La tradición tomó fuerza en los Andes bolivianos en los año 80

Wilka Kuti 5530, cifra más simbólica que histórica

Un trabajo indigenista de la década de 1970 determinó que el mundo pasó por cinco ciclos de 1.000 años y que está a la mitad de un sexto.

Cultura
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La Paz - domingo, 12 de junio de 2022 - 5:00

El 21 de junio, miles de personas recibirán los primeros rayos del sol del Año Nuevo Andino Amazónico 5530. Pero, ¿de dónde viene esa cifra? Según los expertos surge de una interpretación de la mitología.

Pero no es una mitología a la usanza de la que se utiliza para fundamentar el calendario hebreo, sino al resultado de un trabajo que buscó reivindicar la cosmovisión andina en la década de 1970.

“No, no es una fecha estrictamente histórica. Es, en realidad, el resultado de la unión de la intrepretación de la cosmovisión andina con la fecha de la llegada de los españoles al continente, 1492”, indicó el investigador Milton Eyzaguirre.

De hecho, mientras que la numeración hebrea tiene asideros en su propia mitología -que comienza con la creación del mundo, el domingo 7 de octubre del año 3760 a. C.- o la china en su larga historia documental -su cómputo parte desde el año 2697 a. C.- en el mundo andino se tiene conceptos respecto a los ciclos de vida de la tierra.

“A diferencia de las creencias occidentales cristianas, que hablan de una sola creación del mundo, en la cosmovisión andina se contempla cinco de esos eventos. Es el transcurso de cinco ciclos de 1.000 años cada uno”, agregó el investigador.

Este número fue definido por el arquitecto y arqueoastrónomo peruano Carlos Milla. El investigador, que al mismo tiempo fue amauta y dirigente indigenista, trabajó en la década de 1970 en estudiar y recuperar varios conceptos de la cultura andina originaria. Es basado en sus trabajos que se acepta la existencia de los cinco ciclos.

Bajo ese criterio, actualmente el planeta se encuentra a la mitad del sexto periodo. Debido a criterios ideológicos se determinó que el punto de inicio del mismo fue 1492, resultando que en 2022 se cumplan 530 años.

“Es una manera de recuperar tradiciones prehispánicas y recordar que durante el periodo de la Colonia los ritos de los pueblos originarios fueron proscritos”, agregó Eyzaguirre.

Fue a partir de finales de la década de 1970 e inicios de la de 1980 que se comenzó a popularizar el rito del Año Nuevo Aymara o Andino, tal y como se lo practica en la actualidad: recibir los primeros rayos del sol del solsticio de invierno en un sitio de gran importancia simbólica.

Sin embargo, la tradición no es reciente. Investigadores de las culturas originarias indican que se tienen registros de estas ceremonias. Entre ellos está Primer nueva crónica y buen gobierno, de Guamán Poma de Ayala.

Sin embargo, el concepto de “año nuevo” sí es reciente. Eyzaguirre indicó que en el mundo andino no se concebía el paso del ciclo anual de la misma manera que en el europeo cristiano.

“El paso del tiempo está muy ligado con el ciclo agrícola. Por lo tanto, es mejor pensar que los pueblos de la región le daban más importancia a la mitad del año, ya que se relacionaba con los tiempos de la siembra, las cosechas y las heladas”.

Asimismo, el solsticio de invierno -momento en el que el sol se encuentra más alejado de un hemisferio en particular- tenía una connotación especial por la necesidad de “convencer” al astro rey a que regrese a la Tierra.

Es por eso que la celebración también lleva el nombre de Wilka Kuti. En aymara significa literalmente “Regreso del Sol”.

Si bien durante la Colonia las fuerzas españolas trataron de eliminar los cultos indígenas, éstos lograron sobrevivir, pero a costa de camuflarse en las festividades de los conquistadores.

“No se puede decir que se eliminaron. Simplemente se dio el sincretismo con la fe católica. Incluso se utilizaron las fiestas del año litúrgico para poder encubrir su realización”.

Es así que los actos que se realizaban el 21 de junio se movieron dos días más tarde, al 23. La costumbre de esperar el amanecer de San Juan con la comunidad reunida alrededor de las fogatas es propia de las ceremonias aymaras.

De la misma forma, la otra fiesta importante -el 21 de diciembre, solsticio de verano- se mimetizó con los ritos relacionados a la Navidad.

Cada comunidad tiene sus espacios ceremoniales para esto. Mayormente se encontraban en lugares de altura, para estar más cerca del sol.

Pero cuando resurgió con fuerza hace 40 años, el lugar elegido fue el sitio arqueológico de Tiwanaku y cuando la costumbre se extendió a otras regiones, en ruinas importantes como Samaipata, en Santa Cruz,.

“Son espacios que tienen un significado muy importante respecto al pasado de los bolivianos. Eso las dota de una mística especial. Además, Tiwanaku tiene mucha simbología relacionada con el sol”, consideró Eyzaguirre.

Con el paso de los años fue ganando popularidad y diferentes culturas fueron modificando los ritos e, incluso, el significado. Así, en los llanos se espera al lucero de la mañana, es el planeta Venus observado a simple vista poco antes del amanecer. En 2005, el entonces presidente Carlos Mesa promulgó una ley para declarar al Año Nuevo Aymara como Patrimonio Intangible, Histórico y Cultural de Bolivia, y en 2009 Evo Morales decretó que cada 21 de junio sea festivo nacional.

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