El inicio del grupo de los doce

Una era de la fotografía comercial en México antes del mundo digital.
lunes, 29 de marzo de 2021 · 05:04

Milan M.A. Gonzales /  México

En 1987 sale a luz un calendario en la ciudad de México con la imagen de 12 fotógrafos unidos por la publicidad. Un grupo de amigos se une, armados con cámaras analógicas y una creatividad desbordante. Antes de que Photoshop y lo digital cambien las reglas del juego, los doce definieron una época de la fotografía publicitaria en México. Esta, su historia, desde la voz de cuatro de sus miembros.

José del Río -  México, 1953

¿Cómo se inicia en el mundo de la fotografía?

A los 13 años en una vacación escolar trabajé en el banco cinematográfico donde me enamoré del cine. A la fotografía entré porque unos años después un amigo me regaló una cámara 120 film, me prestó un espacio  para montar un cuarto oscuro y como cereza del pastel me llevó una modelo para tomarle fotos. Ahí me enamore del mundo de la fotografía.

¿Cuándo y cómo surge el grupo de los doce y quiénes lo conforman?

Después de la desintegración de la sección de fotógrafos de la Amfi  (Asociación mexicana de filmadoras) por problemas con la Amap  (Asociación mexicana  de agencias de publicidad) quien ejerció la fuerza de su gremio para  no contratar fotógrafos Amfi, el grupo generó una muy buena amistad. Con varios  fotógrafos, en una reunión, decidimos continuar con reuniones, calendarios y exposiciones. Y por el tema de los 12 meses se decidió 12 fotógrafos y ahí surgió el grupo. 

Sus integrantes: Paolo Gori, Jorge Contreras Chacel, Jorge Alcaide, Georges-Yves Massart, Michel Zabé, Nacho Urquiza, Bob Schalkwijk, Enrique Bostelmann, Gerardo Beretta, Christian Besson, Francisco Gil y José del Río. 

Todos los miembros  de “El grupo de los doce”, en una fotografía para calendario.
Foto: Paolo Gori

¿Qué requisitos debía cumplir un fotógrafo para ser parte de los doce? 

Nunca hubo un requisito, el nivel era de amistad y de calidad para pertenecer al grupo. Las actividades que realizábamos eran enfocadas a las agencias de publicidad y a las exposiciones colectivas donde se presentaban los calendarios. La idea era hacer  publicidad del grupo y decorar las oficinas.  Paolo los diseñaba y entre todos decidíamos las fotografías. 

Me parece que parte de lo que se logró fue darle un nivel al grupo de los doce en el medio publicitario.

¿Durante cuántos años se mantienen activos como grupo?  

Cuantos años duró el grupo no lo tengo muy claro porque en realidad la amistad y el grupo siguió,  lo que sí recuerdo es que por lo menos hicimos  cuatro calendarios y exposiciones. El que primero falleció fue Jorge Contreras el año 2000 y creo que justo ahí es cuando el grupo dejó de existir como tal. A la fecha seguimos siendo amigos.

¿Cuál considera usted que es el legado de los doce?

El legado del grupo para mi fue el crecimiento, reto constante y la búsqueda de soluciones, un aprendizaje en conjunto. Compartimos desde lo comercial hasta lo artístico, logramos superarnos en diversos aspectos.

José del Río  en su estudio, en México. 
Foto: Milan M.A. Gonzales

Paolo Gori – Italia. 1937

¿Cómo se conecta con el mundo de la fotografía?

Soy fotógrafo por no haber estudiado. Trabajé con excelsos arquitectos, se me pegó por ahí. Me inscribí sin éxito tanto en la facultad de arquitectura de Venecia y en Roma. En esta última me encontré con el último reducto de los fascistas en Italia, un horror. Luego me inscribí a Física e igual la mandé a la chingada porque entendí que el currículum que habían creado era una farsa. Querían crear rápidamente técnicos para operar las nuevas centrales atómicas cuando a mi me interesaba la epistemología de la ciencia, entonces dejé de estudiar, y con los arquitectos con los que había trabajado logré ganar más y estar mas libre sacándoles fotos en lugar de andar de dibujante. Entonces caí en la fotografía.

¿Cómo surge su relación con los doce?

Fue por medio de Enrique Bostelmann, uno de los primeros amigos que hice en México. Él tenía coche y no manejaba, yo manejaba y no tenía coche (risas), entonces fuimos a Día de Muertos, en Oaxaca, fuimos a la Sierra Gorda de Querétaro cuando todavía no tenían la carretera. Lugares fantásticos.

El primer calendario que hicimos como 12 fotógrafos fue en 1987. Empecé a exigir la idea de que fuéramos ecuménicos y seamos doce. Hubieron cuatro ediciones, esa fue mi única intervención importante. De algunos me volví amigo como Jorge Contreras Chacel, quien murió en 2000, y a quien le siguen Enrique Bostelmann (2003), Georges Massart (2013) y Michel Zabé (2018). El grupo fue un invento publicitario y que haya tenido algún impacto pues que bueno, me alegro.

Existe una fotografía icónica del grupo de los doce. ¿Cómo nace esta idea y cómo se plasma en la fotografía que acompañaría el calendario de los doce?

