ANUARIO 2016 DE PÁGINA SIETE

La destrucción del faraón y su templo de placer

Después de una denuncia por trata y tráfico contra Marco Cámara, su table dance más famoso, Katanas, fue derribado por su propia hija que impulsó el proceso contra su padre.
martes, 20 de diciembre de 2016 · 02:00
Sergio Mendoza Reyes Periodista

 

 

La mañana del 30 de septiembre los periodistas revisaron cuanto quisieron del table dance más famoso de La Paz, y quizás de Bolivia. Las habitaciones y pasillos a los que no se podían acceder, ahora eran fotografiados y filmados gracias a que se había armado un escándalo. 

Ahí estaban las "puertas secretas” que tanto denunció la hija del propietario, Nohemí Cámara, ante el escepticismo de muchos. Puertas que daban a estrechos espacios donde supuestamente se escondía a las bailarinas menores de edad o extranjeras sin papeles. Los tragos a medio tomar, las colillas de cigarrillos, sillones rojos, paredes con pinturas sugerentes, lencería, manillas doradas, una ducha con paredes de cristal en el escenario, y en el techo con pintura roja envuelta en llamas cafés y anaranjadas el nombre "Katanas”.

 A las 13:00 de ese día comenzó la destrucción. Empezaron por el techo. Los hombres de overol subieron por uno de los llamados escondites, un espacio cubierto por una tela y un sillón, para sacar las calaminas una a una. Luego llegó el tractor y destruyó las paredes como si fueran las de una maqueta escolar de cartón, los egipcios pintados en ellas fueron desmembrados y un faraón cayó decapitado.

Pero, aquella debacle se inició mucho antes. En febrero  Nohemí, con 25 años, presentó ante la Fiscalía una denuncia por trata y tráfico de personas contra su padre y también envió por esas fechas una carta al Ministerio de Gobierno señalando irregularidades en el funcionamiento del local.

 Marco Cámara, el dueño de Katanas,  un hombre de cuerpo y cara ancha, ojos hundidos y cabello bien peinado a la derecha ya había salido a la prensa antes de la denuncia formal. Ante una cámara de televisión con la mirada perdida se refería a las acusaciones que Nohemí formuló por el mismo medio: "Nunca pensé que mi bebé podía haberme hecho esas cosas. No sé. No entiendo. Yo ahorita digo ¿por qué?”.

Ocho horas después Marco salía de la Fiscalía con los ojos rojos y brillosos cuando de pronto se desplomó sobre el suelo, en pleno ingreso al edificio. Los flashes resplandecían sobre su traje gris, las cámaras de televisión lo seguían mientras sus allegados lo arrastraban a un lugar más amplio. En cinco minutos una ambulancia estacionó en la puerta, lo pusieron en una camilla y se lo llevaron a la Clínica del Sur. Aquella vez había asistido al Ministerio Público para declarar por la denuncia que le puso su hija, según la cual él captaba mujeres de Paraguay, Venezuela, Colombia y otros países con la promesa de que en Bolivia serían modelos o meseras; pero una vez acá las ponía a bailar, las alquilaba a los hombres y les exigía que paguen el monto que costó traerlas, además de la manutención. La típica historia de trata. 

Dos días después de su colapso Cámara volvió a declarar ante la Fiscalía. Esa vez fue aprehendido junto con su administrador, Gustavo Fernández. Los dos pasaron la noche en una celda a la espera de su audiencia cautelar. 

Entonces se destapó una serie de hechos sospechosos. Katanas funcionó por meses sin una licencia de la Alcaldía de La Paz. Dentro del boliche se encontraron listas con nombres de funcionarios de Migración y la Alcaldía que según la abogada de Nohemí, Paola Barriga, recibían coimas de los administradores de Katanas a cambio de favores en el control de extranjeras y permisos.

 Al instante ambas instituciones comunicaron que no tenían funcionarios con esos nombres; aunque después se supo que había cinco extrabajadores ediles con un mismo nombre que sí estaba en las listas. 

