La conversión de C. Tangana, del rap a la tradición hispana

El artista español se abre paso en Latinoamérica con un nuevo disco, en el que colabora con importantes figuras regionales como Jorge Drexler y Calamaro.
sábado, 22 de mayo de 2021 · 05:04

AFP  / Madrid

Es uno de los artistas españoles más escuchados del mundo. Rompiendo los muros entre la música tradicional y los ritmos urbanos, el rapero español C. Tangana se convirtió en un fenómeno en ambas orillas del Atlántico.

Su ambición: “Hacer algo que lo pueda disfrutar un chaval joven en una discoteca y que se lo pueda poner también una persona mayor en su casa cocinando”, explicó Antón Álvarez Alfaro, su verdadero nombre, en una entrevista con AFP en Madrid.

Su tercer álbum "El Madrileñ"o, publicado a finales de febrero, catapultó a este trapero de 30 años al estrellato como ocurrió hace dos años con Rosalía, su expareja, para quien escribía algunas letras y con quien reconoce compartir “una visión de la identidad local y del español”.

La metamorfosis del madrileño es patente desde el primer tema, Demasiadas mujeres, que arranca con una marcha de las típicas procesiones de Semana Santa andaluzas y termina sampleando un famoso pasodoble.

Y a partir de allí, con su voz agridulce metalizada por el autotune, C. Tangana visita el flamenco, el reguetón, la rumba, la bachata, la salsa, el bolero o la bossa nova en un viaje por las raíces musicales de España y Latinoamérica.

Para ello se rodea de figuras del flamenco como el Niño de Elche, Kiko Veneno, La Húngara o Antonio Carmona del grupo Ketama, a quienes reúne en "Tiny Desk Concert", un programa de actuaciones caseras de la cadena estadounidense NPR difundido a finales de abril en el que presentó la inédita "Me Maten".

“Es increíble que el momento de mayor popularidad y de amor a mi música sea precisamente cuando estoy haciendo algo más complicado, más experimental o menos tendencia”, se sorprendió el artista de rostro juvenil, con un fino bigote y las sienes rapadas, tal y como aparece en el retrato de la portada de su álbum, claramente inspirada en las pinturas de Goya.

Un puente a Latinoamérica

Salir del trap para aventurarse en un repertorio tradicional con códigos muy estrictos era un salto peligroso, especialmente para alguien con un público joven al que este nuevo sonido le recuerda a la música de sus padres o abuelos.

“Creo que la gente está cansada. Hay una saturación de los valores estéticos predominantes que había antes en el pop y la música urbana”, dijo Tangana.

El público “ha agradecido como un golpe de aire fresco la posibilidad de engancharse a algo que a todo el mundo le parece muy suyo, porque está basado en la música popular, pero que al final es una ruptura con lo que venía sucediendo”, continuó.

Esta ruptura pasa también por Latinoamérica, donde grabó parte del trabajo en el que colabora con el cubano Eliados Ochoa, el uruguayo Jorge Drexler, el argentino Andrés Calamaro, el mexicano Ed Maverick y el guitarrista brasileño Toquinho.

“Lo que más me llama la atención de cada sitio al que iba era precisamente la tradición y la forma de sentir la música más popular, no popular en el sentido de pop, sino la forma en la que el pueblo asume la música”, explicó.

Crisis de los treinta 

El Madrileño es de algún modo el tercer alter ego de Pucho, como llaman los amigos a Antón Álvarez. En 2006 comenzó en el rap bajo el seudónimo de Crema y unas letras marcadas por las crisis económica que sacudía con fuerza a su generación.

Llegaría después C. Tangana, con quien empezó a despuntar en la música urbana en España y América Latina. 

Pero después de 10 años rapeando, “estaba en mitad de una crisis de los 30 y un poco harto de lo que estaba haciendo (...) Decidí dejar salir todas las influencias que, al haber sido rapero, no había permitido sacar”, explicó.  

Este giro se empezó a vislumbrar en 2018 con "Un veneno", lanzado un año después de su gran éxito "Mala mujer".

Pero estas nuevas melodías no son extrañas para este hijo de una consultora en educación y un periodista aficionado a la guitarra, que en su casa escuchaba a grandes nombres de la música popular española como la familia Flores o Ketama.

Las influencias latinoamericanas llegaron en “la adolescencia con el reguetón y con la bachata en los primeros clubes a los que iba” en Madrid, donde estudió filosofía y escribía sus primeros versos mientras trabajaba en restaurantes de comida rápida o centros de llamadas.

Para el futuro adelantó querer colaborar con la mexicana Natalia Lafourcade, otra artista todo terreno como él.

 

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