El virus amenaza al PIB y al empleo, pero hay vacuna económica

Tres analistas dan un diagnóstico sobre los efectos de la pandemia y de las alternativas económicas ante la emergencia sanitaria.
sábado, 28 de marzo de 2020 · 11:40

Página Siete / La Paz

El sector informal recibirá el impacto directo. El paro por la necesaria cuarentena afectará también a otros rubros vulnerables como el de servicios o microempresa.  El ataque del coronavirus dañará el crecimiento del PIB y del empleo, pero eventualmente la Economía se recuperará con inyección de recursos del Banco Central y de la cooperación internacional. Hay alternativas, coinciden analistas.

El viernes el  directorio del BCB aprobó un préstamo de emergencia de 7.000 millones de bolivianos al Ejecutivo para combatir la emergencia por el coronavirus. Por su parte, el Gobierno ha asumido medidas como reprogramación de créditos bancarios y deudas tributarias u otorgación de bonos. ¿Serán suficientes?

Los analistas Juan Antonio Morales, Alberto Bonadona y Jimmy Osorio dan un diagnóstico de los efectos y de las posibles vacunas económicas contra el virus.

Morales: No podemos dejar que el virus destruya nuestra actividad productiva

Efectos mediatos e inmediatos: Me temo que haya una caída en el crecimiento del PIB por lo menos de 3% con relación al crecimiento proyectado para este año 2020 en el Presupuesto General del Estado. Con la caída en el valor de las exportaciones y con la economía parada por lo que dure la cuarentena, que puede ser un mes o más, el crecimiento del PIB quedará muy dañado. En los países industrializados se estima que el coronavirus les producirá una pérdida del 12% del PIB. La economía tardará un buen tiempo para recuperarse. 

Entre los efectos mediatos se puede pronosticar un lento crecimiento del PIB y del empleo, pero la inflación continuará controlada.  El costo fiscal será también muy elevado, no sólo por los mayores gastos en salud sino también por los paquetes de asistencia a las familias. Además la caída en las exportaciones y la economía parada producirán menos recaudaciones de impuestos. El déficit fiscal, en el mejor de los escenarios, llegará a 9% del PIB, pero podría rebasar el 10%”.

Alternativas: El contexto internacional para Bolivia parece que será un poco menos adverso, que el que se tenía hasta hace pocos días. El paquete de apoyo fiscal para la economía americana aprobado antes de ayer por 2 trillones de dólares (más del 10% del PIB de los Estados Unidos) más la recuperación en ciernes de la economía china pueden aliviar la situación. El precio internacional del petróleo ha estado aumentando levemente; también lo han hecho los precios de los metales. Internamente, la carga del esfuerzo va a recaer en la política fiscal. 

La primera prioridad debe seguir estando en frenar la expansión del coronavirus y en atender adecuadamente a los que cayeran enfermos. Esto puede ser costoso pero es ineludible. Será también importante apoyar con recursos públicos a las empresas, a las grandes para preservar el empleo y a las pequeñas y microempresas para que preserven su actividad. También hay que apoyar a las familias, especialmente a las del sector informal y de cuenta-propia.

Hay que evitar la quiebra de empresas, que podría arrastrar en su caída a los bancos. Idealmente las empresas y el sistema financiero deben estar en buenas condiciones para que una vez pasada la emergencia sanitaria hagan rebotar la economía.

Todo lo anterior será muy costoso pero se tendrá que hacerlo. No podemos dejar que el coronavirus, además de afectar a nuestra salud y a nuestro bienestar, destruya a nuestra actividad productiva y nuestro capital humano.

Habrá que convivir con déficit fiscales altos y con maneras poco ortodoxas de financiarlos por algunos años, pero si la economía se recupera en lo mediato no habrá un riego de solvencia, es decir se podrán pagar los gastos y las deudas contraídas durante la emergencia sanitaria.

Para facilitar las cosas, se deberá apelar oportunamente a la cooperación  financiera internacional. Estaremos empero en competencia con muchos países que también están pidiendo auxilios.

 

Bonadona: La respuesta que exige la presente coyuntura no puede demorar

Efectos mediatos e inmediatos: Entre los efectos inmediatos se encuentra la caída del ingreso, del empleo y del consumo del número de personas que trabajan en el sector informal y que en Bolivia bordea el 80% de la población económicamente activa. En este mayoritario grupo los efectos de la cuarentena rápidamente se reflejan en la pérdida de ingreso de las personas que trabajan en puestos callejeros (ambulantes o no) o realizan actividades de diversa índole como trabajos eventuales de plomeros, albañiles, carpinteros y otros como lavadores de vehículos o cuidadores de los mismos. Aquí también se pueden incluir a las personas que prestan algunos servicios como la venta de comida en los mercados populares que disminuyen en sus ventas dramáticamente.

En el sector formal, afecta notoriamente a los servicios de hotelería, restaurants, confiterías y otros del rubro gastronómico. En este sector se ven afectados, por supuesto, los propietarios, pero, principalmente, los trabajadores dependientes. La caída del movimiento económico en este sector afecta indirectamente a los que proveen servicios o productos a esas actividades y aquellos que viven de vender souvenirs, artesanías, etc. a los turistas o prestan servicios para entretenerlos. 

