Pasión por el arte, una herencia que llega con el amor de mamá

Página Siete reúne cinco historias de hijas que heredaron de sus madres el amor por el oficio del arte, la literatura, la música y la actuación, entre otros.
domingo, 26 de mayo de 2019 · 00:05

Anabel Vaca  / Página Siete

“Mi mamá me decía ‘mira, nos vamos a inventar una historia, la dibujaremos y tú vas a colorear”, recuerda la escritora  y  editora de textos Claudia Adriázola. Ella heredó el amor por las letras desde su infancia gracias a la influencia de su madre, la también narradora   Silvia Arze.

  Como esta historia hay otras que se pueden contar en vísperas del Día de la Madre. En esta edición, Página Siete presenta historias  de madres artistas que heredaron a sus hijos  el amor por el oficio del arte como sucedió con    Erika Andia,  Mercedes Soux de Calvo y  las escritoras Lupe Cajías y Silvia Arze.

La enseñanza mediante juegos fue uno de los métodos que Cajías  y Arze utilizaron para que sus hijos adquieran el gusto por la lectura, escritura y el arte.

“Nos daba  tareas que nos parecían divertidas. Yo llegaba y le quería contar algo a mi mami y ella me decía ‘¿y si me lo dibujas? Dibújame todo lo que me quieras contar’”, comenta Guadalupe Peres, hija menor de Cajías.

Otra historia es la de La familia Valdivia, cuyos integrantes son Noemí Salgueiro, su pareja y sus tres hijos. El grupo musical comenzó gracias a esa mamá que estimulaba el  arte y el canto en sus pequeños.

De igual forma sucedió con la  familia de Rita Calvo. Ella siguió los pasos de su abuela y de su madre, Mercedes Soux de Calvo, y ahora sus pequeños siguen los pasos de Rita como bailarina.

   Con dibujos y lecturas, Lupe Cajías estimuló a sus hijos

“Nos daba  tareas que nos parecían divertidas. Yo llegaba y le quiera contar algo a mi mami y ella me decía ‘¿y si me lo dibujas? Dibújame todo lo que me quieras contar’. Entonces ya me ponía a hacer una actividad que significaba una estimulación para mí”,  recuerda con entusiasmo Guadalupe Peres, hija de Lupe Cajías, periodista, historiadora y escritora boliviana.

  Peres, de 33 años, admira  el respeto y la coherencia de su madre, quien decidió por cinco años dejar, en parte, su carrera para dedicarse a sus pequeños, quienes adquirieron el gusto por la lectura.

“Yo estaba muy consciente de  que el primer lugar lo ocupaban mis hijos, sobre todo en su primera infancia. Entonces casi durante cinco años no acepté ningún trabajo que suponga ir a otro lugar, sino que trabajaba a través de artículos, tenía un par de corresponsalías”, dice Cajías, la mamá.

Hoy  Guadalupe, la hija, es docente e investigadora en la Universidad Católica Boliviana, columnista de dos diarios nacionales y  cursa un doctorado en Estudios Mediáticos y de la Comunicación.

La voz de Nena Zeballos inspiró los vocalistas de PK-2

Desde pequeños Wally y Paola Zeballos vieron a su madre, Bertha Julia San Martín, mejor conocida como Nena Zeballos, con un micrófono en mano y sobre  los escenarios, donde la acompañaron desde su infancia. Hoy son  los vocalistas y líderes  del grupo tropical  PK-2.

“Desde niña me gustó  la música y sobre todo cantar. Me acuerdo que cuando era niña era muy tímida, pero al final siempre agarraba algo que se parezca a un micrófono como un cepillo, lo que sea, y cantaba en el baño”, comenta Paola.

Los hermanos recuerdan que cantaban con su madre desde los ocho años,  en el caso de Wally,  y en el de Paola  desde los seis. Abrían  las presentaciones a las que Nena asistía. Contaban con el aliento de  su familia; en su hogar también era costumbre que interpreten  canciones juntos. “Siempre veía cantar a mi mamá donde nos  llevaba, siempre la miraba y la admiraba mucho”, asegura Paola.

