El fraude del siglo

domingo, 09 de junio de 2019 · 11:15

Alfonso Gumucio Dagron

Esta es una película del género policial negro: un grupo de caudillos llega al poder en varios países de América Latina con un discurso cargado de bellas promesas. En una transición política y económica favorable, esos países tienen recursos como nunca antes, lo que permite a los nuevos dirigentes crear una imagen de prosperidad y bonanza.

La población más pobre y los luchadores de izquierda cansados de los partidos políticos tradicionales y del fracaso de la lucha armada, abrazan ese proyecto populista que parecía concretar sus sueños de toda la vida. Era su última oportunidad de hacer historia.

Pero en pocos años los caudillos populistas comienzan a mostrar su verdadero rostro, que no es de izquierda, sino represor de derechos humanos y depredador de los recursos naturales (Tipnis en Bolivia, Yasuni en Ecuador, y tantos más). Alientan el contrabando, la corrupción en gran escala y el narcotráfico, porque el circulante ilegal permite al 60% o 70% de la población resolver su vida en la informalidad, por fuera del Estado, mientras este se infla con una burocracia insostenible pero obsecuente en tanto puede medrar de los recursos públicos.

Cuando aquellos que de verdad lucharon por la democracia contra las dictaduras se dan cuenta de que han sido engañados por discursos populistas que ahondaron las diferencias, recrearon el racismo y nuevas formas de discriminación, se retiran desconcertados frente al nuevo proyecto autoritario de mantenerse en el poder indefinidamente, haciendo para ello cambios constitucionales, judicializando la política, copando los medios de información, exiliando o apresando a líderes de oposición, o violando leyes y normas que ellos mismos diseñaron.

Ese escenario propio del género policial negro fue y es una realidad en América Latina en regímenes que se autodenominaron “Socialismo del Siglo XXI”: Argentina, Brasil, Bolivia, Ecuador y Venezuela. En realidad, no eran socialistas ni de izquierda (con excepción de Lula, el único que tenía una trayectoria de lucha larga e innegable).

Lo anterior es lo que de manera clara y didáctica nos cuenta la directora de cine Patricia Quintanilla en su documental periodístico de reflexión y análisis “Izquierda Siglo XXI ¿?”, que debería ser visto por bolivianos y latinoamericanos, sobre todo los más jóvenes que no tienen una mirada clara sobre la historia de los últimos 50 años, y se hicieron adultos ya bajo el poder hegemónico de los gobiernos populistas. Los signos de interrogación en el título indican que el final del filme queda abierto, que aún no se ha definido el curso que tomarán los países que son objeto de análisis, y sobre todo, que es muy posible que los desenlaces no sean iguales en todos los casos, como muestra ya lo sucedido en Ecuador, en Argentina y en Brasil.

La directora pensó en un primer momento realizar una ficción, pero desistió porque la realidad era suficientemente escabrosa como para interpretarla a través de personajes ficticios. No tendría sentido, por ejemplo, representar con actores a Correa, a Morales o a Maduro, que de por sí son personajes de ficción por las cosas que dicen y por su manera de actuar.

Entonces, qué mejor que realizar un análisis de los últimos 15 años en nuestra región a través de más de 40 testimonios y entrevistas con voces muy respetadas por su trayectoria política progresista, quienes aportan su punto de vista sobre lo que vivimos durante los gobiernos populistas. La habilidad de la directora, que es también editora del documental, consiste en hilar esas entrevistas y análisis para construir un discurso coherente.

En la primera parte, el análisis certero y desapasionado del ex canciller boliviano y funcionario internacional Gustavo Fernández permite en pocos minutos tener los antecedentes históricos, es decir: ¿cómo llegamos a esto? Esa mirada retrospectiva coloca a América Latina en el contexto de la Guerra Fría, la disputa entre comunismo y capitalismo, el fracaso de los movimientos guerrilleros, el avasallamiento de las dictaduras militares, y la emergencia de los gobiernos democráticos progresistas o neoliberales que sin duda alguna abrieron el camino para el surgimiento de los caudillos populistas y la creación de nuevos símbolos, como la romantización y sacralización de los “movimientos sociales” prebendalistas que sustituyeron a los partidos políticos y a los sindicatos.

El documental mantiene la tensión todo el tiempo, incluso para quienes nos sentimos interpelados directamente porque hemos vivido las etapas que se describen. Mi preocupación es si las generaciones que no han vivido esos momentos históricos van a sentirse igualmente interpelados. Ese sería el verdadero objetivo: interpelar a un espectador nuevo y no a los ya convencidos. Quizás para lograr ese propósito es que la directora ha optado por no extender el debate hacia las contradicciones dentro del amplio abanico de la izquierda latinoamericana.

Aparte de pequeños detalles técnicos que pasan desapercibidos para la mayoría de los espectadores, mi único reproche al documental es su título, porque me parece un equívoco regalar a los populistas de América Latina el rótulo de “izquierda”, cuando su opción de desarrollo tiene como eje el extractivismo y la depredación de la naturaleza, y su política atenta contra los derechos humanos y promueve la corrupción y el narcotráfico, con las abundantes pruebas que ofrece el documental de Patricia Quintanilla. La retórica izquierdista de los populistas latinoamericanos nunca trascendió el nivel discursivo.

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta.

 

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