Este año el encuentro tiene más de 400 actividades culturales

David Pérez, el librero enamorado de las fotos que invita a vivir la FIL

El presidente de la Cámara Departamental del Libro de La Paz indicó que se trabaja para que la feria internacional sea un espacio que facilite el acceso a las publicaciones y así recuperar espacios de los piratas.

Cultura
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La Paz - lunes, 01 de agosto de 2022 - 5:00

David Pérez Hidalgo asumió la presidencia de la Cámara Departamental del Libro de La Paz (Cdllp) en diciembre del año pasado. Con el cargo vinieron una serie de retos, entre ellos continuar reposicionando la Feria Internacional del Libro de La Paz (FIL) como la principal fiesta literaria.

Pérez es el primero en reconocer que, a diferencia de sus predecesores, no tiene una carrera visible como librero. Esto se debe a que su especialidad, producción y venta de textos escolares, se enfoca más con los educadores que lectores regulares.

¿Qué tipo de librero es David Pérez Hidalgo?

Sé que soy poco conocido a diferencia de mis predecesores, que tienen una carrera muy importante y visible como libreros, con puntos de venta muy visibles e importantes. Y también con una historia familiar relacionada a los libros por generaciones.

En cambio yo pertenezco a Global Educación, que es una editorial familiar y pequeña que comenzó el año 2003. Más nos hemos dedicado a los libros escolares. Éste es un subgénero que trabaja de forma underground, directamente con los colegios, con los maestros y directamente con los grupos de padres de familia.

Mi hermano fue trabajador de McGraw-Hill, cuando tenía oficinas en Bolivia. Cuando cerró, él decidió utilizar lo aprendido para crear nuestro propio negocio. Nos asociamos a la Cámara en 2004 y con el paso de los años nos fuimos expandiendo a la tecnología educativa.

Personalmente siempre estuve atado a los libros. Era, gracias a mis padres, cliente de las grandes librerías.

También he trabajado en mis propios libros. Dos de ellos tienen que ver con mi otra faceta como coleccionista de fotografías antiguas, principalmente de La Paz. Hice un libro de fotografías antiguas de Santa Cruz y estoy terminando uno de La Paz.

¿Qué carrera siguió?

Turismo, pero por cosas de la vida nunca trabajé en el área. Pero en la carrera tuve excelentes profesores en materias relacionadas a la cultura.

Mis padres también fomentaron esa inclinación. Me dediqué a la pintura y a la fotografía.

¿Qué le llevó a asumir la presidencia de la Cámara?

El reto era muy personal y tiene que ver con la gestión cultural. A través de Global Educación yo he participado en muchas de las facetas de la edición del libro, algo que me fascina.

Y en nuestra área presenta características especiales. A nosotros, los maestros nos presentaron libros manuscritos, con hojas pegadas, y recortes. Y eso teníamos que volver un libro escolar.

Este reto no lo he buscado. Es algo que me propuso un grupo de asociados que ya ocuparon cargos. Entre octubre y noviembre me comienzan a tantear. Al principio rechacé porque carezco de ciertas capacidades y habilidades que se requieren para el cargo, como la administración financiera o el conocimiento de los estatutos, que fui superando. Pero insistieron y así terminé siendo elegido.

Pero es un desafío muy grande. Somos una institución pequeña, pero organizamos uno de los eventos culturales más grandes e importantes el país. Por tanto, me encuentra tratando de capear el temporal, enfrentados a problemas que surgen cada día, especialmente ahora que estamos cada vez más cerca del inicio de la Feria de este año.

Pero es algo que tiene que ver con todo lo que me gusta: gestión, libros, fotografía y otras actividades.

¿Cuáles fueron los principales obstáculos que ha enfrentado al preparar esta Feria que vuelve 100% al modo presencial?

No tanto. La tecnología permite que la gente participe desde sus casas en una infinidad de actividades, desde reuniones a fiestas y todo de forma cotidiana. No podemos dejar de lado eso.

Entre los retos está el tener que organizar una feria con sólo siete meses de antelación. Sí sabíamos a lo que nos metíamos, pero todo se desbordó más allá de lo que esperábamos.

