Forqué 2022

Cultura
Alfonso Gumucio Dagron
Por 
La Paz - domingo, 22 de enero de 2023 - 5:00

Laberinto visual

Estaba cantado, otra vez. Casi siempre en los premios José María Forqué (de los que soy miembro del jurado de largometrajes latinoamericanos), hay alguna película (muy probablemente de Argentina), que tiene las mejores opciones de ganar. Viene generalmente precedida de mucha prensa y presencia en España, donde los premios Forqué se han convertido en la antesala de los premios Platino y también de los Goya.

En 2022 la película que venía precedida de tamborilero y trompetas es “Argentina 1985”, que también ha sido seleccionada en la lista corta de mejor película en idioma extranjero en los próximos Oscar y que ya ha obtenido varios otros premios internacionales importantes. Si el año anterior la poderosa figura del cine español, Javier Bardem, impuso los premios para “El buen patrón”, esta vez la prominencia de Ricardo Darín, que pasa una buena parte de su vida en España (obtuvo la nacionalidad española en 2006), garantizaba la entrada por la puerta grande de la película dirigida por Santiago Mitre.

Como en años anteriores, a los jurados nos dan a escoger entre cuatro o cinco películas nominadas, sin derecho a pataleo, aunque a veces hemos visto entre las otras seleccionadas algunas mejores. También como en años anteriores, mi orden de preferencias no ha coincidido con las películas premiadas.

Sobre “Utama” (Bolivia) de Alejandro Loayza ya publiqué un artículo completo, de modo que me voy a concentrar en las otras tres nominadas, empezando por la ganadora.

Era imposible no ver con interés “Argentina 1985” (2022, 140 min.) de Santiago Mitre. El argumento aborda desde el punto de vista del fiscal Julio Strassera (Ricardo Darín) el juicio a los militares responsables de las desapariciones y de la brutal represión durante las dictaduras militares de Argentina. Al fiscal le otorgan tramposamente apenas cinco meses para encontrar las pruebas contra los militares, en un juicio civil sin precedentes, y lo logra con un equipo de jóvenes abogados sin experiencia, pero muy motivados y comprometidos: “Tenemos que hacer el juicio más importante de la historia de la república argentina en menos tiempo de lo que dura el proceso a un ladrón de gallinas”, de octubre 1984 a febrero 1985.

Ese trabajo que el filme muestra muy bien implica la revisión interminable de expedientes, la búsqueda de testigos presenciales, y demostrar que en todo el país se siguió el mismo patrón represivo: desapariciones, coordinación entre las fuerzas militares, centros clandestinos de detención, etc. Los investigadores del fiscal encuentran muchas puertas cerradas pues hubo mucha gente cómplice de los militares, no estuvieron solos, aunque ahora los entonces colaboradores quisieran que esa complicidad sea olvidada.

Para quienes no conocen la historia de Argentina, lo que sucedió está contado con todo detalle, es como un libro de historia testimonial. Los resultados se presentaron el 15 de febrero de 1985:16 tomos de pruebas, 4 mil fojas, 709 casos, más de 800 testigos. Esta es una producción gigantesca (calles con vehículos de época, la escenografía y vestuario, etc.), con una narración eficiente, muy bien dramatizada, aunque no es una propuesta cinematográfica excepcional.

Hay escenas formidables como la exposición que hace Strassera en el juicio el 18 de septiembre de 1985 delante de los nueve generales acusados. Por primera vez en la historia mundial (aunque dice “universal” en el film) que un tribunal civil condena a una dictadura militar. Eso supone amenazas y riesgos para su vida y la de su familia. Hay momentos de intensa emoción porque interpelan la memoria de todos quienes hemos vivido bajo dictaduras. Otra secuencia estupenda es la de las entrevistas con los jóvenes que serán parte del equipo de investigación. Las actuaciones son buenas, pero ninguna que deje momentos inolvidables.

