El agro implementa modelos resistentes al cambio climático

En Bolivia 10.500 familias campesinas coordinan su labor con técnicos del CIPCA, para trabajar la tierra sin que sequías e inundaciones afecten su producción.
domingo, 11 de febrero de 2018 · 00:04

Fernando García / La Paz


 Desde hace 15 años el Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) trabaja con al menos 10.500 familias  en todo el país, para  mejorar la capacidad de resistencia  de sus sistemas de agricultura y ganadería ante los fenómenos ocasionados por el cambio climático.


“Trabajamos con base en la Propuesta Económica Productiva (PEP), que es una estrategia de acción concertada entre los técnicos del CIPCA y los productores, para que los campesinos e indígenas puedan mejorar su producción, y que a partir de esa su actividad puedan trascender hacia otros espacios, sobre todo plantear desde sus propuestas económicas, modelos alternativos de producción al modelo tradicional”, explicó la  directora general del centro de investigación, Pamela Cartagena.


En varias regiones del país, como consecuencia del calentamiento global y las alteraciones medioambientales que este fenómeno ocasiona, el campesinado comenzó a migrar, después de sufrir pérdidas en su producción agropecuaria.


Además  se volvieron vulnerables a la inseguridad alimentaria por la variación de las lluvias y las temperaturas, que provocan inundaciones y sequías en diferentes zonas de las tierras altas y bajas.


“Hemos diseñado diversas propuestas de base agroecológica aplicables a diferentes regiones y contextos socioculturales. A lo largo de estos años, esas propuestas económicas nos han permitido demostrar que los campesinos que trabajan con una PEP producen con mayor eficiencia y obtienen ingresos diversificados a lo largo del año”, manifestó Cartagena.


Una Propuesta Económica Productiva está conformada por cinco componentes. El primero es el de la “agricultura sostenible”, que implica el manejo sostenido de suelo y agua, diversificación productiva y recuperación de las prácticas ancestrales para la conservación de los recursos naturales.


En segundo lugar incorpora la “ganadería altoandina”, que consiste en la crianza diversificada de animales, infraestructura para la provisión de agua, siembra  y reserva de forraje.


En tercer lugar incluye los “sistemas agroforestales”, orientados a consolidar una diversificación planificada de los cultivos anuales, además de los frutos de mediano y largo plazo.


El cuarto componente es el de la “nueva ganadería”, que se basa en la transformación de la ganadería semi-intensiva, orientada principalmente a los campesinos que viven en el oriente y en la región del Chaco.


Por último está la “gestión integral de los recursos naturales”, que ya se implementa en seis regiones, donde se aprovechan sosteniblemente recursos como el cacao, frutas cítricas, miel y pastizales, entre otros, con los que se articulan beneficios ambientales, sociales y económicos para las familias productoras.


“Después de 10 o 15 años de trabajo hemos determinado cuán diferente es el comportamiento de un sistema productivo con una PEP, frente a un sistema productivo sin propuesta. Hemos visto cómo este sistema, después de una sequía o de inundaciones, tiene mayor capacidad de recuperación que un sistema que está en la misma comunidad, que no cuenta con este manejo”, apuntó la directora de la institución.


Lo que corresponde a la producción


Aunque no se tiene cuantificada la cifra a partir de un estudio, Cartagena sostuvo que entre el 50 y 60% de los productos que adquiere una familia promedio, que vive en los centros urbanos del país  corresponde a alimentos extraídos de pequeñas unidades productivas.


“Por un lado tenemos a los grandes productores de arroz, de soya, de maíz, que incluso exportan su producción, pero la realidad es que lo que consume la gente que vive en las ciudades, la que va al mercado, proviene de esas pequeñas unidades que trabajan los campesinos e indígenas”, señaló Cartagena.


La institución que dirige trabaja en favor de ese sector, que con la formación y capacitación que ofrece aprende a administrar con mayor eficiencia sus recursos, para soportar los embates de la naturaleza.


Es así que la cobertura del CIPCA se extiende desde las tierras bajas de la Amazonia de Pando, Beni y Santa Cruz, pasando por los valles de Cochabamba y Chuquisaca, este último donde también se encuentra la región del Chaco, hasta territorios del altiplano de Oruro y La Paz.


A partir de la aplicación de los modelos resilientes, los sistemas agroambientales mostraron resultados que no solo fortalecieron la inclusión de las mujeres en la producción, sino que se midió la captura de carbono del ambiente en una media de 16,6 toneladas por hectárea al año.


Con la gestión integral de los recursos naturales se mejoró la organización de la comunidad y las condiciones socioeconómicas de las mujeres y jóvenes.


La nueva ganadería disminuyó la carga animal de 15 hectáreas por cabeza (típica de la ganadería extensiva) a cinco hectáreas por cabeza, dando lugar a la organización campesina indígena comunal en torno a esta actividad.


En el altiplano, la ganadería altoandina incrementó la producción de leche en hasta 15 litros por día, por cada vaca.


Con la agricultura sostenible se implementó la producción bajo riego, con la captura de agua de lluvia y formación de estanques para enfrentar la sequía. “Trabajamos en el Plan Estratégico 2016-2021, con tres desafíos: llegar a las organizaciones indígena originarias campesinas, alcanzar el desarrollo rural sostenible con enfoque territorial, y trabajar con los gobiernos nacional, departamental y regionales, además de otras instituciones públicas, democráticas e interculturales. Para eso implementamos las PEP”, aseguró la directora del CIPCA.


En la actualidad, la institución trabaja en la formación y capacitación de los integrantes de unas 500 comunidades. La entidad no gubernamental recibe asistencia económica, principalmente proveniente de Europa, para llevar a cabo las Propuestas Económicas Productivas.


“Nuestro presupuesto anual llega a los cinco millones de dólares, que debemos administrar para el funcionamiento de nuestras oficinas regionales y la ejecución de los modelos productivos, entre otros”, añadió.


En sus primeros años, CIPCA subvencionaba los PEP casi en su totalidad, pero ahora las comunidades ponen una contraparte, su mano de obra o recursos para realizar las obras necesarias y  que los modelos funcionen, manifestó Cartagena.

El resultado de una larga investigación


El Centro de Investigación y Promoción del Campesinado (CIPCA) presentó el jueves el libro Capacidad de resiliencia de sistemas agroforestales, ganadería semi-intensiva y agricultura bajo riego, que recoge los resultados de la aplicación de las Propuestas Económicas Productivas (PEP) en todo el país.


“Los sistemas resilientes implementados en diferentes regiones de Bolivia son una alternativa de gran potencial de lucha contra la pobreza y demuestran ser fundamentales en la estabilidad de la vida de los productores campesinos e indígenas”, se lee en parte del resumen del libro.


Los resultados que expresa la investigación son producto de procesos de mediano y largo plazo en la transformación de los sistemas productivos, que se busca extender a otras regiones del país.

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