Érase una vez en La Paz...

sábado, 16 de julio de 2016 · 00:00

La mamá  del Hospital de Clínicas

El Hospital de Clínicas, que se encuentra en la zona de  Miraflores de La Paz, es el nosocomio más antiguo de la ciudad. Fue construido en 1905 sobre un lugar llamado  Valle de los Muertos. Muchos creen que es por esa razón que por las salas y corredores del lugar, cuando la noche ha caído, comienzan a "penar” fantasmas, entre ellos de un decapitado y de una enfermera de capa azul.  Pero la leyenda más repetida es la de una mujer que, cargando un niño, recorre las salas del hospital "visitando a los enfermos”. Cuentan que la mujer muchas veces se para delante de las camas de los hospitalizados y luego desaparece. 

"Aparece de pronto, se acerca a algunas camas, se detiene, observa y desaparece como apareció”, cuentan los que la vieron.
 

 

Kari Kari,  el "sacagrasa”

La leyenda viene desde la época de la Colonia y se ha transmitido hasta hoy. 

Se refiere a un ser cuya descripción varía de acuerdo al que ha tenido la experiencia de encontrarse con él (un hombre vestido de monje o  un demonio que nunca se deja ver el rostro). Dicen  que aparece de la nada y, sin que uno se dé cuenta, le extrae grasa del estómago con un cuchillo tan fino que apenas deja marca. El encuentro con el Kari Kari casi siempre lleva  a la muerte, son pocas las personas que  han sobrevivido.  Las generaciones antiguas contaban que el personaje se aparecía en lugares vacíos; hoy se dice que puede estar hasta en los  minibús y se aprovecha del cansancio de los pasajeros, de los que se duermen, para hacer su trabajo.
 

 

 Las almas en pena  del Hernando Siles

El estadio Hernando Siles es el campo deportivo más importante de Bolivia y, por tanto, de La Paz. Las personas que trabajan en el lugar y cientos de espectadores dan fe de que en la cancha, en las graderías, camerinos, oficinas  y pasillos  pasan cosas inexplicables.

  Como risas de niños que se diluyen  cuando uno se acerca al lugar de donde provienen; el tecleado de máquinas de escribir que de pronto explotan en la noche, o lamentos en los camerinos de los deportistas. 
 Muchos encuentran explicación en una tragedia que ocurrió hace más de 50 años, cuando   se derrumbó una de las graderías ocasionando una tragedia que cobró la vida de espectadores que  presenciaban un encuentro deportivo.
 
 
La Curva del Diablo,  la fe en el Tío

Sus devotos  son cientos, hasta  miles, que lo visitan los martes y los viernes para ofrecerle una ch’alla. El cigarro y el alcohol no pueden faltar para esta imagen del diablo que se ve en una de las colinas que están a lo largo de la autopista La Paz - El Alto, exáctamente en la tercera curva.

La leyenda urbana que la explica cuenta que en los años 70 del siglo pasado, cuando un ejército de obreros construía la autopista, el diablo comenzó a aparecerse  a algunos de ellos para reclamarles porque trabajan en su territorio sin pedirle permiso. Dicen que primero se presentó en forma de serpiente de dos cabezas, luego como un enorme sapo negro. Los obreros, aterrorizados, prometieron que al concluir su trabajo le harían un altar y le cumplieron.
 
 
Zambo Salvito,  el pongo  que se volvió ladrón

Es la historia de un pongo de los Yungas de La Paz que se volvió ladrón, de Salvador Chico, que organizó una banda de delincuentes con la que aterrorizó a los paceños a mediados del siglo XIX, asaltando y matando a viajeros y comerciantes, en medio de los caminos. 

El malhechor tenía su guarida en el camino del ferrocarril que llevaba a los Yungas, en lo que hoy se conoce como avenida Periférica. A tal extremo llegaron sus crímenes que cuando fue capturado, él y sus secuaces fueron condenados al paredón, como se lee en una crónica periodística de la época y fotografías tomadas al ladrón.

La  historia del Zambo Salvito se mezcla con un hecho que aún no se pudo comprobar:  el que antes de ser fusilado, como último deseo, pidió ver a su madre y, al tenerla en frente, y pretender despedirse de ella con un beso,  le arrancó una de las orejas, culpándola  de  su destino fatal, porque nunca había corregido en él su gusto por apropiarse de lo ajeno.  

Esta historia es transmitida de generación en generación por los paceños, como ejemplo del castigo que recibe el robo.
 
 
 
La sociedad secreta  de Arturo Posnansky
 
Esta leyenda tiene como escenario la plaza del Monolito, donde -se cuenta- debajo, en unos pasadizos subterráneos, se reunía el arqueólogo Arturo Posnansky   con una sociedad secreta para  practicar la magia negra.

Posnansky era un austrohúngaro que llegó a Bolivia a principios del siglo XX y fue uno de los primeros científicos que comenzó a investigar la cultura tiwanacota, realizando importantes descubrimientos y aportes. También es recordado como la persona que introdujo el primer automóvil en la ciudad de La Paz. 

Cuentan los paceños que un pasadizo secreto comunicaba la plaza del Monolito con la casa del arqueólogo, ubicada a unas cuadras de la plaza.
 
 

La cruz verde  de la calle Jaén
 
La Apolinar Jaén es una callejuela en el casco viejo de la ciudad establecida  en la época de la Colonia española, donde  quedaron atrapadas cientos de historias de aparecidos y almas en pena que espantan a propios y extraños desde siempre. 

Muchos encontraron la explicación en la Caja de Agua, hoy plaza Riosinho, donde se fusilaba a los condenados a muerte.

En el siglo XVIII los habitantes de la callejuela, también conocida como el callejón Cabra - Cancha,  ya no pudieron más y colocaron en uno de los ingresos  una cruz verde e hicieron bendecir el lugar para frenar a los espíritus malignos y almas en pena  que no los dejaban en paz.

    Sin embargo, hoy algunos todavía escuchan ruidos extraños y ven a personajes extraños que desaparecen repentinamente.
 
 

 

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