2019, el año para recordar el centenario de Líber Forti

Fue el creador del elenco teatral Nuevos Horizontes y asesor cultural de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia y la Central Obrera Boliviana.
domingo, 16 de junio de 2019 · 00:04

Lupe Cajías  / La Paz

El próximo 20 de agosto es el centenario del nacimiento de Líber Forti en Tucumán, Argentina, aunque vivió más tiempo en Bolivia, entre Tupiza, La Paz, los centros mineros y murió en Cochabamba. Forti fue el creador del elenco teatral Nuevos Horizontes y asesor cultural de la Federación Sindical de Trabajadores Mineros de Bolivia (Fstmb) y de la Central Obrera Boliviana (COB).

 Tucumán era desde inicios del Siglo XX la tercera ciudad industrial de Argentina y la más importante en la producción de azúcar y por ello recibió cantidad de migrantes europeos, muchos italianos que salieron de su país por causas económicas y políticas. Varios trajeron ideas y métodos de lucha del socialismo, del marxismo y sobre todo del anarquismo.

 La influencia notable de Líber Forti en el movimiento obrero boliviano -en la época anterior al Movimiento Al Socialismo, cuando era independiente y combativo-, no se comprende sin tomar en cuenta los antecedentes del anarquismo en Tucumán.

 Actualmente existe una fuerza juvenil de sindicalistas y artistas para recordar y reivindicar al anarquismo de los años 20 y entender cómo aquellos libertarios lograron diversas conquistas sociales y también llevaron sus ideas ácratas a otros países. Igualmente, en el norte argentino, el anarquismo trabajó para impulsar al proletariado ilustrado con las veladas literarias, el teatro, los títeres, las lecturas colectivas y más tarde con programas de radio.

 Algunos de sus descendientes fueron luego parte de la guerrilla urbana en los años 70, aquella guerrilla utópica y limpia, ajena a las oscuras maniobras de los montoneros peronistas y de los comunistas estalinistas.

 Hay varios nombres claves para entender el pensamiento de Forti, como su “amigo” Simón Radowiski, que en realidad era amigo de la familia pero que él lo recodaba como la figura que lo salvaba de la disciplina paterna; o a Julio Díaz, famoso ácrata que le regaló una cobija, según él rememoró en una entrevista a José Saravia.

 Forti fue hijo de un anarquista italiano que llegó a Sudamérica junto a miles de obreros ya influidos por las ideas rebeldes.

 El nombre real del padre de Líber era Renato Rocco Giansanti, quien llegó a ser el secretario general del gremio de los municipales y con ellos organizó una huelga que aparentemente fracasó y por ello salió escapando primero a Salta y luego hasta Tupiza.

 Renato cambió su nombre a Tomás Soria y, según recordaba el propio Líber, en Bolivia se inventó el nombre de Mario Forti, probablemente alrededor de 1921. Líber era el hijo segundo de Mario y una cocinera analfabeta, Carmen. El primer hijo murió antes de cumplir los dos años.

 El grupo al que pertenecía Rocco /Tomás/Mario era Brazo y Cerebro, el cual inicialmente tenía buena relación con la FORA, la federación obrera anarquista “oficial” que publicaba diferentes periódicos como Germinal o Tierra Libre. Más tarde, según nuevas investigaciones sobre el anarquismo tucumano, el primer grupo (relacionado con la publicación Antorcha) se distanció de la FORA.

 Ambas fracciones se atacaron mutuamente en sus respectivos medios. Existen ejemplares de los periódicos foristas que detallan la expulsión de Mario Forti de la FORA en 1942 acusándolo incluso de delator y derrotista (ver copia de esa expulsión) y de la Sociedad de Resistencia y Oficios Varios de la que formaba parte.

 Aparentemente la dura reacción se produjo por las críticas de Tomás/Mario a las acciones del Consejo Federal de la FORA.

 Líber no contaba estos episodios, pero cuando le preguntaban cómo o por qué se hizo anarquista, contestaba que la respuesta era muy fácil: “porque mi padre era anarquista”.