El 18 de septiembre Cámara, un hombre que había explotado el negocio de la diversión nocturna con al menos tres nights clubes, dos en La Paz y uno en Santa Cruz, fue enviado al penal de San Pedro con detención preventiva junto a Fernández, su administrador.

 Paralelamente su hija, que ostentaba el derecho propietario  del inmueble donde funcionó el table dance, tramitaba ante la Alcaldía un permiso de demolición. Su intención era convertir el terreno en un estacionamiento, acabar con todo lo que ella consideraba un templo de abusos hacia la mujer. 

Aunque Marco y la abogada de éste dijeron lo contrario, Nohemí aseguró que su vida no fue fácil, que tuvo que soportar por años la prepotencia de su padre, los abusos hacia su madre y su hermano menor, que le llevó tiempo reunir valor para hablar, para denunciar lo que ocurría en ese negocio donde trabajó como coordinadora desde sus 15 años. 

 Al final habló y la Fiscalía comenzó una investigación para determinar si lo que dijo fue verdad o puro invento. Para ella, lo que era  puro cuento eran los lamentos de su padre que declaraba su dolor al verse encerrado por las acciones de su hija. Ante esto y los ataques que Marco sufría, Nohemí se mostraba tranquila. 

Su padre diría todo para desvirtuar su denuncia, advirtió. Cosas como que detrás del proceso por trata y tráfico y la caída de su imperio estaba Ernesto Córdoba, el que los medios pintaron como el principal  enemigo de Cámara en el negocio del entretenimiento nocturno.

A Córdoba pertenecen los  locales  El Caballito y La Diosa. Este último night club se encuentra frente al lugar donde solía estar Katanas. Él fue encarcelado junto a su hermano, Luis Fernando Córdoba, por el asesinato del empresario Jorge O’Connor D’Arlach y el volteo de 450 mil dólares en 2009. Ambos recuperaron su libertad, pero el 7 de octubre de este año Ernesto volvió a prisión por proxenetismo en uno de sus establecimientos. Meses después salió libre.

La cacería de brujas

Cámara y Córdoba, enemigos acérrimos durante años, fueron a parar a la misma cárcel. Por entonces comenzó lo que algunos llamaron una cacería de brujas. Las autoridades lanzaron una cruzada contra los negocios "ilegales” del placer sexual, contra todos aquellos que no contaban con una licencia de funcionamiento.

Fiscalía, Alcaldía, Policía y el Ministerio de Gobierno hicieron sus operativos. La noche del 22 de septiembre la Policía arrestó entre 40 y 50 personas que se encontraban en prostíbulos de la calle Figueroa. Las condujeron por pleno centro paceño con los rostros cubiertos rumbo a la fuerza anticrimen. 

Fue cuando Lily Cortez, la presidenta de la Organización de Trabajadoras Nocturnas (OTN) de Bolivia,  se paró frente al Palacio Consistorial y con voz potente advirtió que no permitiría más clausuras de centros nocturnos ni arrestos de sus afiliadas porque a ese paso muchas perderían sus trabajos, habría familias sin fuentes de ingreso y el peligro para la población femenina aumentaría, ya que los violadores en potencia andarían por las calles sin ninguna contención.

 

 

 Aquello reactivó el debate sobre la necesidad de regular el trabajo sexual que se encuentra en un limbo con la normativa actual. Cortez sostuvo que era incoherente cerrar prostíbulos "ilegales” cuando no puede haber legales porque la legislación no estipula esto. 

El trabajo sexual no es prohibido y hasta existen ciertos controles por parte de las gobernaciones, es por eso que la mayoría de estos lugares funcionaban con licencias de whiskerías. Así lo hizo Katanas, cuando contaba con una autorización.

La OTN recordó que tenía un proyecto de ley en Diputados para regular su trabajo. El 7 de octubre la líder de Mujeres Creando, María Galindo, entregó junto a la Organización de Mujeres en Estado de Prostitución (Omespro, paralela a la OTN) una iniciativa legislativa al Concejo Municipal con el mismo propósito.  

