Juan Enrique: “Mi padre dedicó su obra a pintar a la Pachamama”

La Fundación Cultural Banco Central de Bolivia inauguró el museo en honor al pintor paceño Fernando Montes, cuyos bocetos, dibujos y cuadros ya se exponen.
domingo, 13 de enero de 2019 · 00:04

Fernando García T. / La Paz

 Una paleta con colores de la tierra, azul de ultramar y blanco titanio, desparramados sobre un lienzo inmaculado  fueron los insumos y la forma como Fernando Montes llevó la técnica de la témpera al huevo a un grado de expresión tan singular que no se puede explicar con palabras, sino al contemplar su obra.

“La característica más distintiva de su trabajo es que tiene un espíritu contemplativo, los suyos son cuadros que inspiran paz. Tanto las figuras como los monumentos tienen un espíritu lítico. Su obra se aproxima a lo abstracto, pero mantiene su forma esencial. Las figuras no tienen rostros, pero en ellas estamos todos nosotros”.

Esa es la forma como Juan Enrique Montes se refirió al trabajo de su padre, quien fue homenajeado por la Fundación Cultural Banco Central de Bolivia, que el viernes inauguró el Museo Fernan Montes, en Sopocachi.

La familia del artista plástico paceño donó al repositorio una colección que incluye desde bocetos  hasta cuadros acabados.

“Hemos donado una colección de obras que incluyen cuadros de figuras de la primera expresión de su tema andino y también de monumentos y ruinas tiwanacotas. También donamos dibujos terminados y, además, bocetos, para que la gente pueda ver su proceso de creación e incluso una agenda con dibujos, de 1969, que incluye un retrato de mi hermana, cuando tenía tres años”, detalló Juan Enrique.

 Fernando fue elegido por el arte cuando tenía 15 años y vivía en Buenos Aires, Argentina. “A esa edad tuvo la gran fortuna de conocer al pintor Vicente Puch, refugiado catalán que vivía cerca de la familia. Entonces mi papá pidió aprender con él, pero el pintor le dijo que vuelva cuando cumpla 18. Desconsolado, le contó a su abuela, que lo acompañó donde Puch; éste le explicó que tenía modelos desnudos en la sala. Aun así, la abuela le dijo: ‘Yo quiero que mi nieto estudie con usted’. Fue así que a los 15 años mi padre estudió el dibujo en la forma clásica, con precisión y observación”.

Fernando Montes, rodeado de su esposa, hijos y nietos.

Para Montes, el dibujo era la columna vertebral de su arte, una forma que trabajó como retratista hasta su regreso a La Paz, en 1949, cuando se reunió con Jorge Ruiz y Augusto Roca, con los que comenzó a producir algunas de las primeras obras cinematográficas de Bolivia.

“Mi papá se ocupaba de lo sonoro y también del montaje de las películas y documentales; hizo eso hasta 1953, cuando comenzó a ganarse la vida como retratista”, contó su hijo.

Ya en 1959, Fernando ganó una beca del Gobierno español, para estudiar en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, la gran escuela de Madrid, donde Picasso pasó por sus aulas y que presidió Goya.

“Allí continuó con el entrenamiento clásico. Por entonces ya conocía a mi madre y al cabo de un año, terminada la beca, mi padre viajó a Londres para visitarla; la idea inicial era estar ahí unas dos semanas, pero se casaron y pasaron el resto de su vida ahí”.

Ya radicado en la capital inglesa, doña Marcela Villegas dio vida a Juan Enrique y a Sara, y tuvieron que pasar seis años hasta que el artista y su familia regresaron de visita a Bolivia, un viaje que cambió para siempre la mirada de Fernando Montes.

“En 1965 llegamos de visita a La Paz. Por entonces, los pasajeros bajaban las gradas del avión por la pista y fue entonces que al descender de la nave, a mi padre le impactó inmensamente la luz de los Andes, la grandeza del paisaje andino. A partir de ese día comenzó un periodo de gestación de su arte que se extendió por un año, cuando se dio cuenta de que estaba pintando el espíritu de la Pachamama, un tema que pasó a ser el motivo de su vida”.

La primera exposición de Montes con la temática andina data de 1967, cuando mostró sus obras en Washington. Por esos días su trabajo ya tenía un tratamiento distinto, con una cualidad única de representación lítica, y la figura relacionada con la tierra y el espacio del altiplano.

A la primera muestra siguieron visitas a 16 países de América, Europa y Asia. El artista hizo de Japón su plaza más fuerte, donde expuso su arte en 22 ocasiones.

“Su obra tuvo en Japón una acogida muy especial por varias razones: su arte coincide con la estética shibui de ese país, pero también con el shinto, una religión que profesa veneración por la tierra, los ríos, las rocas; eso facilitó un encuentro muy especial con la gente de ese país”.

A lo largo de su carrera, Fernando siempre estuvo acompañado de su familia y Juan Enrique también se involucró con su arte, al acompañarlo en varios de sus viajes y ser el curador de su última muestra retrospectiva y la selección de piezas y textos para el museo que lleva su nombre.

“Un aspecto que no es muy mencionado en este ámbito es el papel de la pareja en el artista: si la pareja puede crear un hogar estable, un ambiente tranquilo para que el artista trabaje en condiciones óptimas, pues ese es un detalle muy importante. Como familia creamos las condiciones perfectas para que mi padre trabaje su arte y esta exposición es resultado del esfuerzo de mi madre”, aseguró Juan Enrique.

En lo que respecta al museo, la Fundación Cultural Banco Central de Bolivia inauguró el repositorio en memoria del pintor, en la zona de Sopocachi, calle Fernando Guachalla, donde tres de los salones están dedicados a exhibir varias de sus obras.

“Las tres salas tienen cierto orden cronológico: en la primera hay cuadros grandes, con una figura madre. En la siguiente sala  los textos hablan de la fuerza telúrica, hay paisajes extensos. Él decía que en el altiplano la naturaleza era monumental, más grande que el hombre. En la tercera sala hay obras de sus últimos años, en los que pintaba con una luz incandescente, inspirada en templos y chullpas”.

La colección de trabajos incluye 18 pinturas, seis pasteles enmarcados, cinco dibujos terminados y 10 bocetos. “Varias piezas estaban en Japón; un cuadro muy importante estaba en mi comedor y otro en mi dormitorio, pero siempre sabía que el lugar de estas obras era un museo”, señaló el hijo mayor del pintor.

“La obra de Fernando ha recorrido el mundo. Consideramos importante que una colección representativa de su obra se exponga permanentemente en su barrio y ciudad natal. Estamos muy contentos de colaborar con la fundación cultural para asegurar que futuras generaciones de paceños, bolivianos y visitantes al país conozcan y aprecien su arte”, aseguró doña Marcela, en horas previas a la inauguración.

El Museo Fernando Montes estará abierto a las visitas de lunes a sábado, de 11:00 a 19:00.

“No hubiera sido posible montar una muestra permanente sin el compromiso de la fundación. Ahora las obras de mi padre están en su hogar”, dijo Juan Enrique.

 

 

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