Sobre El mundo de su me moria

jueves, 14 de junio de 2018 · 00:00

Cecilia Bayá Botti  /  La Paz

El reconocimiento a los grandes artistas llega con el paso del tiempo, y en muchos casos cuando éstos ya partieron. Y es que la distancia es la que nos permite, muchas veces, dar la valoración justa a estos creadores que de alguna manera hablan de lo que somos o no somos, de nuestros miedos y asombros, de nuestras alegrías y tristezas, del sentido de las cosas y de la vida o de la muerte. En el caso de Enrique Arnal, esto es relativo ya que su obra fue apreciada por quienes llegaron a conocerla y fue premiado en varias oportunidades. Sin embargo, aún queda mucho por dar a conocer y reconocer.

Para preservar un legado encontramos la manera de trascender fronteras y permanecer en el tiempo con la ayuda de los registros fotográficos, los medios digitales, las publicaciones de prensa, los catálogos y los libros que son las formas más frecuentes de difundir la vida y la obra de los artistas que impactaron en la mente y el espíritu de las personas. Pero, si además de eso se tienen imágenes filmadas de las diferentes etapas de la vida del artista en las que podemos apreciar cómo fue de niño, escuchar su voz, ver como se movía, cómo gesticulaba, los lugares en que habitó, cómo trabajaba y otros aspectos que completan con mayor objetividad y vivencia su biografía, es un privilegio.

Hoy contamos con uno titulado: El mundo de su memoria. Se trata de un documental, de valor histórico, sobre la vida del talentoso y destacado artista boliviano Enrique Arnal.

Este valioso trabajo realizado por su hijo menor Matías contiene, por una parte, documentación muy importante de imágenes grabadas en la década de 1930 por Luis, el padre del artista, cuando vivían en el centro minero Catavi en Potosí, lugar donde Enrique nació en una situación privilegiada. De manera central y como hilo conductor apreciamos una entrevista realizada el año 2010, por la doctora en literatura Alejandra Echazú Conitzer, dando lugar a que Arnal sea el protagonista directo que nos relate sus experiencias, exprese su pensamiento, su filosofía de vida, reflexione sobre el ejercicio de su pintura y el simbolismo en su obra.

La investigación realizada incluye también material del archivo de la Cinemateca Boliviana que nos permite conocer el taller, entrar a su espacio íntimo en el que en otras horas Arnal producía en soledad.

Hace ya dos años que partió el artista dejando una vasta obra de más de 1.200 óleos que nutren la historia del arte boliviano con pinturas que representan naturalezas muertas, figuras femeninas, toros, cóndores, montañas, seres marginales y algunos abstractos; esos poderosos trazos y manchas sin intención de representar nada en concreto, donde los aspectos formales, estructurales y cromáticos son los protagonistas dando fe de la trayectoria de este gran pintor, que fue absolutamente genuino en su producción y por lo cual podemos entender por qué Enrique Arnal está considerado como un exponente eximio del arte en cualquier lugar y tiempo.
 

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