El argumento fue que si había regulación no sólo se ofrecía un servicio más seguro a los clientes, sino que también se protegía a las trabajadoras para que no caigan en manos de tratantes y proxenetas.

 La discusión llegó a las redes sociales con la foto de una joven que sostenía un cartel: "Ahora que Katanas cerró ¿cómo pagaré mis estudios?”. Era en realidad una estudiante que nunca trabajó en el table dance y quería demostrar que la gente opina sin conocimiento de causa.  

"La maldición”

El 30 de septiembre, mientras los hombres de overol destechaban el Katanas, Galindo llegó con sus botas negras, armada con pintura roja que bañó en el rostro del faraón que custodiaba el ingreso al local. Usó pintura negra para expresar sobre las paredes que pronto desaparecerían su apoyo a la joven que impulsó aquello. "Nohemí, estamos contigo” "Ninguna mujer nace para puta”, fueron algunas frases escritas. 

Una mujer con gafas negras y el cartel de una desaparecida también se presentó  en el lugar.
 
Era la madre de Zarlet Clavijo, una adolescente que desapareció en 2012 y se presume fue víctima de trata. 

Atrás quedaron las sillas con forro rojo, la ducha del escenario, las puertas ocultas, las deidades egipcias que sostenían relaciones sexuales con mujeres delgadas, y esa extraña figura conocida como Pomba Gira que recibía el respeto de los que allí trabajaban.

La pala mecánica decapitó al faraón manchado con rojo. Desde entonces las desgracias en Bolivia se le atribuyeron en tono de broma a "la maldición del Katanas”. Se fue el doble aguinaldo, se suspendió el concierto de Aerosmith, le fue mal a la selección de fútbol (aunque eso no era novedad), y en La Paz se presentó una escasez de agua como nunca antes se había visto, además de mucha basura que inundó sus calles por tres días de paro en el servicio de recojo.

 

 

La guardiana del Katanas fue aplastada junto al que fue su hogar por varios años

Tenía los ojos oscuros y el cuerpo como hecho de cenizas. La mitad de su cuerpo salía de ese portal negro con marco dorado. Era una mujer, se adivinaba por el cabello largo y los pechos. En la mano izquierda sujetaba una calavera, cuyas órbitas huecas iban en dirección a la puerta de ingreso. 

A la Pomba Gira del Katanas le gustaba el trago. Los trabajadores y las bailarinas le invitaban un vaso de whisky o cerveza y a cambio ella se encargaba de proteger el negocio y posiblemente de evitar que las mujeres se vayan de allí, contó en una ocasión Nohemí. 

Esta figura es típica de los prostíbulos y nights clubs, pues se la asocia "con el comportamiento marginal femenino como la prostitución, el consumo de alcohol, la libertad sexual, el rechazo al control de los hombres y el comportamiento lascivo”, señala un post en la página web The Mystic Cup.

 Se cree que existen varias Pomba Giras. Son espíritus de mujeres poderosas, brujas, por ejemplo, que murieron sin cumplir su misión por lo que buscan ayudar a los vivos. Sin embargo, no son del todo buenas ni del todo malas y su accionar depende en mucho del buen trato que reciban de la gente. 

La figura  que estuvo al lado de Marco Cámara ya no existe. El día de la demolición un tractor la destruyó junto a todo el edificio. 

 

 

 
 
 
 
 

 

AVISO IMPORTANTE: Cualquier comunicación que tenga Página Siete con sus lectores será iniciada de un correo oficial de @paginasiete.bo; otro tipo de mensajes con distintos correos pueden ser fraudulentos.
En caso de recibir estos mensajes dudosos, se sugiere no hacer click en ningún enlace sin verificar su origen. 
Para más información puede contactarnos https://www.paginasiete.bo/contacto/

61
2