 “Yo he empezado a cantar desde los ocho años y nosotros éramos los invitados para hacer la parte infantil del concierto. Siempre acompañando a mi mamá… hasta ahora”, comenta Wally.

La familia Valdivia, la unión por la música entre padres e hijos 

“Mi mamá siempre ha sido muy dedicada a nosotros. Ella nos ponía diferentes tipos de cursos para poder aprender arte, principalmente música”, recuerda Adolfo Valdivia, uno de los integrantes del grupo musical La familia Valdivia, donde su madre, Noemí Salgueiro, también canta junto a su esposo y sus dos hijos.

 También rememora que comenzó a cantar a sus seis años y junto a uno de sus hermanos fundó el Dúo Valdivia, grupo al que se fueron uniendo sus padres y  hermana.

“En la época de Navidad era cuando mis papás nos conseguían el teatro de la Casa de la Cultura o el Municipal para que nos podamos presentar ahí”, comenta.

 Los abuelos paternos de los tres hermanos Valdivia también estaban inmersos en el ámbito artístico, ya que tocaban la concertina, la mandolina y el acordeón. “Hemos venido siempre de una familia artística”, dice el artista, cuya madre estimuló sus habilidades.

Lo que admira de su madre es su amor y fe en Dios y sobre todo los valores y el respecto que inculcó en su familia. “Siempre tratamos de compartir lo más que se pueda, en estos tiempos de tanto compromiso”.

Canto, música y danza en cuatro generaciones de la familia Calvo

Son cuatro generaciones de artistas –entre músicos, cantantes y bailarines– que alberga la familia de  Rita Calvo. Ella heredó el gusto por el arte   de su abuela y de su madre, ambas  cantantes de ópera.

Calvo además de cantar como su madre, Mercedes Soux de Calvo, también es bailarina de ballet clásico  desde los cinco años. Es éste ahora es el lenguaje artístico por el cuál le gusta expresarse.

“Si bien el arte está en nuestras venas yo creo que uno no elige, sino que el arte se posesiona en tu cuerpo y en tu mente”, comenta Calvo, quien considera a su madre un mujer fuerte, multifacética, y profesional.

En la actualidad Calvo es madre de Francisco, de ocho, y Elena, de 13 años, quienes también siguen la pasión por el arte. “Estoy muy feliz de haberles tránsmitido este amor por el arte a mis hijos, porque en realidad es el amor por los demás también”, dijo.

Rita es comunicadora social, directora y productora de La Sinfónik, con la que prepara conciertos, coreografías con bailarines y puestas en escena, siempre con el apoyo de su madre. “Mi mamá siempre nos inspiró a  nunca  darnos por vencidos por más que las cosas sean difíciles”, asegura Rita.

“Mi madre me abrió las puertas de mundos fantásticos”

“Mi madre ha sido muy importante, porque ella me ha abierto mundos fantásticos”, asegura la escritora de literatura infantil Claudia Adriázola, mientras recuerda los saberes que le heredó su progenitora, Silvia Arze, también escritora e historiadora.

Claudia recuerda que su madre la tuvo muy joven y es por ello que su relación fue siempre estrecha. “Ella siempre ha tenido mucha creatividad mucha inventiva. Mi mamá me decía ‘mira, nos vamos a inventar una historia, la dibujaremos y tú vas a colorear’, yo creo que ha sido un incentivo permanente de mucha creatividad”, cuenta la escritora. Además de su madre, también recibió conocimientos de sus abuelos.

“A pesar de las cosas uno le encuentra el encanto a lo que hace, no es una tortura, no es un sacrificio. Uno tiene que sentirse encantado, como un hechizo, de las cosas que se hace”, reflexiona.

El primer libro que publicó Arze fue en conjunto con Teresa Gisbert y Martha Cajías, obra que habla sobre el arte textil en Bolivia, que fue dedicado a las mujeres tejedoras del país. “Ella trabaja en una historia real y yo en historias de ficción y narración”, resalta Adriázola y asegura que la valentía de  madre de seguir adelante es su mayor admiración.

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