21, el álbum de Adele que hizo historia desde un sótano

Con 31 millones de copias vendidas y un triple récord Guinness a sus espaldas, es un hecho que todavía ningún disco ha podido hacer sombra a 21 ni a Adele.
lunes, 25 de enero de 2021 · 05:04

 EFE  / Londres

Cuando Adele escribió los primeros versos de Rolling in the deep en el sótano de un restaurante chino de San Francisco no sabía que, años más tarde, su disco  21  le cambiaría la vida y se convertiría en un clásico atemporal de la historia de la música, batiendo todos los récords.

Sin más pretensión que la de hablar del amor sin filtros y dar rienda a los sentimientos provocados por una reciente ruptura, la gran capacidad compositiva de la cantante hizo el resto, convirtiendo a  21  en una obra maestra del pop contemporáneo que, una década después de su estreno, sigue siendo el disco más vendido del siglo XXI.

Después de un destacado debut con  19, que contenía joyas como Daydreamer, Hometown Glory, Chasing Pavements o una celebrada versión del Make you feel my love de Bob Dylan, la británica se enfrentaba al gran reto de muchos artistas: su segundo álbum y el riesgo a que no sea igual que el primero.

La misma sensación de miedo que probablemente también sintió en su primera aparición televisiva, frente a estrellas como Björk o Paul McCartney, y de un joven periodista y crítico músical, Ian Wade, que trabajaba entre bambalinas y recuerda en un entrevista cómo se hizo instantáneamente “fan” de la joven Adele desde ese instante.

Unos años después fue precisamente él quien tuvo que reseñar  21  para la BBC tras su lanzamiento en 2011, cuando admitió que el disco de Adele era “tan maravilloso que estás obligado a levantarte y aplaudir tras la primera escucha”, ya que lo sintió “inmediatamente familiar” y vaticinó que “iba a arrasar” con todos los premios.

La combinación resultante de las melodías clásicas y atemporales de  21  como Someone like you, el blues sureño que se atisba en I’ll be waiting, o la bossanova que aporta color al Lovesong de The Cure, junto con una producción de calidad, y unas letras con las que todo el mundo pudo sentirse identificado... fue todo un éxito.

Pero el detonante fue, especialmente, la feroz balada Rolling in the deep, cuyo ya icónico ritmo no es más que el del corazón de la propia artista a punto de explotar de rabia; y que, ni siquiera el baterista de Adele en esta canción, Leo Taylor, imaginó al crearlo que acabaría siendo “tan bueno”, según admite.

El músico explica que, para hacer que el sonido de la batería “creciese físicamente en la habitación”, construyeron en el estudio un “túnel” con tres tambores bajos, “experimentaron” con las cajas y el resto de las piezas, y las acompañaron con “pisadas” y palmas.

La oportunidad le llegó por casualidad, tras una cancelación, y se muestra muy “afortunado” de haber contribuido a un proyecto como 21  que, aunque fuese algo “fugaz” que duró ocho horas e involucró tres canciones, le permitió conocer entre tomas y, cigarro en mano, a la “ambiciosa” e “instantáneamente agradable” Adele.

A contracorriente

La británica sabe que, como dicta uno de los 11 temas de 21, es One and Only (Una y Única) y su éxito radica ahí. Sólo tiene que ser ella misma, con su desparpajo, su sentido del humor y su personal voz; y ni siquiera necesita hacer giras anualmente -sólo ha hecho tres en su carrera- porque las canciones se venden por sí mismas.

En la época del streaming y la música  fast food, Adele es de las únicas artistas que puede ir a contracorriente del esquema actual y pasarse seis años cocinando un disco a fuego lento, porque la “marca” que ha forjado con 19, 21 y 25 es sinónimo de calidad y su público más fiel sabe que merecerá la pena la espera.

Con 31 millones de copias vendidas y un triple récord Guinness a sus espaldas, es un hecho que todavía ningún disco ha podido hacer sombra a  21  ni a Adele una década después -ni siquiera su sucesor, 25- y sus temas suenan hoy tan frescos como el día en el que nacieron de un corazón roto en aquel sótano. 
 

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