Reseña teatral

Los caminos que llevan al contrabajo

miércoles, 21 de agosto de 2019 · 00:00

Percy Jiménez
Director  de teatro y dramaturgo

Los caminos que llevan  al contrabajo

El contrabajo, el texto escrito por Patrick Süskind, pierde su raíz dramática en una disertación sobre la historia y la técnica musical, en específico la música clásica de orquesta y del contrabajo. 

De esta manera, el proceso al que sometimos el texto, fue hacer una limpieza para resaltar y potenciarla línea dramática más importante de la obra, la que fomenta el cambio: cómo un contrabajista típico, es decir inofensivo, puede dejar de serlo. 

Dos son las líneas de trabajo. Uno, la apuesta por configurar una psiquis de un hombre solitario. Y  dos, relatar incisivamente el absurdo de la situación: un contrabajista planeando un atentado (en la obra de Süskind un grito en medio del concierto, en nuestra versión, en el fondo, un posible atentado con explosivos). Este trabajo resultó en un texto con un ritmo que abisma, pues nunca se sabe dónde va a llegar; una obra más contemporánea: la aparición del thriller; y, una profunda humanidad, que nos interpela en la herida: la condición humana. Es interesante puntuar que esa es la causa por la que se cambió el nombre a la obra, en vez de El contrabajo fue El solo del contrabajo.

Otro. El monólogo. Es un género muy difícil, no sólo por su dificultad técnica, sino también por la convención que implica. Por supuesto el personaje tiene que hablar, pero, ¿hablar sólo?, ¿hablar con alguien que está en la habitación de al lado?, ¿hablar con Dios? El interlocutor es siempre el público, eso lo sabemos, pero, ¿porqué el público tiene que aceptar ese artificio? De hecho, ahí surgió la idea de poner una persona más –y repetimos, una persona–, que represente al público, que lo identifique, pero al mismo tiempo que sirva de un interlocutor que pusiera constantemente en entredicho aquella convención.  Esta apuesta, luego lo descubrimos, aportaba también en agudizar la posibilidad de que se trate de un psicópata en conversación con su alterego, sin tener que representar un psicópata. Porque, ¿quién es ese que está sentado y tan sólo escucha?

Otro, una obra por encargo. En este tiempo, desde la última producción propia que hicimos: El pato salvaje del autor noruego Henrik Ibsen, hace tres años, no se ha producido como Textos que Migran ninguna otra obra. Pero en cambio, a veces sin nombre o con el nombre de otros, hemos llevado adelante cuatro espectáculos. Lo interesante de esto es el “distanciamiento” que conlleva. Y decimos “distanciamiento” con la idea de que ello implica una dialéctica, la de lo propio y lo ajeno. Cuanto más te alejas, cuanto más ajeno, más cerca estás, más propio es.

Para terminar. Este es un trabajo delicado, casi de relojería. Visto a la distancia, y a pesar de ser un encargo es uno de los trabajos más propios o mejor, más personales.

(La obra El solo del contrabajo, dirigida por Percy Jiménez e interpretada por Cristian Mercado, sobre un texto de Patrick Süskind, se estrenó el 17 de agosto en La Paz. Se planea una temporada a nivel nacional con la pieza, además de presentaciones en festivales internacionales de teatro).