Cuando occidente censuró al animé

La polémica con Dragon Ball Super en Argentina no fue la única vez que la disonancia de valores hizo que las distribuidoras occidentales cambiaran contenidos japoneses.
viernes, 3 de septiembre de 2021 · 12:37

Jorge Soruco / Página Siete Digital

Esta semana Cartoon Network sacó la serie Dragon Ball Super de su programación para Argentina debido a una queja de las autoridades locales. La razón: el comportamiento inapropiado del maestro Roshi, uno de los personajes de la serie de animación japonesa. La cadena internacional aseguró que se revisaría el contenido de la misma y de otras producciones antes de ponerlas al aire.

Esto provocó un encendido debate entre los fans de la serie y quienes cuestionaban la existencia de Roshi. Muchos de los seguidores de Dragon Ball recordaron que no es novedoso que el maestro sea un viejo verde –ya demostraba esa actitud en la década de 1980, cuando se estrenó la serie original- y que, además, la misma producción no muestra dicho comportamiento de una manera positiva. De hecho se revela que eso es cuestionado por sus alumnos y otras mujeres, que dejan en claro que su comportamiento0 es abrerrante y patético. Los contrincantes apuntaron que el que se utilice como humor normaliza el abuso de una persona mayor hacia una menores.

Pero, esta situación y debate no es original. De hecho está presente desde la década de 1980, cuando occidente comenzó a consumir animé en mayor cantidad.

Esto se debe a la disonancia de valores: hay comportamientos y conceptos que en el Japón natal son tolerables y considerados humorísticos, mientras que en occidente ya no los son. Es por eso que hay personajes que en este continente pueden ser vistos como ejemplos de conducta, pero que en Japón en realidad están allí como parodia o crítica.

Y la censura no se limita a editar contenidos “polémicos”. Uno de los ejemplos más famosos es el título de Los Caballeros del Zodiaco. Esta serie e realidad debería traducirse como El sato Seiya, ya que los personajes se denominan santos ya que sirven a una diosa. Pero, como la serie llegó primero a países europeos dónde la religión  Católica tiene gran número de seguidores, se decidió cambiar el título para evitar confusión.

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La misma Dragon Ball ya experimentó las tijeras y reediciones de occidente en su primera encarnación. En Estados Unidos los distribuidores cortaron muchos de los chistes subidos d tono e, incluso, alteraron los guiones de doblaje para cambiar la actitud del protagonista Gokú. En la versión japonesa Gokú no es un héroe, es un artista marcial adicto al combate, lo que no gustó mucho en el país del norte que trató de darle valores más similares a Superman y Batman.

La censura llegó a convertirse en meme en algunas series: en Yu Gi Oh en Estados Unidos se eliminaron todas las armas de fuego, resultando en ladrones amenazando a sus víctimas con sus dedos; la sangre de varias series de acción cambia de color o la escena es puesta en negativo, como ocurrió con Puño de la Estrella del Norte. En algunos casos llegó extremos tales que las secuencias custionadas eran tapadas con manchas negras que no solo tapaban la violencia, sino también en gran parte de la imagen, como en Terraformars.

Otro objetivo es la sexualidad de varios personajes. Por ejemplo en Sailor Moon la pareja una pareja de lesbianas fue transformada en dos primas muy cercanas, mientras que cualquier referencia a una vida sexual era cortada sin dudar.

Cabe recalcar que parte del tema es que en occidente los dibujos animados, con excepciones, son considerados mayoritariamente para niños. Sin embargo en Japón la industria es tan grande que se producen series para públicos específicos. Dragon Ball, por ejemplo, es para adolescentes de 14 años para arriba.

Eso no impide que incluso animés que fueron promocionados en occidente para adultos, como fue Robotech, sufrieran las tijeras. Un esfuerzo ahora irrelevante gracias a que en Internet se pueden conseguir las versiones originales sin censura sin mucha dificultad.

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