Deudas e incertidumbre dejó CAMC a su paso por el oriente

La firma tenía a su cargo el tramo que va desde Montero y pasa por Santa Rosa del Sara hasta el río Yapacaní, donde las obras se deterioran por el abandono.
jueves, 30 de junio de 2016 · 00:00
  Manuel Filomeno  / Enviado especial a Montero

Obras  abandonadas, deudas y denuncias por malas condiciones laborales  es lo que dejó la china CAMC en  el  año y nueve meses que  trabajó en las poblaciones de Montero, Santa Rosa, San Juan y Yapacaní, ubicadas en el oriente boliviano, por donde pasaría el Tramo I de la vía férrea Montero-Bulo Bulo. 

Los comunarios se preguntan cuándo  reiniciarán las obras,  mientras que el Gobierno  anunció hace casi un mes que licitará nuevamente  el  proyecto en julio de este año.   "Las empresas vienen, hacen obras insignificantes y se van”, comenta Julio Aparicio, un chofer de mototaxi, mientras se detiene  para recoger a un pasajero en la plaza principal de Montero. 

Al igual que él, la gente del lugar  se pregunta por el destino de ese proyecto, pues desde septiembre de 2015      la CAMC abandonó el lugar de la noche a la mañana sin dar mayores explicaciones.  

La vía prometida

El inicio de las obras del Tramo I  fue anunciado en un acto realizado en la plaza principal de Montero, en septiembre de 2013, con la presencia del presidente Evo Morales y el exministro de Obras Públicas, Vladimir Sánchez, aunque la empresa recién llegó al sitio en diciembre de ese año. 

Sin embargo, a casi tres años de la adjudicación de la obra, a lo lejos se divisan los puentes que se alzan como testimonio mudo de una obra que prometió traer progreso a la zona fronteriza entre Cochabamba y Santa Cruz, pero que a la fecha  no tiene visos de conclusión.

   La factura de 300 mil bolivianos 

 "Nos prometieron trabajo y comercio, una manera de sacar nuestros productos y hasta  convertirnos en un polo de desarrollo,   pero sólo dejaron máquinas, un camino afirmado y una gran deuda”, indicó el intendente de Santa Rosa, José Luis Núñez. 

¿Deuda? ¿No que se solucionó todo con la conciliación? No. Sucede  que al ser resuelto el contrato -explica Núñez- la firma china abandonó el campamento y la fábrica de durmientes (estructuras que sostienen las rieles), dejando al municipio de Santa Rosa -ubicado en el departamento de Santa Cruz- una deuda por concepto del consumo de  electricidad de cerca  de 300 mil bolivianos. 

"La empresa se fue, pero nunca pagó la factura de la luz, un día vino la CRE (Cooperativa Rural de Electrificación) y nos dijo que la cuenta debíamos cubrirla nosotros”, dijo el intendente.

Núñez dice que no conoce cuál fue el trato entre la anterior gestión municipal  y la empresa china, pero es seguro de que no incluía el pago de los servicios por parte del municipio. "Esta gestión está haciendo lo posible para deshacerse de las obligaciones adquiridas por sus predecesores”,  agregó. 

 El municipio de Santa Rosa del Sara,  asentado en una zona forestal, subsiste de la  ganadería, además de la producción de arroz y soya y  la extracción de madera. De ahí que con la repentina salida de  CAMC los comunarios se quedaron con un amargo sabor de boca. 

Y del empleo,  ni hablar... 

Según el intendente, la empresa china prometió trabajo a los pobladores de  Santa Rosa  y aunque cumplió en parte con su promesa, las condiciones que brindó a sus trabajadores no fueron las mejores.

"Los más jóvenes respondieron a la convocatoria, pero los chinos (de CAMC) abusaban de ellos, les hacían trabajar horas extras y no  les reconocían ese esfuerzo, además que les descontaban por cualquier cosa”.
Érick Vaca, uno de los jóvenes que trabajó con la empresa, cuenta que CAMC se valía de estrategias para realizar descuentos y forzar horas extra para los trabajadores. 

"El horario de entrada era a las 7:00 en un lugar, pero desde allí nos hacían caminar cinco kilómetros hasta el sitio de la obra y, según ellos, desde ese momento debíamos cobrar. Nunca nos pusieron movilidades ni otro tipo de transporte. Al salir era lo mismo, nos contaban las horas sólo hasta salir de la zona, de la cual teníamos que caminar hasta el pueblo”, dice.

