven a través de lo que el cerebro siente y lo que el cerebro siente son reacciones a procesos químicos eléctricos físicos etéreos stereos placenteros placébicos asombrosos imposturados etcétera. Es una obra de arte dicen unos, es una obra de mercado dicen otros, es una obra sin obra dicen los más escépticos cuyas cabezas han quedado ancladas en un lago lleno de antiguos reptiles que piensan claro, con el cerebro reptiliano (con suerte) y reniegan de cualquier cosa que no esté acorde a su pétrea forma de pensar. Y luego de una reflexiva y tensa conversación alrededor de si la obra es o no arte y si quiere decir algo o si tiene mensaje o es un simple entretenimiento con técnica, se retiran cada quien a sus vidas en las que la pasan con muchas carencias. Carecen de ingresos regulares, carecen de ése estado subjetivo personal llamado felicidad y hacen, varios de ellos, unos test para saber si son felices. Los test por su parte, elaborados con una sospechosa lógica casi siempre terminan por llegar a resultados como que el dinero es la felicidad o el dinero no es la felicidad. Ambos resultados logrados con procedimientos errados por decirlo de manera amable. Un test plantea preguntas ligadas a la pseudociencia psicología en su estado más primario, que indagan sobre la relación entre mayores ingresos y mayores satisfacciones o menores ingresos y mayores frustraciones.

 Es de dudar el que una persona en medio de las presiones de una vida moderna en una ciudad pre moderna conviviendo con personas modernas, pre modernas y la mayoría en estado mental medieval, responda con que a mayores ingresos siente mayores frustraciones. A no ser que sea una persona acaudalada a quien, para empezar, no le importaría responder el test. 

Es más probable que la persona en situación de necesidades materiales y emocionales, necesite hacer el test para afirmarse en un estado subjetivo de felicidad que no siente pero espera que el test le diga que es afirmativo y si el test lo dice, así será. Lo que cambiará su ánimo y su día, nada más. Seguirá con doce bolivianos en el bolsillo y proyectos en la cabeza y fantasías con varios seres de su entorno y con un especial entusiasmo con el engaño a toda escala, empezando por el selfie engaño.

 Pero nada más habrá cambiado y todos felices. Los hacedores de test para indagar sobre la felicidad y los respondedores de test satisfechos con los resultados, que los habilita como cómodas personas con mínimos esfuerzos para remar desde las frustraciones hacia la superficie y personas con la suficiente carga de frustración como para arrastrar a colectivos enteros a un mundo plagado de grises y de ocres y de mediocres visiones sobre todo. Gastronomía, arte, corte y confección, sociedad, industria, amor y olvido. Y por consecuencia, el resultado serán unas obras de toda índole, resultado de estas personas y de las cabezas que llevan por encima del cuello. Y de lo que hay eventualmente adentro de las cabezas que suelen ser pensamientos o incoherencias, ocurrencias o esporádicas chispas producidas por la relación de no más de dos sinapsis. Debajo de un toldo hay una señora debajo de un paraguas y debajo de ella un perro y debajo del perro un escarabajo sagrado. Todo esto se junta dentro, a su vez, de un marco, en un lienzo. Y el marco cuadro está ubicado casi al centro de una gran pared blanca que es también un marco. Delante de este marco, un grupo de niños (que está constituído por niños, niñas y la combinación de ambos, por supuesto, para evitar la inútil discusión de cómo debiera escribirse en un lenguaje inclusivo que no sea con una arroba o con una interminable sarta de palabras masculonas y femeninas y otras muchas) se detiene frente al cuadro y se queda cada quien absorto, con inquietud, con preocupación, con miedo, con alegría, con reflexión, con amor, con felicidad, con ira, con gusto, con asco. Todas las posibles sensaciones individuales que no tienen por qué ser ni cuestionadas ni discutidas. Y no lo hace. Se van luego a jugar o entre todos u juego e cada quien un juego individual. Se van inconexos y no hablan entre ellos. Ya no saben.

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