ANUARIO 2016 DE PÁGINA SIETE

Fidel, el superviviente

El héroe del Moncada y la Sierra Maestra espera que la historia lo absuelva.
sábado, 24 de diciembre de 2016 · 00:00
Juan Carlos Salazar  /  Periodista  
 
Nada le gustaba tanto a Fidel Castro como evocar sus glorias y hazañas en la conquista del poder. "Fue una empresa de locos”, dijo al recordar el día que se embarcó en el puerto veracruzano de Tuxpan, en la madrugada del 25 de noviembre de 1956, para iniciar la lucha revolucionaria en Cuba. El líder cubano hablaba con un grupo de periodistas en la isla de Cozumel, durante una cena que se prolongó hasta altas horas de la madrugada, con el presidente mexicano José López Portillo como anfitrión, en mayo de 1979. 
 
Y sólo a un grupo de locos se le hubiese ocurrido abordar un yate como el Granma, que amenazaba con hundirse a cada momento durante la travesía de una semana, ya que los 82 expedicionarios, entre quienes se encontraban el Che Guevara, Raúl Castro y Camilo Cienfuegos, triplicaban la capacidad de pasaje de la embarcación. Y también fue una aventura de locos el asalto al Cuartel Moncada, que protagonizó el 26 de julio de 1953, al mando de 135 insurrectos, en total desventaja tanto en hombres como en armas frente a las tropas del dictador Fulgencio Batista. Casi todos los atacantes fueron capturados y la mitad asesinados en los días posteriores a la acción. Juzgado por alzamiento armado, Fidel pronunció su famoso alegato: "La historia me absolverá”.  
 
No fueron las únicas acciones de osadía que recuerdan sus biógrafos, muchos de los cuales nunca imaginaron que moriría de viejo y en su cama, a los 90 años, tras haber sobrevivido no sólo a decenas de atentados planificados por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la oposición anticastrista, sino a una invasión en plena regla, la de playa Girón en Bahía Cochinos, lanzada por el gobierno de John F. Kennedy el 17 de abril de 1961, dos años después del triunfo revolucionario. Tras la victoria sobre los invasores, Fidel Castro proclamó el carácter socialista de su revolución. 

Un año después, en la segunda quincena de octubre de 1962, estalló la "crisis de los misiles”, como se conoce al conflicto suscitado entre Estados Unidos y la Unión Soviética ante el descubrimiento por parte de Washington de la base de misiles nucleares de medio alcance que había desplegado Moscú en territorio cubano. Tal vez fue la mayor crisis de la Guerra Fría, que puso al mundo al borde de una guerra nuclear. Kennedy instauró un cerco naval en torno a Cuba y dio un ultimátum a la Unión Soviética. El líder soviético, Nikita Jrushchov, se vio obligado a dar marcha atrás y a desmontar las bases tras dos semanas de tensión, con la paz al filo de la navaja y la humanidad en vilo. 

Los historiadores dicen que Castro vio la pelea desde el placo, puesto que los soviéticos no le pidieron su opinión para tomar la decisión, pero también recuerdan que Moscú condicionó el retiró de las bases al compromiso de Washington de no intentar una nueva invasión a la isla. Los cubanos, indignados, coreaban en las calles: "Nikita, marica, lo que se da no se quita”.

Cuba se cobijó bajo el paraguas soviético, pero, al mismo tiempo, quedó atada a Moscú, cuya cooperación se convertiría en el talón de Aquiles de la economía cubana. Fidel Castro, que solía referirse a la relación con la Unión Soviética como las "amistad eterna”, debió hacer frente a la debacle del campo socialista de la década de los 90, con un ajuste de caballo, oficialmente conocido como "período especial en tiempo de paz”.

"Debemos estar preparados para distribuir la nada en partes iguales”, dijo el entonces líder juvenil y futuro canciller Roberto Robaina (años después expulsado del Partido Comunista), al advertir a la población sobre la inminente agudización del desabastecimiento que afectaba a la isla a principios de 1992, tras la disolución formal de la Unión Soviética. El propio Castro había dicho que 1992 sería el año más difícil de la revolución debido a los grandes déficits de petróleo, alimentos, materias primas e insumos industriales. Cuba vive un "doble bloqueo”, dijo a sus compatriotas, el que impuso Estados Unidos y el resultante del derrumbe del bloque socialista. Ante la falta de combustible, la isla entró a la "era de la bicicleta y los molinos de viento”.

"El futuro es incierto”, admitió, ante lo que describía como un "desafío sin paralelo”. Sin embargo, aún en esa situación límite y pese al fracaso histórico de sus socios comunistas, se negaba a renunciar -y se negó hasta el final- al socialismo. "Sé que vamos a resistir, sé que vamos a sobrevivir, sé que vamos a vencer”, dijo en pleno "periodo especial”. 

Según Tad Szulc, autor de una autorizada biografía de Castro, Fidel se creía un "líder destinado a desempeñar un papel crucial en la vida de los hombres”. Lo fue y nadie ha sido indiferente a su acción de Gobierno, sea para elogiarlo o para condenarlo. Fallecido el 25 de noviembre pasado, el último superviviente de la Guerra Fría espera que la historia lo absuelva.

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