Por otra parte, están los que trabajan con créditos y que afectan a la actividad bancaria porque su actividad económica se detendrá y sus pagos necesariamente se deben diferir. En esta situación se encuentran todas las actividades que se endeudaron para comprar maquinaria o vehículos de transporte público urbano, interdepartamental o internacional.

Alternativas: A pesar que hay muchas personas y, particularmente economistas, que se oponen al aumento del gasto público, es una solución a la que se debe recurrir de manera inmediata. Para esto se requiere el diseño de un programa de transferencias directas (bonos) que alcance a todas las familias de los grupos que se identifique como más afectados por el impacto económico de la crisis. Considero que se debe llegar a las familias (una o varias personas que las constituyen) con dinero en efectivo. Esta transferencia puede complementar al bono de 500 bolivianos, ya decretado por el gobierno. Por el limitado alcance de este bono (estimo un máximo de un millón de familias) debe ampliarse a más de tres millones de familias con un monto que supere los 700 bolivianos por familia, posiblemente por un período de hasta dos meses. Lo ideal sería que se logre estructurar un fondo de cesantía o desempleo temporal para administrar los recursos que requiera esta transferencia directa del Estado a las personas afectadas.

Para esto se debe contar con recursos de emisión del Banco Central y de la cooperación internacional. Se debe solicitar un apoyo financiero de las entidades internacionales que supere los 2.000 millones de dólares ya que, en este momento crítico, es posible acceder a los mismos. Estos recursos, aparte de formar parte del fondo de cesantía referido, al ingresar al país en dólares robustecerían las reservas internacionales pues la erogación a los receptores del bono será en moneda nacional. La respuesta que se exige en la presente coyuntura no puede demorar más de dos semanas a partir de la fecha para evitar repercusiones sociales que pueden ser socialmente de gran explosividad.

Osorio: El segundo semestre la economía puede recuperarse a nivel macro

Efectos mediatos e inmediatos: Esta emergencia llega en un momento marcado por la caída de los precios del petróleo. Bolivia ha tenido cuatro grandes momentos económicos antes: la plata, el estaño, la goma y ahora el petróleo que también se cae sin derivar en una industrialización. No hemos sabido aprovechar la bonanza que tuvimos entre 2005 y 2013. Es la maldición de la riqueza, de ser un país rico pero pobre. Llegó un momento maravilloso en 2013 que crecimos hasta 6,18 por los buenos precios internacionales y eso hubiera beneficiado a cualquier gobierno, sea de izquierda o de derecha. A partir del 2014 empiezan a caer las cotizaciones y con ellas el crecimiento  hasta unos 2,9 en 2019, con una contracción de más del 100%.

Ahora no tenemos la misma producción ni reservas y también la demanda internacional de hidrocarburos cae. La demanda interna está basada en la inversión pública que se sostiene con el endeudamiento para obras y empresas públicas que no producen. De las  28 empresas estatales, YPFB, ENDE y Comibol manejan el 87% del presupuesto y el resto son marginales. El modelo del anterior gobierno nos ha dejado un país con economía volátil que depende de los precios de los clientes y de las cotizaciones internacionales.

Con el coronavirus vivimos momento pasajero que va a golpear a la economía sí, pero sobre todo a la economía informal. El 83% de la población económicamente activa del país trabaja en el sector informal. No se rige bajo una legislación laboral, tiene sus propias lógicas  pero está obligado a pagar impuestos estatales o patente municipales. De ese 83, un 40% se concentra en servicios, como restaurantes, que son subsidiarios de otros sectores, por ejemplo un negocio de fotocopias que depende de universidades cercanas.

En términos macro sí va a afectar pero como dependemos en gran medida de comodities, no hay mayor riesgo. La inversión pública tampoco va a sufrir mucho porque está ligada a la deuda. Para 2020 se esperaba un crecimiento de 3,5; y pese a paréntesis se puede recuperar  porque no tenemos un comercio internacional masivo. Exportamos gas, minerales y soya, y en esos tres sectores está prácticamente asegurada la venta. 

Alternativas: El segundo semestre, a nivel macro la economía se puede recuperar. Sugiero reducir el aparato del Estado que es demasiado grande. Si no queremos tener déficit fiscal, hay que minimizar el incremento salarial anual”. 

En cuanto a los bonos, se puede relativizar su impacto porque no van a resolver la pobreza, es como pintar la casa del pobre: maquillaje. No todos los que van a recibir el Bono Familia en esta crisis son pobres. Es una medida apresurada y en época de elecciones puede verse como prebenda. Hablamos casi de 700 millones de dólares, que es el presupuesto de más de 100 alcaldías que vamos a gastar en un solo pago.

Si el nuevo gobierno se pone las pilas puede revertir la eventual falta crecimiento en el segundo semestre: podría acelerar el gasto a nivel nacional, transferirlo a gobiernos subnacionales; y desburocratizar el aparato estatal también puede ayudar.

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