El trazo de la vía férrea por donde pasará el ferrocarril es ahora usado como una carretera afirmada de tierra, por lo que  se ha visto afectada por la circulación de camiones y motos que recorren la vía que se dirige a la población de Buen Retiro. Por ese camino los trabajadores debían transitar a pie cada mañana hasta el sitio de la obra, soportando  las inclemencias del clima.

 "A veces hacía demasiado calor y eso nos hacía ir más despacio, a veces llovía y nos hundíamos en el lodo”,  recuerda Vaca.

El campamento fantasma

El campamento montado en las inmediaciones de Santa Rosa  está abandonado, allí sólo viven  tres perros y un cuidador que se asoma cuando la gente pasa cerca de sus puertas. 

El asentamiento se halla al costado de una vía donde  descansan los oxidados rieles de lo que fuera alguna vez el abandonado ramal hacia Santa Rosa. Separando la trocha del bosque, los enormes durmientes descansan a los lados del camino, evitando que la vegetación cruce de un lado al  otro.

En el campamento, compuesto por galpones de ladrillo y calamina, cercados por una reja de malla olímpica, vivían los técnicos y personal especializado de CAMC. El complejo contaba con una posta médica, un comedor y varias barracas, además de una fábrica de durmientes  de concreto que se usarían en toda la vía férrea.

"Eran puros chinos los que se quedaban allá, a veces los veíamos por el pueblo, comprando cosas en los almacenes y dando vueltas por la plaza”, contó a Página Siete Elmer Corrado, un transportista de Santa Rosa.  Ahora, en  las calles del pueblo  no hay asiáticos paseando y el movimiento de las  obras  ha bajado  en las afueras de la localidad. 

Promesas incumplidas

Cerca del campamento, una estación construida por la Empresa Nacional de Ferrocarriles  ha sido parcialmente ocupada por pobladores de Santa Rosa. De acuerdo con el intendente de Santa Rosa, parte del trato con CAMC y el municipio era la rehabilitación de las instalaciones y la construcción  de una nueva estación en el sitio. Se buscaba que esta  población sea  un destino intermedio entre Montero y Bulo Bulo.

 La estación, que nunca entró en funcionamiento, contaba con almacenes para carga, una maestranza para el mantenimiento de las locomotoras y una pequeña terminal. En los alrededores, CAMC realizó los trabajos de retirado de rieles y la preparación del terreno para la colocación de los durmientes de concreto, construidos en la planta que instaló la empresa frente al campamento.

Núñez recuerda las primeras señales que advertían que algo iba mal  en la construcción de la vía férrea. "Primero llegaron los  rumores de malos tratos y  de  la  falta de pagos entre los trabajadores  que volvían  al pueblo, y luego a través de los periódicos que llegaban de Santa Cruz y Montero”, cuenta y agrega: "Nosotros como pobladores no veíamos avance, nos prometieron que iban a terminar en dos, tres años, pero las obras no se notaban”.

Obras, ¿dónde?

Entre Montero y Yapacaní se encuentra Santa Fe. Desde esa población transcurre una carretera hacia la colonia japonesa de San Juan de Yapacaní.

"El tren no pasará por el pueblo, pero sí bastante cerca”, comenta el chofer  que acompaña en el recorrido por el lugar  a Página Siete, a la vez que  señala un punto desde donde se ve la trocha abierta para el ferrocarril.
En la zona, los  productores de arroz y soya dicen que no conocen las obras del ferrocarril que pasará por sus tierras, así como los beneficios que éste podría traerles como productores.

"Se han olvidado de nosotros en ese aspecto. En 2014 hubo algunas reuniones, pero nada quedó muy claro, sólo que pasaría un tren y que sería bueno para nosotros”, comentó un poblador.

Según la información de medios cruceños, en el tiempo en que la empresa china CAMC realizaba trabajos en la zona se presentaron algunos conflictos y malentendidos con los pobladores del municipio de San Juan,
principalmente por la falta de información acerca de los alcances de la obra y sus ventajas para la región.

