Jorge Patiño Sarcinelli : «No se pasa por esta vida sin sentirse al menos medio roto»

El volumen editado por Plural será presentado este sábado en la FIL. Reúne cuatro cuentos que abordan el sexo, la vida y la muerte. Marca el regreso al género del polifacético autor después de 17 años.
lunes, 23 de agosto de 2021 · 05:00

Liliana Carrillo V. / La Paz

Rotos, así son los personajes que transitan por las páginas de La vida era solo una hipótesis,  el segundo libro de cuentos de Jorge Patiño Sarcinelli después de 17 años. Rotos, a la par de chistosos, reflexivos y confundidos,  aunque la mayoría de esos personajes han vivido ya muchos años.

“No se puede pasar por esta vida sin sentirse al menos medio roto. Quien diga que no lo está es que no sabe lo que le ha pasado mientras vivía”, dice Patiño, que a la par de narrador, columnista y poeta es también ingeniero químico y matemático.

La vida era sólo una hipótesis (Plural, 2021), que se presentará este sábado 25 en la Feria del Libro, reúne cuatro cuentos: el primero  da nombre al libro y  es el más largo. Completan el volumen los relatos:   La diva se disuelve como un terrón de azúcar,  San Judas y Bach, y Sueños de estramonio.

“Con todos sus defectos, son textos que fluyen y dicen exactamente lo que yo quería expresar: lo que les está pasando a los personajes mientras reflexionan sobre esto y aquello pero sobre todo sobre la vida”, evalúa el autor y así sigue la charla:

En sus libros ha transitado por las fronteras de los géneros. Pienso en Coda al diccionario, por ejemplo, que bien puede leerse como un libro de lingüística o un poemario vanguardista.

¿Cómo entiende las fronteras entre géneros, cómo logra la transición?

Cierto, mucho he transitado, como dices, demasiado tal vez, si incluyes columnas periodísticas, algo de poesía y otras incursiones que prefiero ni mencionar. Pero no puedo decir cómo lo logro porque simplemente aterrizo en un territorio u otro. Sólo la Coda al diccionario ocupa un lugar inclasificable, una construcción pura.

La vida era solo una hipótesis es su segundo volumen de cuentos después de Supersticiones (2004).

¿Por qué han tenido que pasar 17 años entre una obra y otra? ¿Qué diferencias ve entre estos libros? 

Enormes diferencias, en primer lugar en el proceso de creación. Supersticiones me dio mucho trabajo y nunca me llegó a gustar. Son textos forzados. La vida… en cambio, es el resultado de sólo un mes de inspiración (no sé si se nota). Pero con todos sus defectos, son textos que fluyen y dicen exactamente lo que yo quería expresar: lo que les está pasando a los personajes mientras reflexionan sobre esto y aquello pero sobre todo sobre la vida.

Los cuatro cuentos abordan la muerte -y la vida- de seres heridos, con cargas pesadas, todos rotos.

¿Cómo elige sus personajes y sus historias? ¿Qué aparece antes, los personajes o el argumento?

Los personajes. Me hago una idea y los dejo hablar. Cuando terminan,  recién me doy cuenta de que no los conocía, pero ahí ya es tarde; ya han contado su rollo.

Personajes rotos, sí, todos rotos. No se puede pasar por esta vida sin sentirse al menos medio roto. Quien diga que no lo está es que no sabe lo que le ha pasado mientras vivía.

¿Qué hace que estos cuentos conformen una unidad? ¿Es la nostalgia acaso?

Hay una unidad de forma. Todos se apoyan en el diálogo. Estoy explorando el diálogo como sustento de un modo narrativo que nos acerca de otra forma a los personajes. Dejándolos hablar, el autor puede usar menos disfraces. Es también un desafío. Todos comparten una estructura en minicapítulos. Pero yo los veo distintos, distintos en su clima. El primero nos acerca más a la vida, la muerte y las mentiras del sexo;  el segundo es el más ligero, casi gracioso, dice que es sobre la locura, pero no la toma en serio. El tercero es sobre la posibilidad del amor después de una muerte compartida. El cuarto es realismo mágico. También me parece muy divertido, pero el ritmo y el contexto son distintos de los tres primeros. El primero está infectado de nostalgia, cierto, pero los otros no tanto.

