La Paz, desde el lago Titicaca te han cantado

Postales sonoras de Collita, Nevando está, Sale Ceja, Chuquiago, Cabeza de Zepita e Illimani (tango y morenada).
sábado, 16 de julio de 2016 · 00:00
Liliana Carrillo  /  La Paz

Si la geografía suena, como dice el maestro Alberto Villalpando, el sonido de la ciudad de La Paz es un diálogo de ecos entre las montañas, los rascacielos y los que abajo, muy abajo, habitan.  Mestiza, fragmentada, desordenada, poética, maravillosa, la geografía musical paceña se construye de postales sonoras: 

1 Una tarde perezosa de domingo, en una villa cualquiera, se escucha a lo lejos una banda que toca una morenada… digamos Illimani.

"El nevado más hermoso/ de la América/ se encuentra en La Paz/ Illimani majestuoso/ orgullo de los paceños/ siempre serás tú”.

Con letra de Humberto Rojas Balboa, y  música de su tío, Florencio Balboa Quino, la morenada dedicada al "resplandeciente nevado”  fue grabada en los años 70 con el nombre Tesoro de La Paz. Era uno de los cuatro temas del extended play Adelante Gran Strongest, grabado en homenaje a los jugadores del equipo atigrado que murieron en el accidente aéreo de Viloco, en septiembre de  1969. 

"En mi niñez tuve la suerte de conocer Santiago de Huata, Warisata, la mina Matilde y sus aledaños; en ese tiempo nos transportábamos en camiones y desde ahí se tenía una vista increíble del Illimani, verdaderamente me asombró y se grabó en mi memoria. Y esa fue mi inspiración”, contó Rojas a El Diario en una entrevista  en los 90.

La primera estrofa original de Tesoro de La Paz decía: "Cantemos la morenada/ al gran Illimani/ al nevado más hermoso/ de la América…”. En los albores de los 90, fue modificada levemente en la versión que grabó el grupo Wara. En voz de Dante Uzquiano, la morenada rebautizada como Illimani se convirtió en un himno con matracas de La Paz.  

2 En la hora cívica de un colegio de Pasankeri cientos de voces infantiles cantan a todo pulmón: "Linda silueta de bella mujer/ Ojos muy negros de hondo mirar/ y labios rojos que incitan amar…”. 

A ritmo de taquirari, el músico Fernando Román Saavedra compuso  el tema Collita para su amada Elena Salazar. Corría el año 1950 y había nacido otro ícono musical paceño, tal como oficializó el Concejo Municipal en 2015, instruyendo además su interpretación obligatoria en  actos escolares.

En  los años 80 el grupo Wara grabó la versión clásica del taquirari más paceño. La historia de amor del compositor cochabambino Saavedra y doña Elena quedó inmortalizada  en la voz de Dante Uzquiano  como homenaje a la mujer paceña: "Lindas montañas te vieron nacer/ el Illimani tu cuna meció/ y la kantuta su alma te dio/ Collita tenías que ser”.

3 Ocaso con cielo incendiado en una plaza  paceña que fue y  no es más. La cabeza de Zepita ya no está en San Francisco, pero aún evoca a Margarita.

"Sentada en la oreja de la cabeza de Zepita/ está la Margarita aspirando thinner/ Candidato en la polera, sopleteada de cebollas/ 15 años en las pecas, y su ombligo vocaliza cinco meses”, dice el primer verso de La cabeza de Zepita, obra del paceñísimo cantautor Manuel Monroy Chazarreta. En ritmo de morenada, con matracas y trombón de fondo, el tema canta y cuenta las historias de los personajes urbanos que se congregaban en la plaza San Francisco, alrededor del monumento lítico de Ted Carrasco, en los años 90.

El lustra (enamorado de Margarita), el pajpaku que vende pomadas, el líder obrero que arenga a una marcha, la presentadora de TV, el heladero, la vendedora -todos en torno a la quinceañera presa del amor y del thiner- habitan en la canción del "Papirri”. Ese poético lienzo urbano a estas alturas suena a nostalgia pues el monumento de La Cabeza de Zepita ha sido exilado de la plaza San Francisco.

