“En el contexto desolador de las minas encontré la poesía”

El escritor, en entrevista con Página Siete, agradeció a sus colegas por postularlo al Premio Nacional de Culturas, pero también al amor a la mina.
domingo, 30 de junio de 2019 · 00:04

Anabel Vaca  / La Paz

“El contexto triste y desolador de las minas fue el motivador para encontrar bajo las piedras  la poesía, como un arma de defensa”. Así se expresa Jorge Mansilla al rememorar lo que influyó en su vida para dedicarse a este arte.

El poeta, periodista, escritor y humorista potosino es también conocido en el mundo del arte  como Coco Manto, pseudónimo que usó como un ardid,  que le acompañó en su camino artístico dentro y fuera del país.

“El alias Coco Manto es una mano de buen humor anticapitalista”, cuenta  el artista en una autobiografía publicada por la plataforma de Mantología, en 2013. Hoy, a sus 79 años, Mansilla continúa llevando su vida inmerso en el humor y en la cultura mientras afronta una situación delicada en su salud, después de  sufrir tres preinfartos en 2017.

“El arte nos ha servido de terapia porque leemos poesías, nos cuenta historias, se emociona, ríe... Es la mejor terapia que podemos tener porque conecta el corazón con la mente”, dijo Pablo Mansilla, hijo del artista.

Debido a su larga trayectoria y su  apuesta por difundir la cultura boliviana dentro y fuera del país, varios artistas nacionales alzaron su voz para dar el nombre de Coco Manto y postularlo al Premio Nacional de Cultura 2019. “Pensé que nadie seguía mi trabajo, pero no es así, ahí están”, dijo Mansilla, quien  manifestó su deseo de haber querido  recibirlo en otros tiempos.

Mansilla fue locutor en las radios mineras bolivianas Pío XII y Vanguardia por cinco años, desde 1960. También fue reportero y columnista en los diarios Expreso y Extra en la ciudad de Lima, Perú; además del semanario Aquí, de La Paz, y formó parte del Excelsior y Últimas Noticias como editor desde 1985 hasta  2005.

Su trayectoria le valió este año el reconocimiento por su aporte invaluable a la literatura nacional e internacional de parte de la Cámara de Senadores del país.  También recibió varios reconocimientos de poesía, literatura y periodismo a nivel nacional e internacional.

Gracias a la tecnología y al apoyo de sus familiares, Página Siete  pudo contactarse con el artista y conversó sobre la reciente iniciativa de artistas de  postularlo  al Premio Nacional de  Cultura, sobre sus recuerdos en México y el significado de la poesía para él, entre otros temas.

Varios artistas se reunieron para dar su nombre  al Premio Nacional de Cultura. ¿Cómo recibe la noticia?

Un triunfo de la cultura sería si un trabajador es apuntalado por otros compañeros del ámbito artístico y cultural, trabajadores de la canción, la pintura, el periodismo, la crónica. Pensé que nadie seguía mi trabajo, pero no es así, ahí están y se están manifestando públicamente. Me hubiera gustado que me apoyen en otros tiempos, pero estoy contento por esto.

Siguen apareciendo nombres que se van adhiriendo a la campaña a mi favor. Me sorprende, me complace, me ilusiona saber de ellos porque son de la más variada escena y composición social, son periodistas, músicos, pintores, académicos, pero también obreros y gente de oficios varios, por los que yo siempre tuve aprecio, pero no tenía contacto. Es otro tipo de emoción, otro tipo de sensación. Espero ser el periodista útil para representar su postulación.

¿Por qué decidió dedicar su vida a las letras?

Conté con el apoyo de mi padre que fue un dirigente con opción de escritura. La única forma de hacerse visible en aquellos tiempos era por medio de las letras, era escribir para los mineros y firmar por ellos haciéndose responsable del texto ante los patrones y los militares que lo tenían todo copado. 

¿Qué representó para usted  escribir en los centros mineros?

Escribir para los mineros y hacerlo con sus palabras, cotejando sus verdades y deficiencias te permite poco a poco cobrar importancia y es un honor que ellos vengan a tu casa y te digan: “Ayúdenos a escribir este mensaje que nuestros dirigentes no entienden”.

Adquieres importancia porque te haces responsable de tu palabra y tu firma, y vas a discutir con los patrones papel en la mano, y defiendes al pueblo frente a la empresa y los militares. Para dejar testimonio en el espacio que estás viviendo asumes el papel que la vida te dio como intelectual. Después la asamblea sindical te nombra secretario de actas y tienes que demostrarles que así se dijo. El periodismo disimula, amengua, mientras que el intelectual jerarquiza, te hace buscar la información verdadera. Y no hay mejor satisfacción que ver tu texto publicado en el boletín sindical, eso te da valía humana en las minas, donde la vida parece no servir para nadie. Y si de paso escribes poesía sobre el valor de la vida en las minas, y te leen, eso te hace valer como persona, te conviertes en vocero de los mineros sin ser su dirigente. Lo mejor viene cuando los mineros te entregan 25 poemas escritos por ti e impresos por ellos y los vendes tú mismo, porque además de leer poesía, ellos te pagan.

