Guillermo Ruiz Plaza regresa al género de cuento con «Los claveles de Tolstói»

El escritor paceño presenta una publicación con seis relatos relacionados entre sí, que mantienen un vínculo con su novela «Días detenidos».
jueves, 1 de abril de 2021 · 05:04

Paz Monasterios  / La Paz

El escritor paceño Guillermo Ruiz Plaza (La Paz, 1982) retorna a su “primer amor”, los cuentos, con el libro "Los claveles de Tolstói". Seis relatos que se conectan entre sí y que a la vez mantienen relación con la novela "Días detenidos", que le valió al filólogo el Premio Nacional de Novela, en 2018

Mochileros bolivianos que sueñan con encontrar los claveles de Tolstói, plantados por un anarquista catalán a comienzos del siglo XX; una haitiana que acaba viviendo en París como empleada de una familia de diplomáticos franceses; y un pintor boliviano que relata el trío amoroso en el que se vio envuelto un verano  son algunos de los ingredientes que componen esta publicación, editada por Editorial 3600.  

Desde Francia, lugar donde reside desde hace años, Ruiz Plaza conversa con Página Siete sobre esta nueva propuesta, su evolución literaria y su experiencia durante el confinamiento. 

¿Cómo definiría a “Los claveles de Tolstoi”?

Es un libro compuesto de seis cuentos largos que guardan vínculos entre sí. Pueden ser personajes, pueden ser situaciones o imágenes, y que guardan relación también con mi novela "Días detenidos". Y conforman así una comunidad de personajes a la vez unitaria y diversa. 

¿Esta relación entre personajes y cuentos fue intencional?

Fue intencional. Empezó como un juego. Días detenidos es un árbol de historias que funciona ramificándose. Pensé que podía escribir un libro de cuentos exactamente con el mismo método y que sería interesante que una de las ramas o varias ramas partieran de la novela misma y después fueran apareciendo nuevos personajes y ramificándose así, de tal forma que la comunidad de personajes se ampliara, se diversificara, y a la vez permitiera profundizar en algunos personajes que en la novela habían sido secundarios. 

El trabajo  consistió también en pulir esos lazos, en que no fueran siempre demasiado evidentes sino que hubiera vínculos, tanto evidentes como sutiles, para el gusto de los lectores tal vez un poquito más exigentes. 

Yo siempre estoy pensando en lo que a mí me gustaría leer y efectivamente me considero un lector exigente. Entonces sí fue intencional y me gustó mucho, fue como un juego. El juego en literatura es muy serio, por supuesto, pero también me lo he pasado bien. 

¿El realizar historias en Bolivia o con personajes bolivianos es una forma de mantenerse conectado con su país natal?

La mayoría de los personajes son bolivianos. (...) Las historias suceden tanto en La Paz, como en Barcelona, Haití o París. Hay una diversidad geográfica importante. 

Todos tienen algo en común, excepto Haití: que son lugares en los que he estado. La mayoría de las veces necesito haber pasado por un lugar para poder dar toda una impresión de ese lugar.  

Y por supuesto exploro mis vivencias, buceo en mis memorias. La memoria también funciona como un árbol  de historias y por lo visto la imaginación también. 

A mí me gusta mucho una frase de una escritora belga, que dice: “Escribir es recorrerse a uno mismo, es viajar dentro de uno mismo”. Y en ese sentido, por supuesto, es un viaje por mis vivencias de Bolivia y del mundo. 

Usted ha pasado por la poesía, cuento, ensayo y novela. ¿Hay algún género con el que se identifique más? 

Yo empecé como poeta por una razón simple: estaba totalmente inmerso en eso en mis años universitarios. Estaba tan inmerso en la poesía como en la teoría poética. (...) Y luego, poco a poco, fui volviendo a mi primer amor, que era el cuento. Yo, en realidad, cuando era adolescente,  escribía cuentos, no poemas. Y creo que el paso del tiempo me ha llevado a la novela. 

No me siento particularmente cómodo en ningún género. Son simplemente diferentes facetas de lo que soy, diferentes facetas en  que puede ir envuelto un mensaje.  En ese sentido también he escrito ensayos literarios, es un género que me gusta mucho y que leo también. 

Debo decir que la novela los puede englobar a todos y no se puede decir que pueda ser al revés. El cuento no puede englobar a la novela;  en cambio,  la novela puede englobar y puede hacer que se enlacen la poesía, el ensayo y el cuento. Eso me parece magnífico. 

¿Cómo fue volver al cuento, su “primer amor”? 

No fue un simple regreso, yo lo veo más bien como una evolución. Ya no quise ponerme el corsé del relato breve. Yo quería algo a medio camino entre el cuento y la novela, y lo encontré en esta forma, en el cuento largo, que a la vez se abre hacia otros cuentos del libro. 

Se puede leer los cuentos por separado, no hay ningún problema, funcionan de manera cerrada como una esfera autosuficiente, pero quería que al mismo tiempo hubiera una apertura hacia los otros cuentos del libro. Una especie de vasos comunicantes que hiciera que esos cuentos fueran cuentos, pero fueran también otra cosa en contacto con los demás relatos del libro. 

Al llevar tantos años viviendo en Francia ¿consideraría escribir una obra en francés?

Yo no escribo en francés. (...) Yo creo que la relación con la lengua que tiene cualquier autor es una relación afectiva muy honda. Y si bien el francés me parece una lengua muy bella, no podría escribir nunca en francés, escribir de verdad, porque no tengo esa relación que tengo con mi lengua madre.

Me gusta mucho esa expresión, “lengua madre”,  porque realmente hay una relación de amor muy fuerte y una conexión, una comunión, muy honda con la lengua madre y es la que yo tengo con el castellano. 

¿Cómo fue su experiencia   durante la pandemia?

A mí me gusta mucho la filosofía y trato de aplicarla en la vida. Cuando llegó esto de la pandemia traté de mantenerme sereno, que creo que es lo que debemos hacer todos. Mantenernos serenos y hacer lo posible por ayudar a los otros y no caer ni en el pánico  ni en el pesimismo. 

A la vez era necesario lidiar con esta situación de alguna manera y yo lo encontré en la escritura. He escrito este libro de cuentos y además una novela —que por el momento está inédita— durante el confinamiento. 

Y no era necesariamente que tenía mucho más tiempo;  yo pienso que era la angustia, de sentirme amenazado, de sentir a la sociedad amenazada, de sentir esa sombra en el cielo que no sólo es la de la pandemia, sino también  la de una crisis económica terrible que se nos viene encima, sea cual sea el país.  También me angustiaba la situación en Bolivia, obviamente.  

¿En qué otros proyectos trabaja?

Quiero pulir esta novela y después veremos a dónde me lleva la intuición. También tengo una serie de ensayos que se han ido acumulando con los años, que tal vez me gustaría reunir. Es una idea a la que le doy vueltas, pero nada que sea muy inmediato. 

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos