La Paz de antaño que se conserva en el audiovisual

Expertos, como Jorge Sanjinés, Antonio Eguino y Mela Márquez, resaltaron la importancia de la memoria social y arquitectónica que guarda el cine boliviano.
domingo, 07 de julio de 2019 · 00:03

Anabel Vaca / La Paz

Su geografía, su altitud,  sus tradiciones y su cultura son los tesoros de la “ciudad maravilla”. Hoy,  La Paz es también conocida por su desarrollo y los edificios que crecen sin pausa y por los ramales de las ocho líneas del teleférico. Pero, ¿cómo se veía la urbe paceña de antaño? Esos escenarios  se conservan en la memoria histórica fílmica de hace décadas, que llega a la actualidad  como un tesoro del  audiovisual nacional e internacional.

Una de las producciones que registró escenarios paceños data de 1943. Se trata de una filmación que muestra a la ciudad desde una mirada norteamericana. El documental fue producido por la Office of War Information (Oficina de información de guerra) y dirigida por Julien Bryan.

El documental La Paz en 1943  (disponible en YouTube) muestra las tradiciones de la Alasita y el Ekeko, mientras se observan postales de la ciudad cuando aún no existían las megaconstrucciones y el movimiento de la actualidad.

El centro  histórico de La Paz como se ve ahora (2019).

La plaza Murillo y la iglesia San Francisco son  referentes en La Paz y este documental lo resalta. Las imágenes que datan de hace 76 años muestran una plaza un tanto desierta, sin palomas, con pocas personas y sin edificios alrededor. Sin embargo, por aquella época ya se empezaba a notar el crecimiento  en la construcción.

La basílica   de San Francisco en un documental de 1943.
Foto: Captura
La iglesia  en la actualidad, que mantiene sus características.
Fotos: Víctor Gutiérrez

La producción muestra, además, el tipo de vestimenta que se usaba, se distingue un  uniforme en los policías diferente al actual, se ve el tranvía que recorría las calles de la urbe y los autos y microbuses de aquella época, que hoy ya no se ven circular.

En el filme también se observa  una perspectiva del comercio informal, de la gente que llega de los pueblos -con sus animales llenos de carga en los lomos- a la ciudad con el objetivo de vender desde sus productos agrícolas hasta hoja de coca.

La urbe en la memoria de Sanjinés

Uno de los cineastas más reconocidos en la cinematografía nacional, Jorge Sanjinés, recuerda cómo eran los escenarios que se usaban para producir las cintas hace 50 años.

El monoblock  de la UMSA en el filme Chuquiago (1977).

“Filmamos  en muchas calles y plazas de la ciudad. Algunas han cambiado, como la avenida (Villazón) frente a la UMSA, que hace años no tenía un túnel. Grabamos en la plaza de San Francisco, que ahora está en parte invadida por el nuevo mercado, perdiendo  un espacio vital donde se conglomeraba nuestro pueblo paceño para discutir y decidir acciones políticas”, rememoró el cineasta paceño en contacto con Página Siete.

 Resaltó, además, algunos escenarios importantes que los realizadores toman en cuenta para sus producciones, como la plaza Murillo, “donde recreamos y filmamos el colgamiento de nuestro presidente Gualberto Villarroel para la obra Insurgentes (2012)”, detalló Sanjinés.

Otro escenario que recuerda es la avenida Mariscal Santa Cruz, frente a la Casa de Cultura, lugar en que filmó una “gran concentración del pueblo y donde se movilizaban los militares y soldados  en el golpe de Natusch Busch en (el documental) Las Banderas del Amanecer (1982)”.

La avenida Montes, cuando acogía a  la tradicional Feria de la Alasita, en 1968, también fue parte de las producciones fílmicas del cineasta  y quedó registrada en la cinta Yawar Mallku,  que se estrenó un año después.

