El camino de Santiago

domingo, 17 de marzo de 2019 · 00:00

Alfonso Gumucio Dagron

Este 8 de marzo Santiago Álvarez hubiera cumplido 100 años de vida. Para recordarlo tuvo lugar en días pasados en Santiago de Cuba el 17° Festival de Documentales Santiago Álvarez in Memoriam, que preside su compañera Lázara Herrera y que desde su quinta edición (2004) es un encuentro de carácter internacional. 

Con Santiago estuve varias veces en La Habana pero lo que me viene primero a la memoria fue la visita que hizo a La Paz a mediados de la década de 1980. Vino a Bolivia con Lázara y los llevé a pasear por las empinadas calles paceñas en una peta blanca que había comprado de segunda mano, el primer automóvil que tuve en mi vida. Miraban todo con genuino interés y preguntaban mucho. El ojo de documentalista de Santiago no dejaba pasar observaciones sobre la gente, sobre la arquitectura, sobre las montañas.

El otro recuerdo que tengo de Santiago es anterior. Es más importante pero menos ameno porque no tuvo un final feliz. A punto de terminar mis estudios de cine en el Instituto de Altos Estudios Cinematográficos (IDHEC) en París, tenía la opción de escribir un ensayo sobre un tema de mi elección, además de realizar la película de fin de grado,  Señores Generales, Señores Coroneles  (1976).

Para el ensayo escogí como tema “Santiago Álvarez y el cine documental cubano”. El IDHEC me daba dinero suficiente como para viajar a Cuba a entrevistar a Santiago.  Le escribí el 5 de diciembre de 1975 y Jorge Sanjinés también le escribió para que aceptara mi propuesta. Compré un pasaje en vuelo chárter en FMVJ Voyages (2.400 francos) e inicié inmediatamente el trámite de la visa.

En el Consulado de Cuba me dijeron que tratándose de una actividad especial, necesitaba una “visa cultural” que debían extenderla en La Habana. Durante las semanas siguientes regresé muchas veces pero la visa “no llegaba”, a pesar de una carta oficial de la dirección del IDHEC a Alfredo Guevara, director del ICAIC. Regis Debray escribió una carta para apoyar mi pedido de visa, y Chris Marker tuvo la amabilidad de escribirle a Santiago Álvarez para que apoyara desde Cuba. En mis sucesivas visitas a la Embajada de Cuba pude apercibir alguna vez a Alejo Carpentier. Al final, la visa nunca llegó y perdí los pasajes. La burocracia cubana salió victoriosa.

He encontrado en estos días el archivo de mi investigación frustrada, con copias de algunas de esas cartas, el proyecto de investigación y los documentos que había comenzado a reunir. Solo faltaba una entrevista en profundidad con Santiago, y verlo “en acción” produciendo el Noticiero ICAIC, del que fue director durante décadas (1961 a 1990). Quería su testimonio sobre documentales tan emblemáticos como “Ciclón” (1960), “Muerte al invasor” (1961), “Now” (1965), “Hanoi martes 13” (1965), “79 primaveras” (1967), “Piedra sobre piedra” (1968) y tantas otras obras (más de un centenar de documentales, además de las ediciones del Noticiero ICAIC) que fueron catalogadas por la Unesco como Memoria del Mundo.

Quería entrevistarlo en profundidad sobre su concepción del cine documental y sobre su vocación internacionalista. Estuvo por lo menos siete veces en Vietnam en plena guerra, también en Chile en la época de Allende, en Perú después del devastador terremoto de 1968, en países de África y Asia que en algunos casos visitó acompañando a Fidel Castro.

Santiago fue un maestro en el cine documental de agitación política, un artesano de la imagen testimonial capaz de construir con muy pocos elementos obras que son una mezcla de poesía y puñetazo.

Su estilo es toda una escuela en la que él mismo iba aprendiendo a tiempo que enseñaba a quienes trabajaban con él.  Tenía la visión de un cine documental ágil como un redoble de tambores y musical como una canción de rebeldía. Sus obras tienen ritmo porque se la ingenia con una canción, unas cuantas fotografías y recortes, unos pocos metros de película y una tijera, para hacer un collage cinematográfica que impacta y convoca. Quizás el mejor ejemplo de ese estilo sea “Now”, sobre la lucha antirracista en Estados Unidos, un video clip de estética revolucionaria.

Tuve otras oportunidades de estar con Santiago y con Lázara en Cuba, durante sucesivas ediciones del Festival Internacional del Cine Latinoamericano de La Habana, a fines de la década de 1980, pero ya no proseguí con el proyecto de investigación porque ya se había publicado e investigado mucho sobre la obra de Santiago, y porque nuestra relación había evolucionado hacia ese tipo de amistades donde uno ya no habla de trabajo.

Casi todos sus documentales recibieron reconocimientos en festivales de cine internacionales. Probablemente ya no tenía donde colocar en su casa tantos objetos de aprecio que le fueron entregados por su obra y por su compromiso con la cultura.

Lo importante es que Cuba mantiene viva la memoria de Santiago Álvarez, como sucede en países que reconocen a sus artistas y creadores. El festival que tiene lugar cada año ha crecido para incorporar no solamente películas de otros países, sino conferencias, exposiciones, debates y otras actividades que no solamente honran a Santiago, sino al cine documental, considerado como género “menor” por la industria occidental, pero no así en Cuba.

Del 6 al 12 de marzo, Santiago de Cuba acogió el mayor evento dedicado exclusivamente a películas documentales. El programa incluyó una muestra de los filmes ganadores en ediciones anteriores y una selección de obras de Santiago Álvarez. Esta vez se exhibieron  Despegue a las 18  (1969), Imágenes del Futuro (1992),  Cartagena Segunda Independencia  (1994) y Concierto Mayor (1997), este último realizado con Ismael Perdomo. Entre los Noticieros ICAIC destaca el No. 142, que concluye con la nota del sepelio del Benny More, cuyos 100 años se conmemoran también este 2019.

Así, la memoria del camino de Santiago en el cine documental, sigue viva.

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta

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