Mi festival francés

domingo, 15 de marzo de 2020 · 00:03

Alfonso Gumucio Dagron

Más de 70.000 películas de largo metraje se producen cada año en el mundo para distribución comercial, un promedio de 200 cada día, sin contar con una suma aún mayor de documentales, cortometrajes y películas independientes que nunca llegan a las salas de cine ni a la televisión. 

Los países de mayor producción son bien conocidos: India (Bollywood) produce cerca de 1.300 largometrajes por año, Estados Unidos (Hollywood y otros), aproximadamente 800 filmes, en Nigeria (Nollywood) no se producía nada cuando yo viví allá a principios de la década de 1990, pero ahora se ha convertido en la máquina de hacer cine africano, con más de 1.000 películas por año. China está por encima de 600 filmes, Japón cerca de 500, y cada país europeo suma a todo lo anterior entre 200 y 300 largometrajes anuales.

En América Latina la producción ha crecido notablemente por las mismas razones que en otras regiones del mundo: más de 500 largometrajes al año porque el cine ya no es solo una expresión de los autores, sino una industria que da mucho dinero. Esto se debe a que hay mejores posibilidades técnicas de hacer filmes gracias a la tecnología digital, más fondos de ayuda a la producción, mayor número de “consumidores” de productos audiovisuales, y una expansión notable de los espacios de exhibición: la gran pantalla de las salas de cine compite con la caja boba de la televisión (ahora plana y estilizada) y con plataformas como YouTube, Vimeo, y tantas otras que pueden ser accedidas desde una computadora o un teléfono celular. 

Los festivales de cine se han multiplicado también en décadas recientes. Además de los más conocidos de Europa (Venecia, Cannes, Berlín, San Sebastián) y los más notorios en América Latina (Cartagena, La Habana, Guadalajara), hay tantos otros, que en una misma semana del año se suman 70 festivales en el mundo, es decir, diez veces más que días del año. De ese modo, si un cineasta independiente es hábil para mover su obra, hasta por cálculo de probabilidades puede obtener algún premio en algún rincón del planeta. Es más, cada festival otorga generalmente una docena de distinciones a la mejor película, al mejor director, a la mejor fotografía, etc. 

Abordaré ahora un festival que no tiene lugar en un país concreto, sino en “la nube”, es decir en el espacio virtual de internet. Es un festival competitivo, pero sobre todo una plataforma inteligente para promover el cine de un país, Francia. Se trata de “My French Film Festival”, al que se puede tener acceso a través de un código que permite ver en línea películas francesas de años recientes. No se muestran allí las producciones que han tenido una carrera comercial importante, pero sí aquellas obras que merecen un mayor reconocimiento por su calidad artística. 

Cada año el enlace que permite acceder a “My French Film Festival” ofrece una selección de alrededor de 40 largometrajes argumentales, documentales y cortometrajes interesantes, todos ellos con subtítulos en varios idiomas. No he tenido tiempo de ver todos, pero quiero comentar algunos que me han impresionado por su calidad temática y formal. Voy a referirme a ellos en orden de preferencia, sin ánimo de desestimar otros que no alcancé a ver. 

La película que más me gustó fue “Les confins du monde” (2018) de Guillaume Nicloux, una historia situada durante la ocupación francesa en Indochina, en 1945. El soldado Robert Tassen (Gaspard Ulliel) sobrevive a una masacre en la que muere su hermano, y jura vengarse del responsable. Todo el film es una aventura de sobrevivencia en la selva y de tensiones que se crean en las relaciones del protagonista con quienes lo rodean, entre ellos un curioso personaje, Saintonge, interpretado por un Gérard  Dépardieu cada vez más gordo y menos interesante como actor. 

La ambientación del filme es extraordinaria, porque combina la belleza natural de la península (que hoy comparten Vietnam, Camboya y Laos), con la crudeza de una guerra de ocupación que no sólo se reduce al juego mortífero de matar y morir, sino que involucra relaciones humanas conflictivas con la población local: amor, odio, traición, poder, prostitución, decadencia, etc. Aunque el punto de vista del realizador es el del protagonista francés, no se puede obviar la posición de la población invadida, la resistencia de los vietnamitas, sus argucias para lidiar con los franceses por la fuerza o con engaño. Es un filme sumamente interesante, desconocido en América Latina. 

