Se entregan los Nobel literarios en un ambiente de gran tensión

En la antesala, los laureados Olga Tokarczuk y Peter Handke dieron una conferencia de prensa en Suecia. Hablaron de sus obras y también de sus posiciones políticas.
martes, 10 de diciembre de 2019 · 00:04

Carlos Decker-Molina  / Suecia

Usar la palabra tensión no es suficiente para calificar la tirantez de estos días que culminarán con la entrega de los premios Nobel en el Palacio de los Conciertos hoy martes 10 de diciembre. Los galardonados en literatura son el austriaco Peter Handke y la polaca Olga Tokarczuk.

La conferencia de prensa del pasado viernes 6 tuvo la carga eléctrica de las respuestas de Handke que, para descalificar a la prensa, dijo:“Prefiero cartas anónimas, escritas con m... en papel higiénico, a sus preguntas vacías”.

Tokarczuk fue más inteligente, más pausada, prefirió hablar en polaco, su idioma, algo que Handke pudo haber hecho con el alemán, sin embargo, habló en un vacilante inglés.

La escritora polaca también polémica, por sus críticas al nacionalismo del gobierno de su país, tensó el ambiente a pesar de su seguridad, ya que se recibió la confirmación de que el sistema de radio y televisión de Polonia no cubrirá el acontecimiento. “Una declaración de enemistad contra la Nobel polaca”.

La nerviosidad había comenzado un par de días antes, con la renuncia de dos miembros, no de la Academia sino del Comité Nobel, una nueva organización que depende de la Fundación Nobel.

Uno de los renunciantes se quejaba de la lentitud del trabajo mientras que la otra se iba en protesta por el nombramiento de Handke. A esta actitud se sumó el exsecretario permanente de la Academia de la Lengua, Peter Englund que hizo saber que no asistirá a las festividades porque “no soy ningún hipócrita”.

Englund, durante la guerra de la ex Yugoslavia, fue enviado especial de varios medios periodísticos. No es periodista, pero sí un historiador de prestigio internacional, conocedor muy profundo de la “limpieza étnica” de Milosevic, el dictador vanagloriado por Peter Handke cuando asistió al entierro del líder serbio.  

Los bosnios que viven en Suecia merodearon los lugares públicos por donde pasan las comitivas Nobel para levantar en alto carteles con condenas al escritor austriaco laureado con el Nobel.Se reunieron en la plaza del norte para protestar por el premio a Handke.

Peter Handke

“No sé qué hacer”, fue la respuesta del escritor cuando el periodista de la televisión sueca enviado a Francia para entrevistarlo le dio la posibilidad de dirigirse públicamente a las personas que protestaban por su tesitura ante el genocidio de Srebrenica. “Dígame usted qué puedo decir”, dijo. El periodista quedó en silencio.

El origen de la bronca de los bosnios está en un libro escrito hace 25 años; "Un viaje de invierno a los ríos Danubio, Save, Morava y Drina o Justicia para Serbia", un ensayo “melancólico sobre la pérdida de Yugoslavia a manos de los nacionalismos insolidarios”. El problema es que Handke confunde a Milosevic como el protector de Yugoslavia cuando fue el que ordenó las limpiezas étnicas.

El otro error del escritor es no pronunciar la palabra genocidio, calificativo que usó el Tribunal de la Haya cuando juzgó y sentenció a los autores de la masacre de Srebrenica. Para Handke su calificativo más duro es “muerte entre hermanos”.

Luego de muchos silencios habló del relativismo: “No es malo, al contrario, es necesario para entender. El relativismo no siempre debilita, pues, coloca algo en relación con lo absoluto. Es más viviente. La injusticia es más tangible”. Después de otro silencio le dijo al enviado por la televisión sueca: “El relativismo no significa negar. Nadie puede decir que relativizar es debilitar”.

Personalmente, lo recuerdo en una obra de teatro que podría llamarse en español: "Insultos al público" u "ofensa pública". Handke inspirado en los grupos de música como los Beatles o los Rolling Stones, puso en escena a cuatro actores que le gritan al público: ¡Ustedes son los actores! Fue una inversión teatral porque el público interpreta sus roles dentro y fuera del teatro. Fue un éxito en las capas intelectuales de los 60-70.

Asimismo, publicó "Desgracia impeorable", una obra breve, escrita a las pocas semanas del suicidio de su madre. Es una prosa cristalina, un intento por salir adelante, igual que su madre que lucha para no ser “una” sino “ella”.

Olga Tokarczuk

“La literatura es una forma muy refinada de comunicación que no tiene que confundirse con el activismo político”, dijo Tokarczuk respondiendo una pregunta relacionada con la implicación política de algunas de sus novelas.

Cuando el pasado 10 de octubre se dio a conocer el nombre de Tokarczuk como acreedora del Nobel 2018 el ministro de Cultura de Polonia dijo a la prensa: “no he leído ninguna de sus obras”. Fue una manera de salir del paso, pues las obras de la escritora habían sido retiradas de las bibliotecas por no ser “lo suficientemente polacas”.

Un periodista le preguntó qué novela podría sugerir al ministro para que conozca sus obras.

“Mis libros no son para todos. Exigen una competencia cultural para leerlos”, respondió.

Cuando le avisaron de la premiación el pasado octubre, dedicó el Nobel al movimiento democrático de Polonia. Con los dineros pondrá en marcha una fundación dedicada a la traducción y a la investigación de los animales y sus derechos. A propósito:

El tema de su novela "Sobre los huesos de los muertos", un thriller metafísico con señas de identidad ecológica, cuenta la historia de Janina Duszejko, una ingeniera retirada por razones de salud que enseña inglés en una región montañosa y fronteriza en el suroeste de Polonia. En el poblado se cometen asesinatos a varios cazadores furtivos y Janina, al ser una defensora de los animales, decide investigarlos usando la astrología y la obra de William Blake y concluye “son los animales que se están vengando”. La novela termina con el descubrimiento del asesino, pero queda al descubierto la falta de ética en la caza furtiva.

Sin duda su obra gigante es "Los libros de Jacob", que tiene cerca de mil páginas en las que cuenta la vida del polaco Jacob Frank, seguidor de Shabtai Tzvi, un personaje histórico que en el siglo XVII se declaró Mesías.

Recordemos que en el universo judío aún se espera la llegada del mesías. Uno fue Jesús, pero otro fue Shabtai Tzvi.

Esta es la novela que causó gran revuelo en Polonia. El gobierno nacionalista no quiere remover su historia, sobre todo lo que tiene que ver con “lo judío”.

El personaje o los personajes de Olga Tokarczuk se mueven entre el judaísmo, el catolicismo y el frankismo por Jacob Frank. Es una escritura densa, profunda y hace gala de su conocimiento histórico-religioso.

“Por sólo este libro pudo merecer el Nobel”, sostiene la totalidad de la crítica literaria. Y, como dice ella: “Sus libros no son para todos”, sin embargo, los invito a leer "Sobre los huesos de los muertos", una buena forma de iniciarse con la Olga Tokarczuk.

 

 

 

 

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