“Cada gota cuenta” en Cochabamba

Las propiedades con tanque son las más requeridas. Debido a la frecuencia de la dotación del servicio de agua, aquellas pueden otorgar cierta comodidad en una ciudad en la que el racionamiento es una constante.
jueves, 26 de mayo de 2016 · 00:00
Manuel Filomeno / Enviado especial a Cochabamba  
 
"Hasta hace un mes recibía agua cuatro días a la semana. El tanque se llenaba y podía estar tranquilo; ahora, estamos en modo ahorro en casa”, comenta Sergio García, mientras lee una revista, sentado en la plaza Colón de la capital del Valle. 
 
El común denominador de los cochabambinos es vivir racionando el agua. Y es que,  independientemente de la zona en la que residan, la clase social a la que se pertenezcan o el rubro al que se dediquen, la mayoría sufre por la carencia de ese recurso. 
 
Sergio -cuenta- ya está acostumbrado a esta situación. Aprendió a vivir con el racionamiento, aunque reconoce que podría ser peor. Radica en Cala Cala, una de las zonas mejor abastecidas por la red de Semapa, aunque no exenta de problemas.
 
Cada gota cuenta
 
Eloisa Calle tiene un puesto cerca de la Terminal de Buses, pero vive al otro extremo de la ciudad, en  la zona sur, donde -según datos del Centro de Documentación e Información Bolivia- reside cerca del 44% de los habitantes de la urbe. "Donde vivo, el carro cisterna pasa de dos a tres veces por semana. A veces no pasa, así que cada gota cuenta”.
 
El turril de 200 litros de agua de cisterna vale cinco bolivianos. Es decir que el metro cúbico  (1.000 litros) del recurso les cuesta 25 bolivianos. Sin embargo, el precio y calidad pueden variar dependiendo de la zona. De acuerdo con una nota publicada por Opinión, en Arani, población cercana a Cochabamba (pero que se ubica fuera de los límites del área metropolitana), los comunarios compran agua de cisternas y pagan cinco bolivianos por un bidón de 10 litros.
 
Quienes tienen la "suerte” de recibir agua de Semapa pagan, en promedio, cinco bolivianos por metro cúbico; es decir,  cinco veces más barato que en la zona sur y 100 veces más barato que en Arani.  Se podría decir que el agua de Cochabamba es una de las más caras del país, si se compara, por ejemplo, con el servicio en la ciudad de La Paz, en la hoyada los paceños pagan a EPSAS 1,78 bolivianos por metro cúbico. 
 
Casa con tanque
 
En los postes de luz cercanos a la plaza Colón, en la capital valluna, se leen improvisados anuncios de alquiler y venta de casas y departamentos. En todos  se  especifica que las propiedades tienen tanque.
 
"Si no tuvieran tanque nadie las alquilaría o compraría, es lo primero que se pregunta”, sostiene el vendedor de periódicos Martín Llanque, que vive en el casco viejo de la ciudad.
 
Llanque explica que una casa sin tanque es una "mala inversión” en cualquier zona de Cochabamba, dado que al estar racionado el servicio de agua, este recurso sólo llega a los hogares entre cuatro y un día a la semana.
 
"Sin el tanque no hay manera de almacenar el agua que llega de la red  y tendría que guardarse en turriles o bateas, donde seguramente se contaminaría”.
 
A pesar de vivir con otras seis personas, el depósito  de la casa de Llanque "aguanta” tres días, lapso en el que -relata- no llega agua a su casa; pero eso sí, "cada gota se aprovecha”, afirma. "No limpiamos la acera, ni nos duchamos  más de cinco minutos, reciclamos todo y revisamos las conexiones en busca de fugas”, confiesa. 
 
García, Calle y Llanque viven acostumbrados a esa situación. Esperan una solución al problema del agua en Cochabamba, el cual -según expertos como el ingeniero Gonzalo Maldonado- se remonta a   la década de los años 30 y  hasta ahora no tiene visos de solución, ya que incluso, dice este especialista, con la conclusión de la fase dos del Proyecto Múltiple Misicuni no se podrá cubrir la demanda del área metropolitana.
 
Los cochabambinos se movilizaron  por  al agua  

Entre enero y abril de 2000, a raíz del alza de los precios del agua que decidió la empresa Aguas del Tunari, y la aprobación la Ley 2029   durante el gobierno de Hugo Banzer Suárez, sucedieron numerosas protestas y enfrentamientos. Estas  situaciones dejaron el saldo de un muerto y más de un centenar de heridos.
 
En septiembre de 1999, el gobierno de entonces privatizó el suministro de agua de Cochabamba y lo entregó al consorcio Aguas del Tunari.
 
Al mismo tiempo se aprobó la Ley 2029, la cual otorgaba el monopolio de todos los recursos hídricos de la región al consorcio. En la ley  incluso se llegó  a estipular que los ciudadanos debían tener una licencia especial para recoger agua de lluvia y otorgaba, además, el control de todas las fuentes de agua, incluso aquellas sobre las cuales el antiguo servicio de agua potable no tenía control alguno.
 
Aquel panorama derivó en la conformación de la Coordinadora por Defensa del Agua y la Vida, integrada por distintas organizaciones de obreros, campesinos y  estudiantes universitarios, entre otras. La coordinadora protagonizó movilizaciones para pedir la anulación del contrato con Aguas del Tunari, la normalización de las tarifas y la modificación  de la Ley 2029.
 
Luego de sangrientos enfrentamientos y la escalada de las protestas, el gobierno de entonces decidió rescindir el contrato con  aquella firma y normalizar las tarifas del agua.

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