'El poder de la música y la danza en Bolivia', de la mano de Beatriz Rossells

La historiadora e investigadora chuquisaqueña presenta su último libro, el cual repasa la trayectoria de la música popular nacional entre 1850 y 1952, tanto en las ciudades como en los pueblos.
sábado, 26 de septiembre de 2020 · 00:04

 Paz Monasterios  / La Paz

La historiadora e investigadora Beatriz Rossells aún recuerda a detalle el sonido del bombo de las retretas que indicaba la retirada de las tropas militares en la plaza de su Sucre natal. Era tan solo una niña, pero ya entonces sabía la importancia que la música tomaría en su vida, mientras crecía en la Capital rodeada de cuecas y bailecitos. 

“Siempre me ha encantado la música, desde niña”, señaló la chuquisaqueña, quien durante más de 20 años trabajó en la investigación que utilizó como tesis doctoral y que la llevó a publicar el libro El poder de la música y la danza en Bolivia. 

La obra, presentada la pasada semana, hace un repaso por la historia de la música popular en las ciudades y pueblos del país, en los años que transcurren entre 1850 y 1952. Una labor que la propia autora calificó de “duro”, pero que fue hecha con mucho “amor” y “pasión”. 

“El destino final de los trabajos de investigación es la presentación al público. Es el público el que debe valorar, el que debe usar ese conocimiento. Si no los libros se quedarían guardados en anaqueles”, sostuvo Rossells. “Ese momento en que la gente de la calle compra, le interesa, le gusta, encuentra información que tiene que ver con su vida, con su pueblo, con sus ciudades y se emociona, ese es un momento extraordinario para el autor”. 

A continuación algunos de los hallazgos de la historiadora, en sus propias palabras: 

Mestizaje cultural

Esta acumulación de información viene de diversas fuentes: periódicos, trabajos, archivos y entrevistas. Esto nos muestra que el cronograma no es tan sencillo como algunos autores plantean. Algunos dicen que toda la música boliviana nació en la Guerra del Chaco, otros que nació con el MNR en 1952. No es así. Ninguna de las dos fechas es la correcta, sino que va mucho más atrás. 

Para entender de dónde aparece esta música y cómo se conforma es necesario ir hasta el siglo XVII en España y tener una mirada intercontinental. 

Había una matriz hispánica y de otras partes de Europa, pero esa matriz europea no se queda tal cual. En cada región empiezan a influir enormemente las músicas folklóricas, las músicas nativas y se mezclan. Es un caso importantísimo de mestizaje cultural y de ahí nacen las músicas en los diferentes países. 

Rol del Ejército

El siglo XX es el momento en el que en varios países de América Latina hay una necesidad de modernizarse, de volverse Estados nacionales. Estamos hablando de unas décadas después de la independencia, donde se van conformando las identidades de cada país. Una de esas identidades —aparte de las banderas, los escudos, los himnos nacionales— eran las músicas.

En ese momento solamente las bandas  podían ejecutar la música. En el siglo XIX son las bandas militares las primeras en llenar los aires de oriente a occidente. Es una cosa extraordinaria. La gente salía a oír a las bandas. 

La música paceña o de Potosí o de otros lugares de occidente iban a Santa Cruz. Y estas mismas bandas volvían con músicas de oriente. Incluso algunas bandas importantes del Ejército llegaron a grabar algunos discos.

Qué manera extraordinaria de trabajar el Ejército, siendo un transmisor de la música que ya era nacional. 

Guerra del Chaco

La Guerra del Chaco va a ser un momento importantísimo porque nacen grupos, nacen compositores. La música es vivida entre los soldados, en las bandas. Porque en la lucha, en los momentos más terribles entre la vida y la muerte, los soldados ¿qué cantan? No van a ir a cantar ópera, cantan sus huayños, cuecas y bailecitos. De esa manera, la producción musical de esta música boliviana crece, crece mucho. 

Otro momento importantísimo de esta historia, de este proceso, es cuando aparece la radio. La radio aparece durante la Guerra del Chaco. Habían dos o tres radios, entre ellas la Illimani, que era la oficial para informar sobre la guerra, pero junto con esa información empieza a difundir músicas ya consideradas bolivianas –cuecas, bailecitos y huayños– con grandes intérpretes.

Las ondas de la radio han sido las transmisoras fundamentales de nuestra música. Las que han dado a conocer a todo lado y a todos los sectores sociales. Algunas personas tenían buenas radios en sus casas, gente con alto poder adquisitivo. Pero también ponían radio en las plazas, para que más gente pudiera escuchar.

Entonces la aparición de la radio ha sido un momento trascendental y casi inmediatamente después la industria discográfica. (...) Estos dos son los grandes medios para consolidar esta música de una manera masiva. 

Revolución del 52

Efectivamente, la revolución del 52 tiene un gobierno que apoya de manera muy clara la música y la danza popular. Por ejemplo, en el primer Carnaval que pasan el presidente Paz Estenssoro y el vicepresidente Siles en La Paz a principios del año 53, hay un enorme tinglado donde están las autoridades y pasan miles de pepinos vestidos. El pepino es una figura mestiza que el MNR apoya, lo mismo que los diablos. Invitan a la diablada de Oruro para que baje a La Paz.

El periodo posterior a la Revolución del 52 merece otro estudio. El libro termina ahí justamente para mostrar que nuestra música no ha nacido en el 52, ya estaba en vigencia. 

Y lo más curioso, tal vez, es que los anteriores gobiernos antes del 52, que eran gobiernos liberales y totalmente conservadores, también organizaban festivales de música folklórica. Daban apoyo en espacios, en las calles y concursos folklóricos. Se habían dado cuenta del poder de atracción que tenían las músicas. 

Así que cuando el MNR entra, no es novedad que se presenten en grandes escenarios, como el estadio y otros lugares. La gente ya estaba acostumbrada a tener estas grandes manifestaciones en las calles. 

El "poder" hasta hoy

Ahí estaría el poder y la fuerza, en la capacidad de estos símbolos de mantenerse durante tantos años —más de un siglo, porque en realidad los inicios están en la Colonia— y de tener esa fuerza de representación hoy, en el siglo XXI. 

Nuestra música nace con la interpretación popular, la intervención de importantes compositores de estudios académicos, pero es el pueblo el que le da el poder.
 

 

 

 


   

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