También se relaciona a la guerra, el largometraje “Exfiltrés” (2018) de Emmanuel Hamon, conocido por el título en inglés “Escape from Raqqa”. El argumento se basa en una historia real: en 2015, durante la guerra en Siria, Faustine, la esposa de Sylvain, un enfermero francés, lo abandona en París sin confesarle que se dirige con el hijo 5 años de edad a Raqqa para unirse al tenebroso ejército islamista de ISIS (o Daesh), que tiene su base fuerte en esa ciudad. 

Muy pronto, Faustine se da cuenta en el problema que se ha metido por su conversión al islamismo. Se encuentra atrapada en un grupo de fanáticos donde la mujer no tiene ningún otro derecho que el de servir a los hombres. También descubre que el discurso de los más fanáticos está lleno de hipocresía, y que el islamismo no es sino una máscara para cometer abusos de todo tipo. 

Encerrada, sin comunicación con el exterior, maltratada y con su vida y la de su hijo en riesgo de muerte, logra pedir auxilio a su esposo. Dos amigos activistas que trabajan en organizaciones humanitarias, montan una arriesgada operación de extracción clandestina de Faustine y su hijo Noah a través de la frontera con Turquía. La tensión narrativa sin respiro muestra el absurdo de la guerra y la complejidad política de la situación más allá de la religión: el mapa de medio oriente afectado por los intereses económicos occidentales, tanto de Estados Unidos y Europa, como de Rusia. 

Me gustó mucho, tanto como las anteriores, “Les hirondelles de Kaboul” (2018) de Zabou Breitman y Eléa Gobbé-Mévellec, basada en la novela “Las golondrinas de Kabul” (2009) del escritor argelino Yasmina Khadra, que tuve la fortuna de leer hace años gracias a Raúl Teixidó, mi “proveedor” de lecturas especiales. 

Lo que maravilla en esta película es que está realizada en animación, con una calidad de dibujo y movimiento sorprendente, al extremo de que el espectador olvida por momentos que los personajes no son reales. La animación es siempre un desafío extraordinario, y en este caso aún más porque se trata de reflejar una situación de guerra que transcurre en la capital de Afganistán, una ciudad destruida por los enfrentamientos bélicos contra los talibanes que dominaban el país en 1998. 

Una joven pareja, formada por Zunaira (artista plástica) y Mohsen (historiador), lleva la narración a lo largo del filme, para mostrar un ambiente de fanatismo donde las expresiones individuales son reprimidas, donde el arte, los libros, y la información en general son prohibidas en virtud de creencias religiosas extremistas. Las escuelas y bibliotecas han sido cerradas, y la educación se reduce a clases ofrecidas clandestinamente por profesores que arriesgan su vida para hacerlo. Los libros se intercambian en secreto como si se tratara de armas o droga. Las ejecuciones públicas, la lapidación de mujeres condenadas por cualquier hecho, son cosa de todos los días y se realizan frente a niños que se acostumbran así a la crueldad de quienes dominan invocando a un dios sin misericordia. 

La concepción visual del filme es magnífica, e incluye escenas retrospectivas que muestran cómo era la sociedad antes de la guerra y la ocupación de los talibanes. Una obra magnífica. 

No alcanza el espacio para hablar de otro largometraje interesante, “Les fauves” (2018) de Vincent Mariette, con la actuación de Lily-Rose Depp (hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis), una historia de relaciones conflictivas, suspenso y muerte en un campamento de vacaciones en Francia. 

Varios cortometrajes me dejaron con ganas de ver más de este festival virtual: “Le chant d’Ahmed” (2018) de Foued Mansour, “Gronde marmaille” (2018) de Clementine Carrié, “La traction des pôles” (2018) de Marine Levéel, y “Pile poil” (2018) de Lauriane Escaffre, Yvonnick Muller, entre otras. 

@AlfonsoGumucio es escritor y cineasta