Año Nuevo Andino 5.529: memoria de un ancestro

Las imágenes son parte de un archivo de 20 años que buscan interpretar un pasado común y la reivindicación de las culturas.
lunes, 21 de junio de 2021 · 05:04

Pedro Laguna /  La Paz 

 Una investigadora indicaba que la celebración del Wilkakuti comenzó a realizarse a fines de la década de 1970. De manera más concreta, refiere que sería el Primer Congreso Político Indio del Tahuantinsuyo  -realizado en Tiwanaku, en mayo de 1980- el que determinó organizar este evento, que  tendría el liderazgo del yatiri Rufino Phaxsi.

Algunos intelectuales (Andia, Cáceres) hablan de la naturaleza “inventada”  o un acto con carácter “ficticio”, mientras que otros, como Silvia Rivera, destacan la decisión que -luego del rol de Phaxi- habría desempeñado el Consejo de Amawtas de Tiwanaku. Estos últimos son quienes hasta la actualidad y en consenso con el municipio de Tiwanaku dan continuidad al ritual.

El justificativo o “sentido” del Año Nuevo Andino celebrado en Tiwanaku podría fundamentarse en la “religión cósmica telúrica” o en una “religión tawantinsuyana”. La celebración  incluso  es cuestionada en el sentido histórico -al no existir coherencia en las fechas-  o en el sentido comercial, por la participación de agencias de turismo. 


 Tiwanaku,  en el centro de la ceremonia ritual

Hoy, que se celebra el Año Nuevo Andino 5.524,  este archivo fotográfico busca reivindicar a la cultura andina como una expresión del pueblo que está viva y, además, muestra todo el vigor de la creatividad.

Una cultura que no se inventa y reinventa cada día está destinada a perecer. Por eso, la dinámica del ritual es integral:    se recuperó -o creó- el culto solar (aunque los investigadores refieran que la cultura aymara tendría más bien un carácter nocturno)  que se basa en el mito del “retorno del sol”, el “wilkakuti”; se restauró -o creó-  el ritual de recibimiento de los primeros rayos del sol; y se hizo todas las gestiones para que, sin dejar de ser un rito y un mito importantes para la comunidad, este evento sea -además- un espectáculo turístico. 


 La fauna  en los alrededores del centro ceremonial.

Y si es que de Tiwanaku “saltó”  a muchos lugares de Bolivia, la razón no se encuentra en un simple afán de imitación, sino en  una búsqueda espiritual que la sociedad elige.

En este tiempo mítico, el del Wilkakuti, una parte de la sociedad boliviana busca libremente un reencuentro con su ancestro. Ese que, en esta exposición, es entendido en un sentido amplio: no solo como aquel de quien descendemos, sino,  aquello que en verdad somos por un pasado común. 


En la ciudad  el sol sale sin detener el ajetreo de las personas.

No es un simple espectáculo turístico, un “invento” o una “religión pachamámica”. Es hallar nuestra mirada en los ojos del otro, recibir un rayo de sol en las palmas del que está a nuestro lado, sentir un solo latido,  una sola alma, un solo ajayu.

 Las imágenes  del archivo pretenden compartir una interpretación visual que, a la luz de más de 20 celebraciones, podría parecer monótona, pero que, sólo buscan reflejar la vigencia y fuerza de las culturas bolivianas.

 

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