 Así como Tomás/Mario pertenecía generacionalmente a los obreros llegados desde ultramar con ideas ácratas a Argentina, Líber era parte de la generación de los nuevos anarquistas ya nacidos en Sudamérica entre 1910 y 1925.

 Aunque Líber aprendió a escribir en 1926 en la escuelita de Tupiza, lo encontramos adolescente estudiando en Tucumán y ya militando con los chicos que ayudaban a las huelgas de los municipales y, sobre todo, a la famosa huelga de los panaderos.

 Poco después partiría a recorrer las tierras sureñas como “croto”, es decir como un sufí sudamericano, un vagabundo medieval, un ser que decide caminar sin trabajar, pero también sin pedir limosna, a la espera de un pedazo de pan de alguna mano amiga.

 “La idea de croto me vino a los cuatro años”, diría en una entrevista hace algunos años al asegurar que fue a esa edad que empezó a querer irse de casa y salir por el mundo.

 Después de esos años de “croto” volvió a Tucumán y de ahí retornó a Bolivia en 1946 y encontró en Tupiza su hogar y su destino, el periodo más conocido y documentado de su vida.

 Jóvenes amigos, titiriteros, artistas y sindicalistas de Jujuy, de Salta y de Tucumán organizaron homenajes el pasado marzo para recordarlo como era, con sus más hermosas frases, con aquellos consejos que excedían la política para acompañar el cotidiano vivir. Sólo los que lo conocieron en sus prolongadas charlas, a veces monólogos, pueden entender en su justa dimensión este goce. Forti no servía para amarrar zapatos a nadie, ni para alagar a los burócratas y menos para aplaudir a los gobernantes.

            En una pequeña sala, a las orillas de Salta, La Ventolera se reunieron los amigos de sus revistas sobre teatro y los jóvenes anarquistas que quedan. Algunas personas mayores conocían además a la familia y a las épocas más intensas de las luchas obreras en el noroeste argentino. José, un joven ligado al sindicato de los garzones ayudó en toda la organización.

Uno de los diarios  que detalla la expulsión de Mario Forti.
Foto:Archivo Lupe Cajías

            También en Jujuy hubo una pequeña reunión en la librería del pueblo, un espacio para intercambiar historias sobre la influencia anarcosindicalista a lo largo del Siglo XX tanto en el norte argentino como en Tupiza, en las minas bolivianas y en La Paz y Oruro.

Surgieron diferentes nombres de dirigentes de los panaderos, de los canillitas, de los gráficos, de los obreros, de las federaciones.

            En Tucumán fue linda ocasión para el reencuentro de antiguos militantes de la izquierda argentina, sobre todo aquellos relacionados con los movimientos estudiantiles de los años 60 y 70, los ferroviarios y los dueños de pequeños ingenios azucareros, los zafreros, los guerrilleros.

            Bajo la hospitalidad del grupo teatral La Sodería se compartió vino y empanadas, bajo el cielo tucumano, aportando datos sobre la centenaria relación de los artistas del norte argentino con Bolivia. No sólo músicos sino titiriteros, como Edgar Darío Gonzáles y su Atoj Antonio, artistas, poetas. El ferrocarril fue el gran vínculo para que circulen los perseguidos políticos y también los escritores y dramaturgos.

            No por casualidad el propio Forti consideró como sus herederos naturales al elenco del Teatro de los Andes inicialmente bajo el mando de César Brie, otro argentino. Estará feliz de mirar desde los cielos que aún haya trincheras de ternura y fraternidad como él siempre soñó.

 Para el martes 20 de agosto, la Casa del Poeta en Miraflores (del Gobierno Autónomo Municipal de La Paz) en la que trabaja el  documentalista Elías Blanco prepara una jornada de memoria en homenaje a Líber Forti. Asimismo, su compañera Gisela Derpic anticipa otros espacios para no olvidar al entrañable anarquista que representó el mejor momento del movimiento obrero boliviano.

 Ojalá que el canal estatal que gasta tanto dinero en otros acontecimientos intrascendentes reproduzca esas charlas, igual que TV Cultura para que los jóvenes comprendan su propia historia.

 

 

 

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