Adiós al gran pintor, escultor y maestro Ponciano Cárdenas

“Algunos pintan, otros cantan, otros recitan poesía... otros bailan... El arte da pasión. Hay que vivir con pasión”, escribieron sus familiares para despedirlo.
viernes, 10 de mayo de 2019 · 00:04

Página Siete  / La Paz

“Vivió la vida con pasión y la identidad grabada en cada paso. Lamento comunicar que hoy Ponciano falleció, dejando su huella en todos los que lo rodeamos”, escribió en las redes la familia del maestro boliviano, pintor y escultor   Ponciano Cárdenas, que falleció la noche del jueves en Buenos Aires a los 91 años.

“Mi primer maestro de dibujo y pintura, por el 74, me maravillaba su relación armoniosa con los alumnos de su taller de la calle San Martín. Recuerdo el impacto al ver su obra que es todo un canto al hombre y la mujer americanos”, lamentó su alumna Susana Gonzales.

Ponciano nació el 25 de agosto de 1927 en Cochabamba. Fue un excepcional ceramista, dibujante, muralista, pintor, escultor y grabador.  Después de trasladarse de país, el artista  se nacionalizó argentino.

El maestro crea  una escultura.

“En 1975 ilustró mi poemario La gaviota blindada. Leía poemas mientras él pintaba”, recordó su pupilo Carlos Penelas en 2017.

Su última aparición en público fue hace muy poco, en la 45° Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

 “Su obra trascendió las naciones y llegó a consolidarse como un emblema del arte latinoamericano”, escribió   el diario bonaerense     La Nación.

“Vivirás por siempre en tus obras querido Ponciano. Maestro talentoso que dominaba todas las técnicas. Generoso como pocos, maestro de muchos. Formaste con verdadera vocación a generaciones de artistas en la hermana República Argentina. Eras muy querido por todos y eso habla muy bien de vos. Paz en tu tumba”, escribió   Harold Suárez Llápiz

Ponciano se recibió como profesor de Pintura en la Escuela de Bellas Artes de  Cochabamba  y en 1952 viajó a Argentina con la plata que obtuvo de pintar su primer mural en una iglesia. También usó dinero de su hermano y de su madre, esta última, de quien más aprendió y fuente de inspiración de algunas de sus obras. 

También fue profesor en la Escuela Superior de Bellas Artes y su vicerrector hasta 1998. Durante los últimos años de su vida,  dictó clases de pintura y escultura en su taller de la calle Pringles, ubicado en el barrio porteño de Almagro.

 La escultura El despertar de América en el Balneario Barbados, Pinamar, Buenos Aires.

En 1966 recibió el premio a extranjeros en pintura y dibujo y, al año siguiente, el segundo premio en dibujo del Salón Municipal de Buenos Aires. Casi una década después, en 1975, obtuvo el segundo premio nacional de pintura.

En 2002, en una conversación con Héctor Loaiza, director de Resonancias, el maestro decía: “A los siete años yo empecé a modelar. Mi madre con un tino muy especial me compraba los materiales necesarios para modelar y pintar”. Sobre la fuerza de su arte, explicaba: “Creo que la gente de los Andes tenemos esa fortaleza, el mismo clima nos enseña eso. Yo he tratado de alguna forma de interpretar, de ser fiel a mí mismo. No es que yo busque que mi pintura sea fuerte, yo creo que eso está en mí”.

 

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