Raquel y Daniela marcharon a La Paz por segunda vez

A pesar de su discapacidad, Daniela no recibe su bono porque “no está en el sistema”.
martes, 26 de abril de 2016 · 00:55
Leny Chuquimia /  La Paz 

Abrazada a una muñeca de trapo con negros cabellos  de lana,  Daniela Rivero avanza en su silla de ruedas. Raquel Jiménez, su madre, es su "impulso” por segunda vez en la lucha por una vida digna e inclusiva.
 
Después de 35 días de caminata, la marcha de personas con discapacidad arribó ayer a la sede de Gobierno en demanda de un bono mensual de 500 bolivianos  que sustituya al actual de 1.000 bolivianos anuales. "La lucha recién empieza”, aseguran los dirigentes. 
 
"Nosotras también participamos en la primera caravana, aquella  en la que se logró el bono anual de 1.000 bolivianos. Pero mi hija hace tres años que no lo cobra, siempre nos dicen que no está en sistemas”, indica Raquel Jiménez.
 
Su pequeña de 23 años tiene un 82% de discapacidad. Sus reacciones y movimientos son reflejos básicos, que la hacen totalmente dependiente. "Es como un bebé al que hay que  cuidar y atender”, dice la madre.    
 
Daniela ha cumplido con todos los requisitos y los documentos, pero aún así no está registrada. "Tengo todos papeles, pero igual no nos dan el bono. Las autoridades dicen que tenemos todo en salud y educación, pero hasta ahora yo nunca recibí ningún medicamento o alguna sesión de fisioterapia para mi hija”, asegura.  
 
Los pocos avances que registra Daniela han sido gracias a la atención que le brinda Raquel. "Llevarla a las fisioterapias es todo un presupuesto porque el transporte público no tiene cómo trasladarnos y los taxis no quieren aceptarte o te cobran mucho”.
 
En los últimos 15 años, Raquel   intentó ingresar a su hija en una escuela "para ver si de alguna manera reaccionaba”. Pero no obtuvo resultados.  "Al último me prohibieron llevarla. Me dijeron que distraía a los otros niños y que era todo un espectáculo verla”.    
 
En las últimas semanas, lejos de su hogar, ambas durmieron en coliseos, escuelas, sobre la carretera o bajo el cielo frío. "Pero ahora, al llegar, todo vale la pena. Sé que va a haber un resultado positivo”, asegura mientras empuja la silla de su hija sin descanso.
 
Desde el descenso de El Alto al centro de La Paz, Daniela no deja de observar la ciudad, las calles y las paredes,   pero no parece reconocer nada. "Ya hemos llegado”, le susurra su mamá.

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