Anuario 2016 de Página Siete

El día en que Evo sufrió el primer revés del decenio

El Presidente pretendía batir el récord de sus votaciones en el referendo del 21 de febrero y proyectó un 70%, pero el electorado desautorizó su candidatura para las elecciones de 2019.
lunes, 19 de diciembre de 2016 · 00:00
Juan Carlos Véliz M. Periodista
 
 Hasta el 21 de febrero, Evo Morales era invencible. En 10 años ganó tres elecciones con votaciones por encima del 50% y un referendo en el que fue ratificado con un 67% de respaldo.

    Ese domingo marcó un antes y un después en la carrera del mandatario indígena que apostó por transformar Bolivia mediante una "revolución democrática y cultural”.

 El mito del invencible cayó al piso y se hizo añicos. Evo era vulnerable como político y ser humano.

Para los partidarios del oficialismo no hubo ninguna derrota sino  una "guerra sucia” que favoreció a los detractores de Morales, quienes inventaron "mentiras” como el caso Gabriela Zapata para dañar la imagen del mandatario que hasta ese momento era inquebrantable.

 El Presidente se jactaba de sus victorias en  discursos televisados por Bolivia TV y en actos de gestión pública,  y con mucha razón: en 2005, logró un respaldo del 51%, en 2009 obtuvo una votación del 64% y en 2014 consiguió un 61% de apoyo.

En 2008, cuando la oposición planteó un referendo revocatorio como salida a la confrontación política entre el Gobierno central y las regiones que agitaron las banderas de la autonomía departamental, Morales aceptó el desafío y salió airoso: un 68% del electorado le dio su respaldo, un porcentaje nunca antes registrado en Bolivia.

 En el referendo del 21 de febrero, Morales pretendía alcanzar su pico más alto: 70% y estaba seguro de que sería como "pan comido”, pero sus previsiones quedaron frustradas.

Un 51% del electorado desaprobó la habilitación de Morales y de Álvaro García Linera como candidatos del MAS para el periodo 2020-2025 y también rechazó la modificación del artículo 168 de la Constitución Política del Estado para que el Presidente de Bolivia tenga derecho a dos reelecciones continuas.

Con esta decisión en contra, el Presidente tiene el camino empinado para ser habilitado como candidato de su partido en las elecciones generales de 2019. Los movimientos sociales afines al partido oficialista y  al Órgano Ejecutivo iniciaron una campaña de respaldos populares para argumentar que "el pueblo” demanda  la repostulación de Morales. 

 Imprescindible, único y líder de la revolución

Dirigentes y parlamentarios del MAS no tienen otro nombre que no sea el de Evo Morales como postulante a la Presidencia en 2019. Llegaron a la conclusión de que el dirigente es "imprescindible”, "único” y es el líder del "proceso de cambio” por esencia, y le dan algunos  matices divinos.

Hombres como Evo nacen cada 100 años, filosofaron y es el "zumo” de la revolución, en palabras de la presidenta de la Cámara de Diputados, Gabriela Montaño.

Sin otra alternativa, el partido azul parece estar condenado a extraer la última gota de ese "zumo”, aunque las últimas encuestas de Mercados y Muestras para Página Siete indican que el vencedor de cuatro procesos electorales continuos puede ganar en primera vuelta, pero con un margen que le obligaría a una segunda vuelta.

En un balotaje con el expresidente Carlos Mesa, quien anunció que no será candidato a la Presidencia, Evo podría perder los comicios.

Morales debía dejar la Presidencia en enero de  2015 cuando finalizó su segundo mandato continuo, pero el Tribunal Constitucional Plurinacional (TCP) validó una interpretación de la Constitución Política del Estado realizada por  la Asamblea Legislativa en sentido de que el primer periodo de cinco años de Evo comenzó recién  en 2010 y no así en 2006 cuando asumió la Presidencia.

Con el respaldo del órgano de control constitucional, el Presidente buscó la segunda reelección continua, con García Linera como acompañante, en octubre de 2014.

    Su fiel electorado le dio la victoria con un 61% y el 22 de enero de 2015 asumió por tercera vez la conducción del Estado Plurinacional y autonómico. Pero ese fuerte espaldarazo popular no fue suficiente y fue sometido a  prueba cuando el MAS puso su mirada en el periodo 2020-2025.

 Fueron los dirigentes de movimientos sociales afines al oficialismo, en coordinación con ministros y parlamentarios del MAS, quienes impulsaron la reforma parcial de la Carta Magna en un referendo que habilite al Presidente para que postule en las elecciones de 2019.

   El trámite comenzó en la Asamblea Legislativa que en un corto plazo dio curso a la petición para modificar de manera parcial la Carta Magna y remitió las consultas respectivas al Tribunal Constitucional y al Tribunal Supremo Electoral (TSE).

 Con algunas observaciones de forma, ambas instituciones dieron curso al acto electoral en el que el aparato estatal se involucró de lleno para lograr el Sí para la habilitación del Jefe de Estado como candidato del MAS en los comicios de 2019.

  El mismo Presidente estuvo al frente de la campaña en movilizaciones electorales masivas y en actos de entrega de obras ejecutadas con recursos del Estado. Todo hasta que, de pronto, empezó  a tomar fuerza el nombre de  Gabriela Zapata Montaño.
  