En un registro completamente diferente está “El castigo” (Chile) de Matías Bibe, que tiene una particularidad que probablemente la gran mayoría de los espectadores no advierte: está filmada en tiempo real, en un solo plano secuencia de 79 minutos.

La pareja de Ana (Antonia Zegers) y Mateo Salgado (Néstor Cantillana) deja a su hijo Lucas, de unos 10 años de edad, a la vera de un bosque donde se habían detenido brevemente. La madre, drástica, quiso castigarlo abandonándolo durante unos minutos para asustarlo, pero al regresar el niño ha desaparecido como si el bosque se lo hubiera tragado. Esa impresión de suspenso se acelera a medida que cae la noche y ambos progenitores se internan en el bosque para buscar al hijo, hasta que deciden pedir ayuda a la policía.

Con suma habilidad a través de diálogos e interpretaciones estupendas, la obra revela problemas profundos en la pareja. La cámara los acosa tanto como la policía, revelando sus expresiones, su lenguaje corporal, la verosimilitud de su sufrimiento y el cuestionamiento de su comportamiento. Al principio Ana está más preocupada por lo que van a decir a la mujer policía que llega a la escena y le dice “lo único que le debería importar es lo que piense su hijo”. La relación entre ambos personajes principales construye un drama intenso: “Hay una parte de mi que no quisiera encontrarlo nunca, desde que nació Lucas ya no soy feliz”, dice Ana, en una descarnada reflexión sobre su papel como madre. La película está centrada sobre Ana, ella es el gran personaje de la obra, con la actuación formidable de Antonia Zegers.

Para realizar ese plano secuencia en tiempo real ha sido sin duda necesario realizar una meticulosa planificación y probablemente muchos ensayos. El film es como una pieza de teatro en el escenario extenso de un bosque.

No es desdeñable la cuarta película nominada: “Cumpleañero” (Panamá, 96 min) de Arturo Montenegro, que narra las últimas horas de Jimmy, un hombre que cumple 45 años y decide suicidarse el día de su cumpleaños. Aquejado de una enfermedad terminal que no le deja sino unos cuantos meses de vida, él y su esposa invitan a dos parejas de amigos íntimos a una hermosa casa al borde del mar en Pedasi, sobre el Pacífico. Jimmy lo tiene todo, materialmente, menos la salud. Su invitación es “de vida o muerte”.

Desde la primera escena se construye la tensión cuando se muestra a Jimmy colocando la punta de un arpón de pesca submarina debajo de su barbilla, a punto de dispararse. Esa imagen da el tono para lo que viene después, la muerte anunciada. Todo el film transcurre en la cuerda floja en el intento de construir los últimos momentos felices con sus mejores amigos hasta que llegue el momento. Sin embargo, el conflicto lo viven los amigos Tato y Alex, que precisamente por ser muy cercanos se alejan cuando escuchan que Jimmy se va a suicidar al día siguiente porque padece de una Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA) y en Panamá no existe el suicidio asistido, como en Canadá o Bélgica. La aceptación del suicidio, en la sociedad latinoamericana, tiene todavía mucho camino que recorrer.

Las actuaciones son la parte más débil, algunos diálogos poco verosímiles, hay repeticiones en el guion y música es a ratos melosa. Hay escenas un tanto forzadas como aquella en la que todos entran desnudos al mar, el “viaje” con hongos alucinógenos o cuando ocultan todos los cuchillos de la casa como si ello pudiera impedir el suicidio ya planificado. Al final, sobran los últimos diez minutos, la llegada de la policía, los interrogatorios en la misma casa, bastante inverosímiles.

(*) @AlfonsoGumucio es escritor y cineasta.

“El argumento aborda desde el punto de vista del fiscal Julio Strassera (Ricardo Darín) el juicio a los militares responsables de las desapariciones y de la brutal represión durante las dictaduras militares de Argenti na”

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