Lupe Cajías: “Existe un clima muy hostil para el periodismo”

La también historiadora cuenta lo que significa para ella el galardón y expresa cuáles son los mayores desafíos y presiones para ejercer el periodismo en el país.
jueves, 06 de diciembre de 2018 · 00:04

Leonie Marti / La Paz

A los 14 años, su papá le regaló un libro sobre periodismo. Desde ese momento  las ganas de escribir y contar se apoderaron de Lupe Cajías. Al culminar sus estudios de periodismo e historia en Bogotá y La Paz, se dedicó a redactar para destacados medios como El Tiempo, de Bogotá; el semanario Aquí, de La Paz; Los Tiempos, de Cochabamba, y para este periódico.

Fue redactora, productora, reportera de calle, directora, corresponsal y recorrió con su trabajo más de 40 países. Por su aporte al periodismo del país, la Asociación de Periodistas de La Paz (APLP) -que presidió de 2014 a 2016- le otorgó el Premio Nacional de Periodismo 2018.

Página Siete conservó con la reconocida periodista sobre su trayectoria y el oficio que ejerce.

 Lupe Cajías, en 1978 recibió su primer sueldo como periodista. Ahora, 40 años más tarde, recibe el Premio Nacional de Periodismo de Bolivia. ¿Qué significa este título para usted? 

Es una coincidencia muy feliz el hecho de tener este reconocimiento cuando justamente conmemoro cuatro décadas de mi primer sueldo. Pero recibir una distinción así también me ha dejado algo perpleja, porque creo que la generación que nos anticipó -que yo he llamado siempre la generación de oro del periodismo boliviano- fue una generación que estuvo muy comprometida con las luchas sociales. Y fueron ellos que han ganado los primeros premios nacionales de periodismo en el país. Entonces, con el premio siento cierta presión en representar lo mejor posible a otra generación: la mía.

 Usted hizo una parte de sus estudios en Bogotá en los años 70, en un tiempo y un lugar difícil para los periodistas. ¿Qué es lo que aprendió en esta época?

Que no hay que tener autocensura y que uno debe tratar de comunicar lo que sabe, pero que siempre hay que decir las cosas con mucha responsabilidad. Equivocarse en Colombia podía significar una bala. Por eso fuimos entrenados para ser muy responsables. Pero me parece que lo más importante que aprendí era evitar siempre el insulto y la difamación. Y si hay algo de lo que soy orgullosa de mi vida profesional es que nunca me han desmentido ni una nota.

¿Qué desafíos atraviesa un periodista de hoy  en la Bolivia de 2018? 

Yo creo que la base siempre es la lectura, esto nos da solidez y estructura. Para manejar un vehículo  se necesita gasolina. Y para nosotros, los periodistas, la gasolina es la lectura. Porque es muy importante tener una cultura general, saber de historia, de geografía, de lo que está pasando en el mundo. 

Me parece que un gran problema entre los periodistas de hoy es que tienen muchas presiones y por eso, muchas veces, no tienen el suficiente conocimiento de un tema. Por ejemplo, no se trata de solamente de difundir que hay una declaración de un ministro, sino que se trata de explicar qué significa esto para la gente, para el país. Esto hay que mejorar.

Ahora que habla de presiones, según Reporteros Sin Fronteras, en cuanto a la libertad de expresión, Bolivia ocupa el lugar 110 de 180 países. ¿Qué opina de la libertad de expresión en el país?

Para hacer periodismo de calidad se necesita libertad. Y en Bolivia hay una intención desde el Gobierno central de lograr una sola voz. No quieren escuchar voces diferentes. Tengo que decir que no creo en el periodismo independiente porque cada uno tiene un tipo de dependencia o intereses, pero sí creo en el derecho del ciudadano a escuchar muchas voces y reflexionar. 

En Bolivia está pasando lo contrario: hay una compra de medios, hay una presión a través de la publicidad estatal y hay una cooptación de las radios comunitarias. Todo esto crea un clima muy hostil. 

Pero habría que agregar: a pesar de esta situación, siempre hay espacios de trincheras. Por esto, los periodistas siguen concebidos como el peor enemigo para el Gobierno.

Los ataques a la libertad de prensa no son un fenómeno único de Bolivia. Se puede mencionar el asesinato de Jamal Khasoggi o la actitud hostil de Donald Trump hacia  los periodistas. ¿Cómo ve la situación de Bolivia en este contexto?

  Claro, no estamos en una situación extrema de acoso o con una ley que permita cerrar medios. Y obviamente estamos muy lejos de países como México o Arabia Saudita, donde hay asesinatos de periodistas.

Pero que la Policía Boliviana cree cuentas falsas para distorsionar la información me parece espantoso. Este espionaje me hace pensar en el periodo de Banzer. Entonces, si nos comparamos con casos extremos no estamos ahí y nos falta mucho trecho. Pero si nos comparamos con nosotros mismos desde 1982, hemos retrocedido demasiado.

 A lo largo de su carrera  no sólo cambió el contexto político, sino también la técnica: aparecieron el internet y las redes sociales. ¿Cuál considera que es la transformación más grande que vino con estos medios nuevos?

El tiempo y el espacio. Existe una rapidez increíble que le quita al periodismo mucho de su profundidad y la capacidad de entender lo que está sucediendo. Pero hay que decir que yo me considero una analfabeta digital: no tengo Twitter ni Facebook y un celular hace poco.

Fui la última en el periódico en cambiar mi máquina de escribir por una computadora. Todavía escribo a mano antes de redactar una nota, porque creo que este movimiento significa una reflexión que la computadora no te permite.

Como docente universitaria  está en contacto con una futura generación de periodistas del país. ¿Qué impresión tiene?

De hecho, la mayoría no quiere ser periodista. De un curso de 30 personas, uno o dos quieren dedicarse al periodismo, los demás quieren trabajar en otras áreas de la comunicación. Veo muchas dificultades en esta nueva generación, las presiones económicas, problemas familiares, el bombardeo de noticias, pero también muchas posibilidades. Y por una parte los veo más sinceros y decididos que nuestra propia generación.

 De vuelta al tema del Premio Nacional de Periodismo 2018, su entrega también coincide con la presentación de su nueva obra, una antología de textos  de sus experiencias a lo largo de los pasados 40 años...

Siempre pensé que el artículo que aparece en la prensa muere en las 24 horas. Pero ordenando papeles me di cuenta que sin querer había escrito parte de la historia de Bolivia, con detalles que no aparecen en ningún libro. Al final resultaron 1.800 páginas en cuatro tomos. Se trata de una edición limitada a 100 ejemplares que está destinada por una parte como herencia a mis hijos y por otra quiero dejarla en las principales bibliotecas del país.

Estoy muy contenta de esta obra porque ha sido un parto difícil, ya que volvía a escribir, a revisar, a mirarme a mí misma. Pero finalmente es esto: una obra de mi vida.

 

 

HOJA DE VIDA

  • Carrera Lupe Cajías nació en La Paz  en 1955. Estudió periodismo en Bogotá e historia en La Paz. Trabajó en varios medios del país y en el extranjero.
  • Obras Publicó varios libros, entre ellos    Valentina. Historia de una rebeldía, con la que ganó el premio Erich Guttentag, en 1996.
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