Hasta siempre a Siku, el Jach’a Mamani del Titicaca

Con charango e instrumentos de vientos, creaba música para el ajayu. Deja un amplio legado.
lunes, 09 de diciembre de 2019 · 00:04

Leny Chuquimia  /  La Paz

Músicos,  familiares y amigos despidieron ayer a Siku Mamani, el artista aymara que  luchó por la cultura y la música, por su lengua materna y por  políticas que reivindiquen al indígena y no lo reduzcan a lo folklórico. Su corazón  dejó de latir la tarde del viernes. Su legado continúa vivo.

“La música no sólo entretiene, también puede llenar, calmar y sanar el ajayu. Muchas veces se hace música, pero no de la que levanta el espíritu del hombre. La música puede curar todo”, dijo Siku a Pagina Siete, hace un año, cuando impulsaba el encuentro internacional de los Jach’a  Mamani.

Siku  y  sus compañeros, en la Plaza de la Revolución.

Ese evento era sólo uno de los de los  proyectos que Siku realizó, siempre con el objetivo de revalorizar la identidad y esencia de los aymaras, sobre todo en los jóvenes. La suya no era una posición romántica, mediática o “de circo” –como decía él–, sino una convicción de reivindicación política, cultural y de identidad.

A su regreso de una larga estadía por Europa, cuando a Bolivia apenas llegaba el internet, Siku lanzó la primera página web para aprender aymara.

Desde su puesto de libros  en la Plaza de la Revolución de El Alto, ofrecía títulos como ¿Khitiptansa? (¿Quiénes somos?), de Xavier Albó, o El poder dual de René Zavaleta. Promovía también debates con activistas,  dirigentes, universitarios o cualquiera que desease reflexionar sobre la coyuntura, la vida en comunidad   u otro tema.

Fundó el periódico Chakana y tiempo después donó su terreno  en la Isla Kumana del lago Titicaca. En ese predio se construyó el Centro Ceremonial Multidiciplinario Chakana Uta, en la comunidad donde él  nació y creció junto a sus abuelos. 

Su cuerpo  fue velado en El Alto, donde residía.

Allí armó una  biblioteca, una videoteca y una fonoteca sobre la cultura aymara. Todas, abiertas a los pobladores y a los viajeros que estaban de paso.

Con su grupo musical Ayllu Chakana grabó varios discos en los que, con  charango e  instrumentos de viento, interpretó  melodías inspiradas en las montañas y el agua. Muchos  temas tienen sonidos electrónicos que los hacen únicos.

Al igual que sus ancestros, Siku no creía en la muerte y por ello su entierro se convirtió en una reafirmación de su vida. Ayer, los sikuris de Italaque retumbaron en el Cementerio General y, mientras las wiphalas flameaban, amigos y familiares gritaban “¡Jallalla Siku!”.

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