Elvira Espejo: “La memoria oral es muy frágil, pero se recupera”

El aporte de la artista e investigadora boliviana fue reconocido hace unos días en Chile, donde se le confirió una distinción en el Festival Arica Nativa.
sábado, 24 de noviembre de 2018 · 00:04

Leonie Marti  / Página Siete

Cuando se escucha la palabra arqueología, uno piensa en piedras u objetos “muertos”. Esto es lo que reflejan algunos museos y es el discurso académico. Pero Elvira Espejo demostró que también hay una arqueología viva.

La también artista se dedicó a estudiar los cantos sagrados en la región de Qaqachaka, un pueblo del sur de Oruro, donde nació, para coleccionar y reconstruir sus versos y musicalidad.

La investigadora y actual directora del Museo de Etnografía y Folklore (MUSEF) de la ciudad de La Paz ya publicó varios libros e investigaciones sobre la región de los Andes. “Por su labor en el resguardo de los conocimientos ancestrales y su espíritu al compartirlos”, fue honrada el 10 de noviembre con el Premio Gran Tropera 2018 en el Festival Arica Nativa, realizado en Chile.

El 8 de diciembre, Elvira presentará su nuevo proyecto, que es resultado de cinco años de trabajo. La artista explicó a Página Siete de qué se trata y qué experiencias atravesó durante el desarrollo de la investigación.   

 Este libro, que es una colección de cuentos, se denomina Sami Kirki. Canto a los alientos sagrados. ¿Qué significa?

En aymara, sami significa aliento, kirki es canto. Alientos sagrados, porque estos cantos no son de bailar, de fiesta o de borrachera, sino que son cantos en agradecimiento a los alientos sagrados. Los Andes tienen un aliento  sagrado en su momento. Se respetan mucho los cerros, las piedras, las nubes, el sol, la lluvia. Los cantos tratan de esta dinámica, de cómo se puede dar una ofrenda o también agradecer a toda esta cosmovisión diversa que te apoya para que la nueva producción o la comunidad esté bien resguardada. 

¿Cuántos cantos son? 

En total son 13 cantos, seis los denomino arqueológicos, o sea del tiempo de los incas. Los otros son histórico-coloniales, y datan del tiempo a partir de la llegada de los españoles. A partir de ahí hay una fusión de ambas partes.  Lo interesante es cómo poco a poco se ha podido transferir, pero perdiendo la esencia. Hoy en día, esos cantos están completamente depredados, ya no hay jóvenes que puedan cantarlos. Solamente algunas personas mayores.  

Entonces, si los cantos ya se olvidaron en muchas regiones, ¿cómo fue el proceso para recuperarlos y coleccionarlos? 

Primero, no fue un trabajo de corto plazo. Esto no se puede hacer en unos días, una semana o un mes. Hay que viajar mucho a las diferentes comunidades. Por eso, hace cinco años que estoy investigando sobre este tema.  

En segundo lugar, tengo que decir que no hay receta. Es sobre todo trabajo “en cancha”. Muchas veces te dicen: “Yo no sé, pero he escuchado que tal persona sabe tal…” u otros conocen sólo un fragmento. De este modo, es como una memoria de la región, una construcción colectiva. Y claro que me sirvió mucho el hecho de que hablo aymara y también quechua.

Recuperar los versos es una cosa, ¿pero cómo pudo descubrir la música, los ritmos? 

Hay ritmos que se han quedado y sobre todo los mayores todavía los conocen. Sin embargo, no es “descubrir” en el sentido de que yo pidiera que me canten una canción, eso es una forma de investigación anticuada. 

Más bien entro en conversación, participo en la vida social. No soy investigadora externa, soy una de ellos. Y aunque la memoria es muy frágil, cuando uno va trabajando, va recuperando.

En su opinión, ¿qué significado tiene este proyecto?

 Hay  pocas investigaciones acerca de este tema. Es de hecho la primera vez, creo, que sale algo así de la región de los Andes. Sí hay transcripciones de los documentos coloniales, pero ya es otra versión. La colección que yo hice con las comunidades es muy cercana a la memoria oral.

¿Puede comentar algo en particular sobre un descubrimiento, un hallazgo especial?

Cada investigación te abre nuevas puertas y ventanas. Pero hay un canto que me hizo  pensar mucho, habla sobre el uywiri, el que te cuida. En el primer verso está el tema de tupuraya. que es una palabra un poco difícil de descifrar pero que según los miembros de la comunidad denomina el tiempo antes de que llegaran los incas. Luego, en el segundo verso, llega al famoso pukara, esta palabra ya es directamente de la época incaica. Entonces, hay una referencia a dos fases temporales. Parece que estos dos cantos eran más grandes separadamente, pero con el pasar del tiempo se unificaron.

  Además de la colección de versos, presentará un disco...

 Primero estuve trabajando los versos en la comunidad, después, en un estudio de música junto con Álvaro Montenegro, un músico jazzista boliviano.

Estuve trabajando con los grupos musicales Kurmi Wasi y Sagrada Coca, este material puede servir para la parte educativa.

HOJA DE VIDA

  • Perfil Elvira Espejo Ayca nació en Qaqachaka, departamento de Oruro, en 1981.  Es artista plástica, tejedora, narradora, documentalista y poeta.
  • Carrera  Estudió en la Academia Nacional de Bellas Artes. Desde 2013 es directora del Museo Nacional de Folklore y Etnografía de La Paz.
     

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