Hay en sus cuentos un cuidado especial en la forma.

¿Cómo trabaja un amante de las palabras - lo ha evidenciado en la Coda...- el lenguaje al escribir narrativa?

Me alegra que lo digas. Trato de cuidar la forma, pero por algún motivo que no se explica bien en un ingeniero, salen de adentro casi como los ves. Sólo me dedico a pulir, y pulo, y pulo, hasta que no sienta asperezas. Eso es todo.

Además  del humor, la poesía prima en sus cuentos.

¿Había “incurrido” antes en la poesía?

He incurrido algunas veces, pero no hablo de cositas de amor ni de los poemillas embromados que una época posteaba para chacotear. La poesía es cosa muy seria. En el primer cuento hay dos ejemplos de mi poesía en boca de Abelardo.

Por sí solo el primer cuento, que da nombre al libro,  podría funcionar como novela, si seguimos a   Harold Bloom  que decía que la novela es el cauce natural donde confluyen los géneros.

Cierto, podrías decir que es el extracto de una novela, pero creo que si lo hubiese dejado ser novela, hubiera sido muy aburrida. El cuento y la poesía tienen en común la exigencia de la síntesis: decir mucho con pocas palabras. Si usas muchas dejan de ser buenos cuentos o buenas poesías.

Su currículo oficial dice que usted es ingeniero químico y matemático.

¿Cómo  un profesional de ciencias puras llega a la literatura?

Quiero creer que la pregunta debía  hacerse al revés.

¿Cómo alguien que tiene un don para la literatura ha perdido tiempo con la ingeniería? Pero éste es uno de los cuentos que me cuento.

¿Cuáles son sus referentes literarios imprescindibles?

Esa “imprescindibilidad” ha variado en el tiempo. Ahora estoy  (una vez más) con Pessoa, pero los libros que más veces he leído son Ficciones de Borges y Contrapunto de Huxley. Entre ellos no hay nada en común excepto la perfección. Siguen muchos otros. Soy muy desordenado y muy impaciente.

¿Qué libro se llevaría a una isla?

Depende de a qué edad me toque ir… pero podría ser algo de Wittgenstein. A ver si un día lo entiendo.

¿Cómo ve la actual literatura boliviana, ante la irrupción de jóvenes autores? ¿Los sigue?

Me parece maravilloso lo que está sucediendo: Barrientos, Baudoin, Rivero, Colanzi, Ruiz, Hasbún, Peña. Los he leído. No todos me gustan por igual. De algunos de ellos deberá salir una gran novela boliviana o la gran cuentista. Vamos bien. Hay frescura y seriedad.

En esta “civilización del espectáculo” ,

¿Por qué vale la pena apostar por la literatura?

Aquí te contesta el ingeniero:

¿Qué otra cosa te da más por el tiempo que inviertes en ella?

¿En qué obra  trabaja ahora?

Una novela. Creo que se llamará Las malas razones.

 

Hoja de vida

  • Jorge Patiño Sarcinelli  Es ingeniero químico, matemático, escritor, columnista y poeta.
  • Libros  El dilema del campanero (1995), Supersticiones (2004), Coda al diccionario (1997), Sendas ocurrencias (en coautoría con Francesco Zaratti, 2002) y La vida era solo una hipótesis (2021).

 

Reseña

Rebeca Dimalso,  filosofía y letras

La vida era solo una hipótesis

Sexo , vida y muerte suena a obviedad; y la vida transcurre siempre entre una y otra hipótesis. Pero, Patiño hace esfuerzos por rehuir de lo predecible y lo logra con un conjunto de cuentos que no parecen tener un hilo en común aunque dejan el sabor de retazos de una misma vida, contadas por una misma voz en diferentes cuerpos.