Fue un poco fruto de la casualidad. Lo que pasa es que hacia poco que había hecho un póster para la galería Pecanins de todos sus artistas. Los hice afuera, en la plaza de Cibeles creando un mosaico de cada artista que llegaba cuando podía. A raíz de eso quería hacer una imagen colectiva, pero era imposible reunirlos a todos, entonces decidí hacerlo en rincones de la terraza de la casona que ocupaba ese entonces. Me pareció un sitio bonito, traté de que llegaran a la misma hora. Uno a uno se posicionó en diferentes lugares sobre la escalera que luego serviría para crear un mosaico que reconstruyera la fuente.

¿Qué fue lo más simbólico que recuerda del grupo?

Pues es que esta cabrón (risas). Había muchas ideas, tendencias. Ten en cuenta que pasaron tiempos horrendos de devaluaciones e incertidumbre laboral. Yo siempre he tratado de vivir un poco en la sombra, tengo un principio de vida como buen escalador en roca. Siempre he tratado de no dejar huella en la montaña que es sagrada, en la vida pretendo hacer lo mismo. Me encantaría salirme de este mundo sin dejar huella. 

Los doce como grupo me dejó el aprecio y la confianza.

El fotógrafo  mexicano Federico Gil Baptista. 
Foto: Jorge Contreras Chace

Federico Gil -  México, 1957

¿Cuándo y cómo ingresa al grupo de los doce?

Cuando regreso de mi licenciatura de fotografía realizada en el Brooks Institute School of Photography, contaba con 21 años de

edad y topé con un muro para encontrar trabajo. Quién iba a pensar que pocos años después uno de los fotógrafos del grupo, Nacho Urquiza, se pondría en contacto conmigo para invitarme a pertenecer a los 12. Cuál sería mi reacción de sorpresa, alegría, miedo, terror, yo siendo el más chico y con menos experiencia en el ramo al conocer a estos “grandes de la fotografía comercial”. 

¿Qué significó en su carrera de fotógrafo ser parte del grupo?

Cada uno de los 11 fotógrafos con los que conviví en ese grupo y en esos tiempos, fueron de mucha riqueza humana y profesional.

Autorretrato  del fotógrafo Gerardo Beretta. 
Foto: Gerardo Beretta

Gerardo Beretta -  México, 1949

¿Qué significa ser fotógrafo para usted?

Es un estilo de vida y una pasión interminable. De volver a empezar, buscaría de nuevo la dedicación a la imagen. Desde que descubrí la disciplina fotográfica no he parado a la fecha. Eso fue hace 50 años, 1970 en la universidad, estudiando la licenciatura en Comunicación.

Ser fotógrafo es mantenerse al día en lo que está sucediendo dentro de mí y mi circunstancia. Vaya “yo soy yo y mi circunstancia” (Ortega y Gasset - La Rebelión de las masas). Dedicarse a esta disciplina es estar observando continuamente aún sin una cámara en la mano. Inexorablemente, no hay escape.

La fotografía es un medio instrumental de comunicación visual, de interpretación individual, cuyo vocabulario son la luz el espacio y el tiempo. Es la conjunción de sensaciones percepciones, emociones y memorias, instintos, creencias , que se encienden y apagan ahí en el momento de la exposición. “La fijesa es siempre momentánea” (Octavio Paz)  y marca adecuadamente la conceptualización de la imágen fotográfica como expresión íntima del fuero interno. Un compositor usa notas para comunicar sus emociones, yo utilizo la luz para descubrir formas y emociones. Ambos buscamos lo mismo.

¿Cómo percibe la ética profesional en su rubro? 

Muy sencillo; la mediocridad está prohibida. Hacer fotografía es como hacer el amor, debe ser una responsabilidad y experiencia espiritual en donde el compartir y el amor por lo que se hace es eminente. Sin ética no hay juego. 

¿Cómo fueron las exhibiciones de los doce?

De agasajo tropical. Cada uno de los colegas escogía tres de sus fotografías recientes, invitábamos a los medios, agencias de publicidad y clientes directos a la galería de arte que nos daba hospicio un mes. Para ello habíamos producido un calendario que se convirtió en objeto del deseo y coleccionable. Unos años en color otros en blanco/negro tritono.  Se los peleaban en la entrada y mis hijas le sellaban la mano a los invitados para asegurar que no reciban más de un calendario. 

Luego esperábamos los reviews en la prensa especializada que siempre fue magnífica y favorable. Uno de los intereses era fomentar la  conciencia del Derecho de Autor  tan vapuleado en el medio. Se logró crear conciencia y por primera vez se cobraba, no sin batalla, el respeto a las regalías. Fue todo un orgullo pertenecer y trabajar grupalmente por nuestro oficio y arte en el “Grupo de los 12”.

*Una nota de agradecimiento a Patricia Teja Roel —viuda de Jorge Contreras Chacel—, Paolo Gori y José del Río quienes accedieron a visitas personales y compartieron generosamente un espacio en tiempo de pandemia en la Ciudad de México para la presente entrega. 

 


 

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