Miriam Toews: Hay personas que preferirían que me quedara callada

La escritora canadiense publica la novela 'Ellas hablan', la cual se basa en los casos de violación en la comunidad menonita Manitoba, en Bolivia.
domingo, 4 de octubre de 2020 · 00:04

Paz Monasterios  / La Paz

Entre los años 2005 y 2009 al menos un centenar de mujeres en la colonia menonita Manitoba, en el este de Bolivia, se despertaron en la mañana adoloridas y desorientadas. La comunidad, caracterizada por su fundamentalismo religioso y aislamiento de la sociedad, las acusaba de intentar esconder sus adulterios o de ser castigadas por el diablo. Poco sabían que en realidad era un grupo de hombres dentro de la comunidad que las drogaba y violaba por las noches. 

Miriam Toews (Steinbach, 1964), escritora canadiense que se crió en una comunidad menonita, se inspira en estos sucesos para escribir el libro 'Ellas hablan'. Una novela publicada por la editorial Sexto Piso, que narra los momentos previos a la liberación de los violadores y el debate entre las mujeres para decidir qué acciones tomar a continuación, en una comunidad en la que el perdón es un requisito esencial para garantizarse un lugar en el Cielo.
  
¿Qué la llevó a escribir un libro sobre estos hechos?

Escuché por primera vez sobre las violaciones que ocurrieron en la colonia Manitoba en 2008 y estaba horrorizada, por supuesto, pero también tenía tantas preguntas sobre las que quería pensar y escribir. He estado escribiendo sobre la violencia patriarcal durante 30 años y luchando contra ella durante más tiempo, por lo que fue una decisión natural escribir sobre estos ataques y, en particular, los ataques que ocurren dentro de una comunidad que conozco tan bien. 

Luego sucedieron otras cosas en mi vida y en mi comunidad y dejé el libro de la colonia Manitoba en un segundo plano para poder escribir sobre esas otras cosas, lo que me dio más tiempo para pensar en cómo escribir este libro, cómo estructurarlo y en qué concentrarme. Cuando finalmente estuve lista para escribir este libro, estaba bastante claro en mi cabeza y no me tomó mucho tiempo.

¿Cuánta investigación tuvo que realizar sobre la colonia Manitoba en Bolivia y el caso antes de escribirlo?

Hablé con varias personas que estaban familiarizadas con la colonia y que habían estado allí o tenían familiares que vivían allí. Leí todo lo que pude encontrar sobre los ataques,  las consecuencias y el juicio. 

Realmente no había mucho porque los ancianos de la colonia fueron muy buenos para ocultar y descartar los crímenes y, por supuesto, las circunstancias de estas colonias aisladas son absolutamente perfectas para que crímenes como estos sigan y sigan, durante años, sin recursos para las mujeres, sin rutas de escape y sin nadie que les crea. 

Se trata de colonias autocontroladas y autoorganizadas y el Estado, o el Gobierno boliviano en este caso, hace la vista gorda. La colonia Manitoba es una colonia ultraconservadora, pero las reglas, la violencia sexual y el fundamentalismo autoritario de la Iglesia eran las mismas fuerzas que actuaban en mi propia comunidad conservadora menonita.

¿Cómo manejó la diferencia entre lo que quería que hagan las protagonistas y lo que cree que harían debido a su entorno religioso?

Realmente no pensé en lo que quería que hicieran, sino que intenté adherirme a las tres “declaraciones” de su llamado manifiesto. Que quieren mantener su fe, proteger a sus hijos y pensar, o tener albedrío sobre sus propias vidas. Entonces, con estos tres objetivos en mente, traté de imaginar su respuesta a los ataques, y su acción eventual parecía lógica en ese sentido. 

Usted creció  en un contexto menonita, ¿cómo influenció en su trabajo?

¡Enormemente! Impacta mi trabajo en prácticamente todos los sentidos. Incluso cuando me prometo a mí misma y juro de arriba abajo que he terminado de escribir sobre los menonitas y ni siquiera quiero volver a pensar en ellos, me encuentro volviendo al pozo, como dicen.

Mi comunidad menonita me transformó, para bien o para mal, en el tipo de ser humano y escritora que soy. Extraño a mi comunidad, la gente, el humor, la risa, el lenguaje, todo y, sin embargo, el daño que he visto allí, la violencia sexual, física y espiritual, y el poder insano de la Iglesia fundamentalista sobre la vida de todos, pero sobre todo en la vida de las mujeres, bueno… no puedo dejar de escribir sobre eso.

¿Ha recibido algún comentario de la colonia Manitoba en Bolivia u otra comunidad menonita sobre el libro?

¡Oh Dios, sí! Bueno, no directamente de la colonia Manitoba en Bolivia, sino a través de información extraoficial. Tengo muchos lectores menonitas que me apoyan y viven en comunidades religiosas conservadoras y también menonitas en comunidades urbanas seculares... así que en todos los ámbitos. Mujeres menonitas muy tradicionales se han presentado en mis lecturas y rápidamente me susurran al oído que tienen historias similares que contar, me abrazan con fuerza y en silencio y luego desaparecen.

También tengo personas que me odian en esas comunidades y personas, casi exclusivamente hombres, que están muy enojados de que desafiara su autoridad y preferirían que me quedara  callada. Y, como siempre, como soy una mujer que alza la voz, están particularmente enojados y se sienten libres de atacarme de cualquier manera.

¿Cree que la literatura puede crear conciencia sobre temas como la violación?

Sí, definitivamente. Es una forma de hacerlo. El arte de cualquier tipo puede crear conciencia sobre cualquier problema, pero en el caso de la violación, necesitamos un cambio social. Un tipo diferente de sistema judicial donde las mujeres se sientan seguras y libres para hablar y presentar cargos y sean creídas cuando lo hacen. Y necesitamos que niños y hombres sean educados para comprender realmente las causas fundamentales de la misoginia y por qué ciertos hombres se sienten con derecho a dañar a las mujeres.
 

 

 

 


   

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