Misicuni corre riesgo de retraso, según expertos

jueves, 26 de mayo de 2016 · 00:00
Manuel Filomeno / Enviado especial a  Cochabamba
 
Las losas de hormigón son  vaciadas, una  a una,  en la parte baja de la represa Misicuni. Una vez terminadas, tardarán seis días en fraguar. Los obreros, cual hormigas, trabajan  a la distancia  contrarreloj para entregar una parte de la obra que, después de numerosos retrasos, parece no terminar nunca.
 
Cerca de las 14:00, del 19 de abril, el equipo de  Página Siete visitó la represa Misicuni, donde se construye la cara de concreto del embalse, que forma parte de  los trabajos de la segunda fase, que lleva adelante el personal de la china CAMC. Hasta ese día  se  vaciaron  sólo nueve de las más de 30  losas que comprenden la cara de concreto del estanque. 
 
Según el gerente de la empresa, Leonardo Anaya,  faltan obras en los pozos de compuertas, el blindaje de la parte final del túnel de trasvase y la instalación de las válvulas que permitirán detener las aguas del río. Preocupa  que la represa no se concluya el próximo 17 de julio.  
 
Los caminos que llevan a Misicuni son polvorientos y accidentados. Sin embargo, el transporte no baja de los 70 kilómetros por hora. El chofer se detiene para indicarle al equipo de Página Siete  los límites del valle donde se asienta la represa. Indica, asimismo,  hasta dónde llegará el agua y cómo se  inundará la carretera, el campamento donde actualmente viven los obreros, las áreas de trabajo y unas cuantas casas abandonadas que han quedado en la zona.

El campamento se asienta en  un terreno elevado y está compuesto por varias barracas de cemento y ladrillo.
 
Cuenta, además,  con una posta médica, varios dormitorios y oficinas, además de un amplio comedor.
 
Los trabajadores caminan en silencio por las callejuelas del complejo. Según el chofer, corre el rumor de que hay ánimo de revuelta, puesto que al acercarse el final de los plazos de entrega ellos piensan retrasar el final de la obra lo más que puedan para mantener sus trabajos.
 
La mayoría de la mano de obra es local, proveniente de las poblaciones que fueron relocalizadas para poder inundar el valle, y de lugares cercanos. "En la obra tienen un lugar cómodo dónde dormir, seguro médico, beneficios, un buen sueldo y también comida caliente”, comenta.
 
Bajo la sombra de la represa, en el túnel de desvío, las válvulas que detendrán el caudal del río aún no han sido instaladas y de acuerdo con los técnicos aún no llegan desde la fábrica que -se sabe- está en Santa Cruz.
 
Mientras tanto, en  la planta de hormigón los operarios  trabajan las 24 horas, mezclan cemento, arena, grava y agua para cumplir los plazos de la obra. Sin embargo, según los cálculos más optimistas de expertos -como Gamal Serhan, gerente de Semapa, y Gonzalo Maldonado, ingeniero conocedor de la obra-,  es imposible que esté lista para julio de 2016. Mientras tanto, Cochabamba espera.

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