En realidad, se requiere de mucho tiempo para hacer una buena feria. Tenemos que tocar todas las puertas para lograr ayuda, ya que necesitamos apoyo del sector público y privado.

Tropezamos con una realidad económica difícil. En estos meses hemos tenido un centenar de reuniones con muchas instituciones que no nos pudieron colaborar económicamente. Sin embargo, esa experiencia nos servirá para el próximo año.

Aprendimos que debemos planificar la siguiente edición a partir de septiembre. Por esas fechas se establecen los Programas Operativos Anuales (POA) y si los abordamos a tiempo, habrá más predisposición.

Hay muchas instituciones que ayudan de distinto modo. Del Estado tenemos desde la Editorial del Estado, hasta el Centro de Investigaciones Sociales y la Fundación Cultural del Banco Central de Bolivia.

¿Qué pasa con el Ministerio de Culturas, que un tiempo atrás no colaboraba?

Afortunadamente nos hemos encontrado con una ministra (Sabina Orellana) dispuesta a colaborar. Lamentablemente el encuentro fue un poco tardío.

Sí, el año pasado no podíamos llegar a ella. Nuestras solicitudes se estancaban en un punto antes de llegar a la ministra. Pero hace un par de meses lo logramos y ella se sumó a los colaboradores que ya confirmaron su ayuda.

El Estado tiene un papel importante en la promoción de la lectura. Tenemos que ir juntos por este camino, especialmente en tres áreas esenciales que hemos identificado.

La primera es la FIL. La segunda es garantizar nuestra participación en eventos internacionales. Por lo menos deberíamos asistir a la Feria de Buenos Aires, una de las más importantes de Sudamérica; a la de Guadalajara (México), la más grande de Latinoamérica y a la de Fráncfort (Alemania), la más importante de Europa.

Debemos sentar presencia y mostrar nuestra producción. Esperamos que el Estado atienda el pedido.

Y está la necesidad de reactivar las políticas de fomento a la lectura. Pero eso tenemos que hacerlo entre todos. Uno solo no puede lograr todo lo que se necesita para mejorar.

Una crítica que se hizo a la FIL es que no hay país invitado, sino ciudad. ¿A qué se debe esto?

A que no hubo tiempo para hacer una gestión efectiva y a la crisis pospandemia. Hemos tenido contacto con embajadas, las cuales retrasaron sus respuestas hasta marzo, pero con resultado negativo.

Así que en febrero comenzamos a pensar en opciones y llegamos a la idea de invitar a ciudades, como hizo la Feria de Buenos Aires.

No es un reemplazo al país invitado, es una novedad, alguito más para nuestra FIL. Fuimos contactando varias ciudades y la primera que respondió positivamente fue Iquique.

Traerán escritores, actividades culturales e, incluso, un proyecto de hermanamiento con el municipio de La Paz.

Eso no quiere decir que no tendremos países invitados. De hecho, nuestras gestiones nos sirvieron para definir cuál será el próximo año. Lo anunciaremos el sábado 13 de agosto.

¿Qué características tendrá la FIL de este año?

Tenemos que tener en cuenta muchos factores. Uno de ellos es que el Gobierno declaró a éste como el año de la despatriarcalización y de la lucha contra violencia contra las mujeres. Es por eso que construimos el programa y la imagen institucional en torno a estos conceptos.

También sigue siendo el decenio para Pueblos y lenguaje indígenas, según la Unesco. Además, los niños y los jóvenes son siempre públicos a los que nos interesa llegar.

No podemos dejar de lado a los menores. Quiero destacar lo que hace la Feria de Santa Cruz, que habilita un pabellón entero dedicado a los niños y adolescentes, con actividades diferenciadas para ellos.

Tenemos más de 400 actividades culturales, incluyendo varios conciertos con Luzmila Carpio y Música de Maestros. Estaremos de lunes a jueves en la tarde y de viernes a domingo desde las 10:00 hasta las 22:00.

