Este año el programa incluye 45 obras escénicas en diversos formatos

La nueva cosecha del teatro en Bolivia brilla con fuerza en el Fitaz

La XII versión del evento internacional de teatro incluye piezas cuyo estreno fue afectado por la pandemia. También hay obras que estaban programadas para 2020 y ofertas que llegan renovadas a escena.

Cultura
Redacción Diario Página Siete
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La Paz - domingo, 08 de mayo de 2022 - 0:00

Algunas obras se presentan por primera vez en el Festival Internacional de Teatro de La Paz (Fitaz). Otras llegan con cambios respecto a su estreno, pero todas son muestra del trabajo teatral que se realiza en los últimos años en Bolivia.

“No importan cuantos años vengas trabajando en los escenarios, ser invitada a participar en el Fitaz por primera vez es algo muy importante. No sólo te permite llegar con esa propuesta a la que dedicaste mucho tiempo a un público grande, sino que también es un reconocimiento al esfuerzo invertido”, consideró Alejandra Quiroz, actriz que por primera vez actuará en el Fitaz.

Es que pasar a formar parte del programa de la fiesta paceña del teatro no es sencillo. Los organizadores emplean la pausa entre las puestas estudiando con detalle a quienes se postulan y a quienes cursar la invitación.

Para las producciones internacionales los responsables indagan en eventos del exterior y se contactan con las respectivas embajadas en Bolivia para determinar los visitantes. En el caso de los trabajos nacionales se lanzó una convocatoria abierta el año pasado. Un panel de especialistas evaluó a cada postulante antes de tomar las decisiones.

Eso se aplica incluso en ediciones tan complicadas como la de este año, en la cual se tuvo que considerar que la pandemia de Covid-19 perturbó al sector.

“Sí, lo mismo que nos obligó a suspender las actividades en 2020 es lo mismo que nos obligó, por esta vez, modificar algunos de los requisitos. Uno de ellos es que, generalmente, sólo se tomaban en cuenta aquellas obras que se habían estrenado hasta máximo un año antes del festival; ahora vimos que teníamos piezas de un periodo de más de cinco años que, por la emergencia sanitaria, vieron truncadas sus temporadas de estreno y que merecían estar y darse a conocer”, explicó Bernardo Arancibia, director del Fitaz.

Tal es el caso de las iniciativas en las que participa Quiroz. Tinkunakama, de Tabla Roja, y La última horquilla, de Teatro La Cueva, estaban en el programa de la versión XII.

Otra característica de la elección de este año es que se puso mayor énfasis en las coproducciones. Ya sea entre elencos bolivianos y extranjeros -o directores del exterior con grupos nacionales- o entre compañías del país, los evaluadores escogieron este tipo de proyectos.

“Es importante para nosotros ver y mostrar que hay proyectos que se desarrollan gracias a un intercambio de culturas, de experiencias y de talentos. Además, las temáticas que se desarrollan cuentan con mucha investigación y desarrollo”, agregó.

Tal es el caso, entre otros, de Palmasola y Monumentos. La primera es la alianza entre artistas cruceños y el director y escritor suizo Christoph Frick, mientras que la segunda es resultado de la colaboración entre el alteño Freddy Chipana y los integrantes del tarijeño Itaú Teatro.

Palmasola es el resultado de una investigación profunda en la prisión cruceña del mismo nombre. Frick y su equipo de teatristas bolivianos acudieron durante meses al penal para conocer los testimonios de internos y guardias y ofrecer un vistazo a la realidad que existe en lo que denominaron “el tercer mundo” de la ciudad oriental.

La pieza fue estrenada en 2019 y tuvo una buena respuesta en Santa Cruz y Europa, antes de que la pandemia interrumpiera las giras previstas.

Con Monumentos Chipana y sus colegas decidieron sacar a las estatuas vivientes de la calle para llevarlas al escenario. De esta forma también se cuestiona la importancia que tienen las efigies en la sociedad y por qué se recuerda a unos personajes, mientras que otros terminan relegados al olvido.

“Es importante mostrar que hay proyectos que se desarrollan por a un intercambio de culturas”.
Bernardo Arancibia
Comentario
Jorge Soruco
Periodista
Sesión de recitación en apertura

El Fitaz comenzó con una pieza que trata de ejemplificar la unidad entre dos naciones y culturas, mostrando que, en el fondo, Bolivia y España tienen más coincidencias que diferencias. Y si ése era el objetivo, se consiguió en parte, pero más por la actuación que por el texto.