Vivió mucho tiempo en el exterior. ¿De qué manera esa experiencia enriqueció su trabajo  en el periodismo y la poesía?

Encuentras que la poesía es la palabra jerarquizada, con sobriedad y contenido. Hablar claro, sentir hondo y pensar alto  son tres desafíos difíciles de procesar. Antes hacíamos poemas,  canciones, teatro con los pocos espacios que nos dejaban. Pero al conocer nuevos horizontes se ampliaron también las posibilidades de creación y lucha.

  En el exterior me apoyaron para que yo siga escribiendo porque les interesaba saber de Bolivia. Los autores mexicanos influyeron y soy egresado de la escuela de escritores de México Sogem, donde tuve a insignes literatos como maestros.

¿Qué influyó en su vida para que decidiera ser poeta?

Leí desde muy joven a Neruda, a Vallejo, a Mistral, a Borges y me sensibilicé con la forma de hablar de ellos. Tenía los argumentos y los medios, y eso influyó porque los mineros escuchaban más al poeta que al político, al declamador que al dirigente.

Mis lecturas, además, estaban inducidas por los profesores solidarios que tenía. Sin duda el contexto triste y desolador de las minas  fue el motivador para encontrar bajo las piedras  la poesía, como un arma de defensa contra el desamparo y la muerte. Es justo de esos lúgubres paisajes de donde me inspiro para ver la otra realidad, la belleza y el humor de aquel lugar.
 

¿Qué es la poesía para usted?

La gente pobre necesita palabra que significa razones, argumentos,  tesis y para conocer la palabra de los mineros hay que estar con ellos integrado a sus luchas. Eso es la poesía, la palabra por encima de la voz. Voz tienen las campanas, voz tienen los pájaros, voz tiene el río, pero los hombres tenemos palabra. La palabra es la civilización de la voz, la poesía su sublimación.

 Sobre el periodismo, ¿cómo ve el oficio en estos tiempos?

Ahora necesitamos periodistas más responsables y comprometidos con la gente pobre, no con los lectores, sino con la gente que no tiene recursos. 

En Bolivia aún no tenemos mayores recursos técnicos para hacernos de un periodismo moderno, actualizado. 

La radio es el reino de la palabra, la palabra es la necesidad de la voz, no sólo la voz sonora. Los periodistas tienen que formarse en la palabra y hacerla valer, porque nuestros pueblos son muy celosos con la palabra y respetan su palabra. Hay que recuperar la importancia de la palabra sobre la voz. 

¿Qué recuerda de  México?

Era un editor bien remunerado, rodeado de gente que ama la vida y canta a la vida, empuja  la amistad. Estaba rodeado por grandes amigos que me piden aporte y soporte porque creen en Bolivia, porque es una novedad para ellos,  y apoyan y aplauden y se solidarizan totalmente con Bolivia, con 36 naciones originarias. Allá hay más de 50 naciones originarias, allá se han ido perdiendo, acá hay una totalidad. No hay diferencia entre nuestros países. La diferencia fue en los gobiernos que no pudieron interactuar con las comunidades indígenas.

 ¿Por qué Coco Manto?

Decidí llamarme Coco Manto como un ardid que resultó exitoso porque yo soy Jorge Mansilla y a los Jorges nos dicen “Coco”, además junté mis dos apellidos, Mansilla Torres, para formar Manto. Coco Manto fue un pseudónimo que me ayudó en tiempos de la represión dictatorial de Barrientos. 

Éramos muy asediados los que le hacíamos frente en los periódicos, en los congresos, en los artículos, en radio y en todas partes. Coco Manto sobrevivió 11 años enfrentado a Barrientos y la dictadura del dinero. Después Jorge Mansilla se convirtió en mi alias.

 

Sus  publicaciones

  • Poesía  Algunas de sus poesías publicadas son En verso y en directo (1976), Pienso luego exilio (1986), De puño y letra (1987), Con premeditación y poesía (1993) y Son estos (2000).
  • Cuento:  En cuento Mantología. Casi un paraíso fue publicado en 2001.
  •  Otros   Otras publicaciones del escritor fueron Arriesgar el pellejo (biografía, 1983),   Animalversiones (fábulas, 2000), Breviarios (frases, 2002) y Breverías. Aforismos bolivianos a más no joder (2005). Entre sus versos está Espinas de Espinal, letras dedicadas a Luis Espinal que expresa: “Hay que encontrar a Espinal / lleva su humildad por traje / tiene ojos color coraje / y un aire de manantial”.

HOJA DE VIDA

  • Formación  Fue en la Universidad Católica de La Paz y en la  Sociedad General de Escritores de México.
  • Reconocimientos   Recibió el Premio  Nacional de Poesía Ramón López Velarde en México y, este año, un reconocimiento de la Cámara de Senadores en Bolivia, entre otras internacionales y nacionales.
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