Los menores de 12 años y los mayores de 65 no pagarán la entrada, que costará 15 bolivianos. Debido a que este año el 6 de agosto cae en sábado no será de ingreso gratuito.

¿Qué otros retos, más allá de la Feria, tiene la Cámara?

Tenemos que estabilizar nuestra institución. No hay que olvidar que la presidencia de la Cámara Boliviana del Libro vuelve a La Paz este año y debemos convertirnos en un interlocutor fuerte con el Estado.

Tenemos que fortalecer la lectura, y la producción y difusión de los libros. El panorama general cambió mucho y debemos adecuarnos. Por ejemplo, el interés en el cómic ha crecido mucho. También hay géneros que antes no eran considerados pero ahora son muy solicitados.

También tenemos que hablar de la situación del libro en Bolivia. Por ejemplo en la Ley del Libro no está considerado el cómic, pese a su cada vez mayor importancia.

Tenemos que discutir el estado de la industria. No sabemos cómo va a cambiar en el futuro.

Tenemos que adaptarnos, porque de lo contrario nos puede pasar lo que a la fotográfica Kodak, que terminó desapareciendo a diferencia de sus competidores como Canon.

¿Cómo es el negocio de los libros para escuela?

Es muy diferente. Es un nicho muy especial, ya que son libros fungibles, lo que quiere decir que el niño lo tiene que garabatear, pegar figuras o recortar parte del mismo, por lo que ya no sirve para el siguiente año.

Se hace un trabajo directo con los directores, profesores y padres de familia. Ellos son los que nos piden lo que necesitan.

Por eso no se vende un solo libro a un cliente, sino se venden muchos a colegios. Es muy diferente, por ejemplo, de un libro de narrativa que se vende solo.

También tenemos que seducir tanto al padre como al niño para poder lograr que compren el producto sin conflicto.

Sin embargo ustedes editan y venden los “villanos” de los libros, los que se compran por obligación, no por gusto.

Así es. Pero hay formas de hacerlos atractivos. Recuperamos conceptos como el Prontuario Escolar Boliviano, que atrae la curiosidad del alumno.

En eso el proceso es muy importante. Sabemos que no son libros que se lean en el sentido convencional de la palabra. Pero podemos hacer que el aprendizaje sea bonito y llevadero para los estudiantes.

Al niño no hay que obligarle a leer. Hay que aproximarse a él mediante lo que le interesa, como la ciencia, los animales o el arte plástico.

Claro que el contacto con la gente se hace en las ferias. Fuera de eso tenemos sólo una oficina en la que tratamos con instituciones, más que personas.

Antes de la pandemia salió un estudio que revelaba que más del 50% de los bolivianos no compraban ni un solo libro. ¿Cómo está la situación ahora?

Hay que tomar con pinzas esas encuestas, ya que hay muchos factores que no se reflejan en ellas y uno de los principales es la piratería.

Probablemente la gente compra libros, pero lo hacen piratas. Y quien lo hace es porque se fija en su bolsillo, pero ignora el daño que hace a todos los que participan en la edición legal.

Ése es otro objetivo de la Feria: lograr recuperar espacios que perdimos ante las publicaciones ilegales. Ya lo hicimos, en parte, años antes de la pandemia, pero la emergencia nos perjudicó.

Debemos realizar un estudio más profundo y amplio. Estos análisis son realizados por el Centro Regional para el Fomento del Libro en América Latina y el Caribe (Cerlac). Son trabajos que cuestan mucho dinero porque miden todos los factores.

Pero sí, el boliviano lee poco. La tecnología nos acostumbró a lo inmediato y de párrafos más cortos. Los tomos muy grandes nos asustan y no ayuda que en colegios fomentan a buscar resúmenes antes que el texto.

En ese sentido, debemos luchar contra la piratería. Hacer que el libro sea más accesible.

¿El libro en la Feria es caro?

Creo que se han ido perdiendo algunos conceptos básicos, como que los textos deberían ser más baratos o que estén en ofertas. Pero también hay que saber buscar. No conviene comprar a la primera, ya que un título puede tener muchos precios, ya sea por calidad o por su origen.

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