El “Chuquiago” de los  70

La película Chuquiago (1977), de   Antonio Eguino, una de las figuras esenciales en la cinematografía boliviana, también muestra escenarios de la ciudad  de hace 40 años,  como la Universidad Mayor de San Andrés, la Plaza del Bicentenario, El Prado paceño y el Cementerio General, entre otros.

Una calle  de la zona del Cementerio en una película de  Eguino.
Foto: Captura

“Los escenarios de las ciudades van cambiando constantemente cuando se trata de espacios de hace décadas. Podemos apreciar los cambios para bien o para mal, pero el espíritu y quehacer de la gente reflejada en Chuquiago está vigente porque siguen siendo las historias de diferentes paceños”, dijo a este medio Eguino.

Otra de las producciones que muestra los cambios que causó la modernidad en la ciudad es American Visa (2005), cinta mexicana-boliviana dirigida por  Juan Carlos Valdivia.

Esta producción muestra una ciudad mucho más actual que las anteriores mencionadas, con un paseo por zonas comerciales abarrotadas de vendedores.

Expertos resaltan la importancia de la memoria cinematográfica

Jorge Sanjinés, Antonio Eguino y Mela Márquez resaltaron la importancia de la memoria cinematográfica nacional, labor  que es velada por la Cinemateca Boliviana, institución destinada a su recuperación, investigación, conservación y  difusión.

“La memoria cinematográfica es fundamental, porque guarda  archivos que son la memoria de un país”, aseguró Márquez, quien explicó que la Cinemateca resguarda al menos 8.000 rollos de nitrato de la memoria fílmica nacional.

“Tal es la importancia del cine, de la imagen en movimiento, que si en el tiempo de Cristo hubiera habido cine, otra sería la historia. No estaríamos diciendo si era de ojos azules, si era alto o si tenía barba o no. Lo estaríamos viendo y no se dudaría que existió”, añadió.

Por otro lado, Sanjinés resaltó la importancia del cine en la memoria colectiva  con un ejemplo de una de  sus cintas.

“La película El coraje del pueblo que filmamos en junio de 1970, protagonizada por las mismas personas que sufrieron en carne propia (...)  la atroz masacre de San Juan de 1967 -ocurrida en el campamento minero de Siglo XX- devuelve a la memoria colectiva de nuestra sociedad un suceso muy grave que obliga a reflexionar sobre su trascendencia social y política”, aseveró.

 Cada año  -resaltó- en actos de homenaje a los centenares de bolivianos fallecidos en esa situación  se proyecta su obra cinematográfica. Es “una memoria ineludible, señalando a los culpables, explicando las causas y siniestros motivos que la ocasionaron, creando, por tanto, conciencia”.

Por su parte, Eguino resaltó el trabajo del cineasta Jorge Ruiz cuando comenzó a incursionar en los pueblos indígenas para retratarlos.

“Él (Ruiz) fue el primero en salir al campo y ver de una manera diferente a los pueblos y todo lo que lo que se hizo. Entonces fue decisivo e importante para entender lo que es nuestro país”, resaltó Eguino, quien, además, hizo referencia a la película Chuquiago, una de las producciones que dirigió.

“Hemos recogido el ser del boliviano en diferentes historias, en diferentes lugares del país y diferentes épocas. Chuquiago ha sido parte de esta labor de registrar el sentir, el quehacer, la frustración o la ilusión de diferentes personajes y,  a medida que pasa el tiempo, se puede  percibir lo que fue y lo que sigue siendo”, detalló.

También resaltó la labor de la Cinemateca Boliviana al restaurar la película Wara Wara (1930), del director José María Velasco. Hoy, esta cinta, después de ser digitalizada, se puede ver en YouTube. Otro de los filmes que restauró la institución fue El bolillo fatal (1927), un histórico documental que muestra el fusilamiento de Alfredo Jáuregui, acusado de matar al expresidente José Manuel Pando.

“Es importante para la conservación de la memoria y que las  películas no se pierdan irremediablemente”, dijo Eguino.

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