La "cara conocida” que hizo tambalear al Presidente 

Hasta el 3 de febrero, dos semanas antes del referendo constitucional, el apellido Zapata era completamente desconocido, pero en los días posteriores acaparó la atención de los políticos, redes sociales y medios de comunicación de Bolivia y del exterior. Gabriela Zapata había sido una expareja del Presidente y supuestamente madre de un hijo que nació, pero lamentablemente falleció, según la primera versión del mandatario, quien en las últimas semanas dijo que su hijo nunca existió.

Gabriela guardaba un secreto que se divulgó en un momento determinante para el futuro del Presidente con más tiempo en el poder.

Integrante de las juventudes del MAS y de los "trabajadores sociales” de Bolivia, la joven fue ingresando al círculo íntimo del Jefe de Estado y cobró notoriedad desde 2013 cuando apareció en páginas sociales de medios de comunicación bolivianos como una "joven empresaria”, "abogada”, "politóloga” y "benefactora” .

En febrero, Zapata ocupaba la gerencia comercial de la empresa china CAMC, que tiene contratos con el Estado que superan los  500 millones de dólares y la percepción era inevitable: Morales podría haber favorecido a la firma estatal china porque su expareja y presunta madre de uno de sus hijos trabajaba en esa compañía.

El daño estaba hecho y era irreversible. En sus 10 años de gobierno, nadie había podido golpear tan duro a la moral del Presidente.

La derrota del 21 de febrero fue el colofón de un proceso de debilitamiento del MAS en sus bastiones tradicionales como La Paz. 

En el referendo autonómico de septiembre de 2015, los electores en cinco departamentos dijeron No a los estatutos autonómicos departamentales redactados por el oficialismo y en marzo de 2015, en las elecciones subnacionales, los candidatos del MAS a la Gobernación de La Paz y las alcaldías de La Paz y El Alto fueron derrotados con amplio margen.  

 Desde entonces, el MAS no tenía el mejor escenario para alcanzar una votación cercana al 70%, pero el partido oficialista confió en su base electoral en las zonas rurales.

Y la culpa es de...

Las encuestas de Página Siete indicaban  que una mayoría no está de acuerdo con la modificación parcial de la Constitución Política y mucho menos con una tercera reelección continua del Primer Mandatario.

 Los estrategas de la campaña por el Sí apostaron por posicionar en el público los logros del Presidente en 10 años de poder y básicamente pintaron la idea de que sin Evo en Bolivia comenzará el Apocalipsis.

  El Vicepresidente fue el encargado de divulgar la idea de que si el Presidente no es reelegido "ya no saldrá el sol” y "la luna escapará”.

El lunes 22 de febrero salió el sol y la luna apareció en el firmamento.

La oposición no articuló ninguna campaña por el No a la reforma constitucional sino que se presentó dispersa y desordenada. Los colectivos ciudadanos tuvieron más fuerza que los mismos partidos políticos.

  Las redes sociales se convirtieron en plataformas apropiadas para difundir las ideas de los detractores de los promotores del Sí.

Expertos en estrategia electoral consideraron que el MAS cometió algunos errores cruciales en su campaña. Subestimó la campaña por el No, promovió un candidato cuando el objetivo del referendo era la aprobación o rechazo de la reforma del artículo 168 de la Constitución e ignoró el poder de  las redes sociales.

El Gobierno y los partidarios del MAS no reconocieron errores de campaña pero identifican algunos culpables como las redes sociales e incluso plantearon regularlas porque supuestamente amplifican mentiras como la relación del Presidente con Gabriela Zapata y el título de "matemático” de García Linera.

Sin embargo, este argumento fue reemplazado por  las mismas autoridades del Gobierno. Meses después del 21 de febrero indicaron que la opción Sí fue derrotada por las "mentiras” y el "engaño” del caso Zapata por lo que corresponde realizar otro referendo constitucional porque el electorado fue "engañado”.

  Las recientes encuestas indican que Morales no respetará los resultados del referendo de febrero y volverá a postular otra vez.

Las plataformas ciudadanas del No y la inexperiencia del MAS en redes sociales 

 En el referendo del 21 de febrero se registró una experiencia democrática que dejó en segundo plano a los partidos políticos. Colectivos ciudadanos que encabezaron la campaña por el No a la reforma parcial de la Constitución Política del Estado.

En La Paz se organizaron agrupaciones ciudadanas que recurrieron a las redes sociales y a las manifestaciones espontáneas.

Entre esas expresiones se encuentran las protagonizadas por la periodista Amalia Pando, el alcalde de La Paz Luis Revilla, el analista político Iván Arias, el exsenador Eduardo Maldonado y el gobernador paceño Félix Patzi.

  Personalidades como Loyola Guzmán, José Antonio Quiroga y otros también lograron concentrar la campaña en contra de la tercera reelección continua del presidente Evo Morales.

Jóvenes como Otra Izquierda es Posible (OIP), el can Petardo y activistas tuvieron un protagonismo trascendente en la campaña por el No frente a la estrategia del MAS que se concentró en mostrar los logros de su líder en 10 años de gobierno.

Las redes sociales fueron determinantes para la definición del voto. Los opositores utilizaron con mayor solvencia ese espacio mientras los oficialistas no lograron desplegar campañas virales, con excepción de la adaptación del tráiler de Star Wars para la reeelección de Morales.
 
 
 
 
 
 

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