En Bolivia se aterroriza con fantasmas “viejos y nuevos”

Sea en libros, cómics o cine, los artistas bolivianos acuden a las tradiciones andinas, las dramáticas leyendas urbanas y a los asesinatos terribles para asustar.
domingo, 24 de octubre de 2021 · 05:00

Jorge Soruco  / La Paz

Una mujer víctima de una violación en Sorata da a luz a un bebé. El agresor justifica que fue un acto de amor y propone matrimonio y quiere conocer al niño. Pero lo que recibe es una cena deliciosa con la carne del menor. Esa es la historia de la cruel Martina, una obra de Augusto Guzmán Martínez que recupera leyendas urbanas plausibles para asustar.

“En Bolivia lo que más asusta son aquellas historias muy creíbles, las que podemos pensar que sí ocurrieron”, considera el escritor y editor Willy Camacho. Su colega, Daniel Averanga agrega que “los horrores de los artistas bolivianos nacen de la tristeza y las tragedias personales”.

En el país el terror como género artístico tiene mucha cabida, al menos en la pantalla grande. Entre las salas con más audiencia se encuentran aquellas que tienen en su cartelera este tipo de producciones, incluyendo a las que se filmaron localmente.

“Tienen su público, independiente de la calidad de la obra, los jóvenes acuden a verlas. En el caso de las cintas bolivianas, éstas atraen precisamente porque son nacionales y tocan temas que muchos han conocido”, manifestó la directora de la Cinemateca, Mela Márquez.

En el campo de la literatura el panorama es distinto. Averanga, quien intenta establecer una historia del género en el país, reconoció que es un tipo de literatura todavía considerado paria.

“Hay mucho interés por parte del público. Pero en los círculos literarios se formó una mentalidad especial, en la que se cree que para ser un ‘escritor serio’ se debe dejar de lado géneros como la fantasía, la ciencia ficción o el terror”, considera el autor de la novela La Puerta.

También recalcó que son pocas las editoriales que se animan a lanzar un título de este tipo. 3.600 y Kipus están entre las pocas que lo hacen.

De hecho Averanga trabajó con ambas. Con Kipus publicó La Puerta y colaboró en dos antologías de cuentos de terror de 3.600: Gritos demenciales y Nuevos gritos demenciales.

En estos proyectos trabajó con Camacho, quien gracias a esta experiencia considera que no hay, en literatura, “terror boliviano” como tal. “Hay las semillas del género,  pero todavía hay mucho camino por recorrer antes que podamos tener un estilo nacional”, dijo.

Recordó que cuando se trabajó en las antologías se descubrió que hay autores que no entienden el género. “Muchos creen que poner un fantasma ya es escribir terror. No es así, porque puede ser Gasparín y ser una comedia”, consideró Camacho. Añadió que también se encontraron relatos que no fueron concebidos como de terror, pero que sí generaban el efecto necesario.

“Yo mismo escribí una historia que pensaba que era más del grotesco social y terminó siendo inquietante”, confesó.

En el cómic la oferta es mayor, aunque muy pocos llegan a ser best sellers. “Muchos hemos experimentado con este tipo de historias y mayormente las publicamos en antologías generales”, indicó Juan Pablo Cildoz, historietista y director de la editorial Pseudogente.

Álvaro Ruilova se dio a conocer con este género. Su serie Cuentos de Cuculis y sus títulos independientes Alarma y Moscas son grandes éxitos de la historieta nacional.

“Utilizo las historias que se cuentan en nuestras ciudades y pueblos. También recurro a los tópicos clásicos como los muertos vivientes”, cuenta.

Márquez destaca que en el cine lo que ocurre es que, en realidad, Bolivia no ha tenido un “cine de género”. La cineasta recuerda que la diferenciación de la temática es relativamente reciente y que filmes de comedias románticas, cine negro o terror tienen pocos años.

“Podemos decir que obras de terror propiamente dichas aparecieron a partir de 2010, cuando Denisse Arancibia y Juan Pablo Richter estrenaron Casting”.

Arancibia consideró que “en Bolivia se produce terror B, cine de bajísimo presupuesto, efectista y con poco rigor en narrativa y puesta en escena; hay una conciencia de los realizadores del bajo presupuesto y poca tecnología para tener efectos de primer nivel. Así que toca irse por el lado del cine de culto”.

Obras  terroríficas

  • Cómic Cuentos de Cuculis, Noche de Mercado y El partido de la oscuridad; Alarma y Mosca, todas obras del historietista  Álvaro Ruilova.
    Noche de Mercado fue el primer Cuento de Cuculis. 
    Foto: TuKiosko
    El partido de la oscuridad  llegó a ser un corto animado. 
    Foto: TuKiosko

     

  • Cine Barbazul  (Amy Hesketh, 2013), Dead But Dreaming (Jac Avila, 2013), Justine (Amy Hesketh, 2017), Krik?Krak! Tales of a Nightmare (Jac Avila &Vanyoska Gee, 2008), Maleficarum (Jac Avila, 2011), Martyr(Jac Avila, 2011), Nocturnia (Erik Antoine, 2013), Olalla  (Amy Hesketh, 2015). Casting (Denisse Arancibia y Juan Pablo Richter, 2010), Rossy la muñecaposeida (Ariel Arancibia, 2019), Sombras malditas (Rodrigo Mattos, Jeff Sun, 2019), El duende (Erick Cortés Álvarez, 2019).
  • Literatura  La puerta (Daniel Averanga); Antología de las sombras (tres tomos),  El sonido de la sangre (Vanessa Giacoman), las antologías de 3.600 Gritos demenciales y Nuevos gritos demenciales, en proceso de reedición.

 

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