El autor desmenuza cuatro historias que pueden también ser retratos de época y clase. Siempre en primera persona, el narrador navega en voces distintas, encarnando personajes peculiares y a la vez afines. De época y clase, porque aunque los seres que dan vida a sus historias tienen edades y rasgos diversos, se decanta por una descripción de la madurez, ¿ocaso?, de la vida en pormenores (ocaso por años, pero también por desgaste, por dolor o por nostalgia). Y es de clase porque estos mismos hombres y mujeres comparten un inocultable vínculo de origen que se adivina en el lenguaje, hábitos, gustos y hasta excentricidades. Disfrutan de Beethoven o Bach; leen poesía, ven buen cine y toman mucho vino. Filosofan sobre la vida, entran en los vericuetos del alma propia y la ajena, y aman de las maneras más sofisticadas (y a veces incomprensibles o dolorosas). No son individuos comunes, y sus problemas tampoco. La pandemia, la falta de plata y trabajo son desplazados por el hastío, la inconsecuencia, la inmadurez, la levedad y lo eterno. Es decir, lo importante gana a lo urgente; lo existencial a lo circunstancial.

Dos aspectos resultan sobresalientes en estos cuentos de Jorge Patiño Sarcinelli. Primero, las historias: son pretextos, casi, para mostrar por dentro, en sus dilemas, a una serie de personajes. Las historias son las cosas que pasan en el libro, mientras los personajes reflexionan sobre sí mismos y lo que es obviamente relevante para cualquier ser humano: sexo, vida y muerte.

Segundo, el lenguaje. El autor de Coda al diccionario demuestra que busca palabras como un cazador para que, puestas con el cuidado de un artista del detalle, describan y hablen por él. Es un deleite aparte.

En cuanto a la estructura del libro. El lector debe saber que, si desea una lectura que fluya, es mejor empezar por el segundo cuento. No porque no sea bueno (el segundo podría incluso ser el mejor para otro lector), sino porque implica algunos desafíos narrativos que son interesantes como construcción, pero requieren mucha atención.

El primer cuento, que da el nombre al libro, es más una novela corta. Y es un atrapante relato a cuatro voces -siempre en primera persona- de amor. Principalmente de amor. Sí, pero no un amor romántico y predecible, sino más bien de las fisuras y pliegues del amor de la melancolía, del fin del camino, del pasado que no se lamenta y del presente que no se concreta.

En La diva se disuelve como un terrón de azúcar, Patiño retrata a un hijo que ama a una madre difícil, con un amor tan poco convencional como profundo.  No hay abnegación ni sacrificio, más bien crudeza y egoísmo, pero a la vez una ternura tristemente incondicional en la historia.

El tercer cuento, San Judas y Bach, escarba en los amores fallidos pero simultáneamente en los afectos imperecederos; y el último cuento, Sueños de estramonio, araña un poco el realismo mágico para contar la historia de un peluquero que no para de hablar, quizás para ocultar la tristeza de un amor imposible.

Patiño es un buen narrador; sabe dar vida a personajes muy propios, muy suyos, pero a la vez atrayentes y empáticos; lo que somos, lo que quisiéramos ser o lo que fuimos en algún recodo de la existencia. Con todo, quizás el rasgo más seductor de sus relatos sean esos diálogos intensos, que desafían a la imaginación y casi impulsan a la introspección. El autor pone a su narrador, además, en el papel de un voyeur que aprovecha la necesidad de contar para repasar su propia existencia; tarea que acaba transmitiendo al lector como quien no quiere la cosa.

Después de El dilema del campanero (1995), La coda al diccionario (1997) y Supersticiones (2004), Jorge Patiño Sarcinelli retorna con estos cuentos que tienen sabor y lenguaje paceño, aunque son universales en sus disquisiciones.  El sexo como un espacio de encuentro, pero a la vez arma de seducción y conflicto; la homosexualidad; la amistad; la nostalgia... vida y muerte como transversales. Una obra que vale la pena leer y desgranar.

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