La memoria sensible de Coco Blaustein

domingo, 22 de agosto de 2021 · 05:00

Alfonso Gumucio Dagron 

Me acabo de enterar del fallecimiento, el 16 de agosto, de David “Coco” Blaustein,  amigo y colega cineasta argentino, con quien coincidimos en el exilio en México y en muchas oportunidades en eventos cinematográficos en varios países.

Un par de años menor que yo, falleció debido a un accidente cerebro vascular (ACV), es decir una de esas sorpresas arteras con las que la muerte nos espera en las esquinas oscuras de la vida.

Coco hizo varias películas documentales, todas ellas marcadas por su compromiso político como militante del peronismo de izquierda (para lo que valga ese apellido en estos tiempos en que las ideologías son  sustituidas por el discurso). Entre sus obras destacan “Cazadores de utopías” (1995), “Botín de guerra” (2000), “Hacer patria” (2006), “Fragmentos rebelados” (2009), “Porotos de soja” (2009) codirigida con Osvaldo Daicich, y “La cocina. En el medio hay una ley” (2011) también con Daicich. Paradójicamente, la más reciente es “Se va a acabar” (2021).

Fue también director del Museo del Cine en Buenos Aires, docente universitario y productor de cine. En esta última actividad colaboró con otros cineastas. Fue productor de Jorge Denti en el documental “Malvinas: historia de traiciones” (1984), “Historias cotidianas” (2001) de Andrés Habegger, “Papá Iván” (2004) de María Inés Roqué, entre otras.

Nos veíamos esporádicamente durante nuestro exilio en México, a principios de la década de 1980, cuando él se asoció a Jorge Sánchez en Zafra, la más importante distribuidora de cine independiente latinoamericano. Para entonces no había incursionado como director de cine, ya que su primera experiencia fue como productor de Jorge Denti en 1984. También colaboró con el “Negro” Humberto Ríos y con Adolfo García Videla, igualmente exiliados en México.

Fue al retornar del exilio, a la caída de la dictadura militar argentina, que Coco debutó como director con “Cazadores de utopías” (1995). La primera sentencia al inicio del film deja en claro su objetivo: “La recuperación de nuestra memoria no podría ser desapasionada ni imparcial”. Dedica esa obra de dos horas y media de duración “A los 30.000 desaparecidos y a los que todavía creen que se puede vivir la historia con un poco más de dignidad”. 

El film comienza con imágenes de Eva Duarte de Perón, ícono del peronismo, y un discurso del propio Perón, en 1955, donde sentencia que se responderá a la violencia con violencia. Esto da pie al resto del film, que mezcla imágenes de archivo en blanco y negro, con testimonios de ex militantes de los Montoneros, la guerrilla urbana peronista, aunque se cuida de no mencionar a dirigentes como Firmenich o Vaca Narvaja. “Armarse para traer al general Perón” (que estaba en el exilio en Madrid), era el objetivo inicial de los Montoneros, alentados también por la guerrilla del Che en Bolivia y otros movimientos guerrilleros del continente, así como la guerra en Vietnam, el movimiento de Mayo de 1968 en París, y el Cordobazo en Argentina.

Sin embargo, como dice en el film Envar El Kadri, ex dirigente del Peronismo de Base (PB) y de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP), había con Evita y con Perón, “una relación sentimental”, que no pasaba necesariamente por la ideología: “Era una relación de calentura, de apasionamiento, de confianza”. El culto a la personalidad atraviesa las motivaciones de casi todos los entrevistados, que recuerdan cómo se involucraron en el movimiento guerrillero contra la dictadura militar. Entre líneas, el film se presta también a una lectura crítica de la lucha armada, pero sobre todo a las disputas internas del peronismo por recibir los favores del gran líder. Tardaron años en darse cuenta que el propio Perón jugaba al mismo tiempo con los sectores de derecha y de izquierda del peronismo. Esa gran crisis de la mitificación de Perón y luego la gran decepción, se aborda en el film con detalle.

Sin duda, “Cazadores de utopías” es, como lo fue en su momento “La hora de los hornos”, un ensayo-testimonio sobre la historia contemporánea de Argentina, esta vez desde la mirada autocrítica de los ex militantes guerrilleros. 

En “Botín de guerra” (2000), Blaustein retrató la lucha de las Abuelas de Plaza de Mayo en su cruzada por identificar a los niños secuestrados por los militares y represores durante la dictadura militar. A lo largo de muchos años esas abuelas encontraron a los jóvenes, hicieron denuncias y llevaron adelante complejas batallas legales, con implicaciones políticas y sicológicas para los involucrados. Cerca de sesenta jóvenes fueron recuperados y devueltos a sus familias, donde pudieron redescubrir su propia identidad. Blaustein recupera la gesta de las abuelas y la celebración de los encuentros, mediante entrevistas con las abuelas y también con varios jóvenes secuestrados cuando eran niños y que en algunos casos recuerdan cuando sus padres eran asesinados. Sin comentario adicional, el montaje de testimonios reconstruye las historias desgarradoras.

Su documental “Hacer patria” (2007), revisa su historia personal entretejida con la historia política y social de Argentina, país al que llegaron sus ancestros desde Polonia. Es su película más personal, una manera de recuperar su propia identidad.

En “Fragmentos Rebelados” (2009), abordó la vida del cineasta argentino Enrique Juárez, asesinado durante el periodo de la dictadura militar. Sobre el personaje, poco conocido, dijo Blaustein al periodista Pablo E. Arahuete: “Juárez aporta lo que cada uno de aquellos cineastas hacen en su personal forma de ver el cine y los procesos políticos. Creo que la pertenencia de Enrique a un gremio y un sector social le da una impronta. También su oficio de montajista o su manejo de los otros oficios. Finalmente su cercanía a Montoneros es definitiva en su deseo de reconstruir el tiroteo en la pizzería La Rueda de Williams Morris. Son hipótesis de alguien que opina por la obra. No por haber conocido personalmente a Enrique Juárez”.

Blaustein fue director del Museo del Cine Pablo Ducro’s Hicken entre 2000 y 2007. El museo tenía material filmado por cineastas argentinos, latas de película a veces sin clasificar, y a Blaustein se le ocurrió producir audiovisuales sobre algunos de esos cineastas. “En el 2001, sin prever lo que se venía o intuyendo lo que se venía se me ocurrió que una de las posibilidades del Museo fuera producir algún tipo de material sobre los cineastas desaparecidos”, narró al diario Página 12.

En su última película documental, “Se va a acabar” (2021), que codirigió con Andrés Cedrón, recoge los testimonios de trabajadores que participaron en conflictos sindicales durante la dictadura (1976-1983), y se enfrentaron a los intentos de desarticular a la clase obrera.

A lo largo de su obra documental David Blaustein recupera para sí mismo y para los argentinos la memoria de la historia reciente, y lo hace siempre poniendo en relación los hechos con las personas, subrayando la fuerza de los testimonios personales.

@AlfonsoGumucio  es escritor y cineasta.

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos

25
1