El recital poético Alientos, esos versos que nos dimos fue trabajado y dirigido por Diego Aramburo sobre las obras de 20 poetas, 10 bolivianos y 10 españoles. Está protagonizado por Patricia García y Marcos Vecín, junto a la música de Óscar Kellemberger, quien toca en escenario e imágenes proyectadas de Simón Ávila.

Es el trabajo de García y Vecín lo único que impide que el montaje no quede sólo en sesión de declamación con una interesante puesta en escena. Es gracias a sus movimientos y entonación que la larga recitación llega, a momentos, a parecer un diálogo más que un cambio de turnos al micrófono.

Las imágenes, aunque interesantes por los enfoques de la cámara y lo que muestran, no ayudan, ya que muchas veces no tienen nada que ver con lo que se habla.

La música y la luz son un acierto. Logran crear el estado de ánimo que debía generar el texto; sin embargo, fueron perjudicadas por algunos problemas técnicos.

Las estatuas son parte permanente de las ciudades. Mantienen vivo el recuerdo de diversos personajes de la historia... aunque también olvidan a otros. Pero ¿qué tan importantes son para la gente? ¿Por qué elegimos algunas y olvidamos a otras? ¿Se puede tener la efigie de un desconocido?

Estas preguntas son contempladas por los integrantes de la compañía tarijeña Itaú Teatro en Monumentos. Se presentará mañana en Casa Grito a las 21:00.

Concretamente Monumentos es una coproducción entre Itaú teatro y Alto Teatro. Fue escrita y es dirigida por Freddy Chipana.

Es una pieza coral, que cuenta diversas historias referentes al contexto boliviano. Todo, bajo el formato de “estatuas vivientes”.

Esta técnica consiste en artistas de calle que posan como una estatua o maniquí, normalmente con maquillaje. “Es una técnica ideal para poder llevar el arte escénico a la calle”, explicó Sardid Arancibia, uno de los protagonistas de la obra.

“Para este trabajo hicimos el camino a la inversa: elaboramos un texto que nos permita retirar estos monumentos vivientes de la calle a los escenarios”, agregó.

Son tres las efigies protagonistas: Domitila Chungara, interpretada por Estefanía Molla; El soldado desconocido, Sadid Arancibia, y Ronald Millares como el exminero Picachuri. Cada uno de ellos analiza el valor de estas obras de arte.

“Por ejemplo, el Soldado Desconocido nos hablará de su experiencia en la Guerra del Chaco y la ironía que es que se tenga un monumento a su memoria, pero sin saber de quién hablamos en específico, mientras que preferimos olvidarnos de alguien como Picachuri”, agregó Arancibia.

Estrenada en 2017, es la primera vez que se presenta en el Fitaz. Los artistas aseguran que traerá cambios con respecto a las funciones anteriores a la pandemia.

Plan dominical

Alejandra Quiroz debuta por primera vez en el Fitaz. Y lo hace participando en dos obras de diferentes elencos: Tinkunakama, de Tabla Roja y La última horquilla, de Teatro La Cueva.

“En realidad, las piezas estaban en el programa de la XII versión de Fitaz, para 2020. Pero como todos sabemos, eso fue interrumpido por la pandemia, por lo que ésta es la segunda oportunidad”, recordó la actriz.

Quiroz lleva trabajando con Tabla Roja desde hace 10 años. El resultado es Tinkunakama, puesta en escena que adapta libremente la novela El RunRun de la calavera, de Ramón Rocha Monroy.

“Es una mezcla de comedia física, comedia popular, clown, Commedia Dell’ Arte. A la vez, es también una reflexión profunda sobre la muerte y sus implicaciones”, explicó Quiroz.

Es así que en la puesta en escena, en la que todos los personajes portan máscaras, la muerte debe ser respetada y temida, pero también puede ser burlada o aplazada por los astutos.

“Me encanta trabajar con Tabla Roja. Es una experiencia muy loca y puede parecer desenfrenada. Pero al mismo tiempo invita a una profunda reflexión”, agregó.

Quiroz comparte escenario con Mayra Bautista Paz, Rodrigo Daniel Prieto Andrade, Ana Grase Tarqui Argani, Ariel Rodrigo Baptista Aranda, Jorge Ernesto Barrón. Se presentará el miércoles 11 de mayo en el Teatro Municipal Alberto Saavedra Pérez.

La segunda pieza en la que trabaja es La última horquilla, producida por el elenco Teatro La Cueva. La historia es narrada a través de las memorias de dos mujeres y niñas -Quiroz y Cintia Cortez- quienes tratan de volver a la etapa de la niñez.

“Propone un viaje por aquellos recuerdos que uno prefiere olvidar, o los que quiere recuperar pero son borrosos. También habla de los deslizamientos”, apuntó. Se presentará el 12 en el mismo escenario.

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