En las cercanías de Yapacaní, en la comunidad de Las Petas, CAMC dejó abandonada una chancadora de piedra con la cual se planeaba producir el material de balasto (piedras que se colocan en las vías férreas), la cual, según el informe de la comisión mixta de la Asamblea Legislativa Plurinacional, nunca tuvo la oportunidad de producir material.

"La empresa vino e instaló la chancadora, pero no hizo más; no volvimos a saber de ellos, simplemente la dejaron allí”, cuenta Rodolfo Canseco, un transportista de la zona.

El trazado abierto entre los árboles ahora empieza a deteriorarse por el rodaje de vehículos menores como motos y cuadratracks,   la acción de los elementos de la naturaleza y la falta de mantenimiento.

En algunos tramos, la naturaleza toma  porciones de la vía sin que nadie pueda hacerla retroceder. En el mismo municipio se encuentra el puente sobre el río Yapacaní, construido por otra de las empresas que se adjudicaron la obra, la española Puentes y Calzadas.

El puente, de más de 700 metros, está prácticamente concluido y es usado por los pobladores para mover su producción de un lado a otro del río. Sin embargo, está abandonado y cerca de éste  no hay ni maquinaria ni trabajadores de la empresa china.

"Estamos esperando que la construcción se reanude, porque hace meses que no vemos a nadie trabajando en la zona”, comenta un poblador.

En noviembre de 2015, el Gobierno rescindió el contrato con la empresa china CAMC Engineering por haber incumplido el cronograma de construcción del primer tramo de la vía férrea Montero-Bulo Bulo , informó en su momento  el ministro de Obras Públicas, Milton Claros.

Al otro lado del río

En Bulo Bulo, donde  sí se realizan obras por parte  de la empresa Covinsa encargada del Tramo II de la vía férrea,   las esperanzas están puestas en la construcción del ferrocarril. 

La población,  asentada a ambos lados de la carretera hacia Santa Cruz, y donde se ubicará la estación terminal del ferrocarril,   vive del comercio y en sus alrededores se encuentra la razón de ser de la vía férrea: la Planta de Urea y Amoniaco, construida por la coreana Samsung.

 "Estamos esperando que se termine el ferrocarril, con eso vamos a poder sacar nuestros productos, nuestras frutas a otros mercados, tenemos la esperanza de que sea pronto”, comenta una comerciante en la terminal del pueblo.

Mientras tanto, luego de más de tres años, solamente un tramo de los tres proyectados en 2013 está concluido.

 

Falta de acuerdos con comunarios causó retrasos en la obra ejecutada por CAMC

De acuerdo con una nota publicada por el diario cruceño El Día,  en las etapas iniciales de la construcción de la vía férrea, la falta de información y de acuerdos con los pobladores de los municipios por los cuales pasaría el ferrocarril derivó  en importantes retrasos.

Según el reportaje, los pobladores de  Santa Rosa, San Juan de Yapacaní, Yapacaní y Bulo Bulo  no conocían los alcances y los beneficios del proyecto. 

La simple mención de que el ferrocarril era sólo para transportar urea y amoniaco causó molestias en los comunarios, que esperaban poder usar el tren para transportar sus  productos.

Este problema fue solucionado con el tiempo, ya que autoridades explicaron que el ferrocarril estaría disponible para el transporte de la producción agrícola de la zona.

El matutino El Día también da cuenta de otros conflictos  por la falta acuerdos con los pobladores. 
Éstos tienen que ver con el trazado final de la vía, así como las zonas de desmonte y construcción de terraplenes y movimientos de tierra.

  Katzumi Bani, exalcalde del municipio de San Juan de Yapacaní, afirmó que en 2014  los constantes conflictos con las comunidades aledañas sobre el desplazamiento y el trayecto demoraron el desarrollo normal del proyecto.  

"El problema es que el proyecto en su momento no fue consensuado con los habitantes de las poblaciones por donde va a pasar el ferrocarril. En el caso nuestro, los pobladores de Ayacucho, donde la gente se dedica a la agricultura,  pidieron que el ferrocarril no sólo sea para sacar la urea, sino que también los beneficie a ellos. En eso se trabajó mucho”, precisó la autoridad.

En Yapacaní, donde se encontraba la chancadora que produciría el balasto para la vía, los pobladores dicen que no conocen los alcances y beneficios del proyecto.
 
 
 
 


 

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