4 La Pérez a las 19:00 de cualquier día es el ombligo del caos de choferes, peatones, pasajeros,  baritas y bocinas. A esa hora los minibuses imponen su propio ritmo: Sale Ceja, sale ceja.

En 1998, el grupo Atajo –liderado por "Panchi” Maldonado-   retrató el sonido urbano de un viaje de La Paz a El Alto en transporte público y lo convirtió en blues con lenguaje chukuta: "Jefe cámbiame luca/ de veinte y de a diez/ los que bajan Ceja/ se alistan pasajitos por favor… Alguien se queda puente/ Nadies…”.

"Era la necesidad en nuestro país de hacer música, en nuestro idioma y hablar de lo nuestro. Del primer disco que grabamos Personajes Paceños (1998), el tema Sale Ceja fue uno de los más exitosos”, dijo Maldonado en una entrevista.

5 Noche con el bullicio de la Terminal, una delegación de bachilleres que vino de visita ahora se va en flota y canta: "Chuquiago marka, nunca te olvidé”. 

La nostalgia del que se va se traduce en el huayño Chuquiago marka  de los Kjarkas. El tema, de autoría de los hermanos Gonzalo y Ulises Hermosa, fue grabado en los años 80 y se convirtió en símbolo de los que añoran volver a la hoyada: "Chuquiago marka/ nunca te olvidé/ mi tierra querida, / tienes de las cosas del primer amor/ que nunca se olvida... No quiero morirme/ sin volverte a ver/ mi La Paz del alma”.

6 En la carretera, cualquier mañana de invierno, mandolinas  y vientos andinos pintan el frío de azul a gris y de gris a rosa porque Nevando está (Kunuskiu).

A  fines de la década del 20 del siglo pasado,  en los preludios de la Guerra del Chaco, el músico militar Adrián Patiño Carpio (1895- 1951) creó un estilo que puede definirse como indigenista. Su obra fusionó la veta musical andina con ritmos cosmopolitas y llegó a su cima con el  fox-trox aymara Kunuskiu o Nevando está, hoy  ícono musical paceño, mestizo como la ciudad misma. 

"En su época gustó tanto a las clases altas como a las populares e indígenas. Probablemente porque apela al paisaje que evoca melancolía, es cuestión estética”, define  el nieto del compositor, Alfonso Murillo Patiño.

  En la segunda mitad del siglo XX, Luis Jofré Ávila puso letra a Kunuskiu: "El azul/ etérea inmensidad/ Nube gris /su manto tendió/ Y nació/ la nieve junto al sol...”. 
 

7 Retretas en la plaza Murillo, cuando nadie enrejaba la casa de don Pedro, llenas de sol, familias, palomas y un tango: "Tierra mía mi canción como un lamento / ve en las noches de esta innata lejanía / y en mis versos el recuerdo hecho armonía / sollozando por el monte lleva el viento”.

El tango más paceño es obra del compositor  Néstor Portocarrero (1905 - 1948), músico militar que se formó en Argentina antes de combatir en la Guerra del Chaco. Fue en las trincheras, movido por la nostalgia, donde compuso Illimani. 

"Así lo recuerda uno de sus compañeros de campaña  Benjamín Saravia Ruelas: Nuestro camarada Néstor Portocarrero, cuyas aptitudes de musicólogo conocíamos, se puso a escribir algo que lo angustiaba. Dejaba caer de rato en rato unas lágrimas. Y vimos que en un pentagrama improvisado escribía una melodía…  Y cuando empezó a tararear las notas de su pentagrama, nuestra emoción llegó a su grado máximo. ¡Estaba naciendo el tango Illimani simultáneamente con el nuevo año 1933!”, escribió  Antonio Paredes Candia.

Retrato musical de la ciudad y sus barrios, Illimani es el mayor homenaje al espíritu de  La Paz y su himno :  "... Es tu cielo de un azul inmaculado / son tus flores de un perfume sin igual, / desde el lago Titicaca te han cantado / mil sirenas con sus voces de cristal. // Sopocachi de mis sueños juveniles, / 15 abriles quién volviera hoy a tener, / Miraflores mi refugio dominguero / sólo espero a tu regazo volver// Y cantar mi serenata bajo tu luna de plata / cerca del amanecer / y entre amigos y cerveza disipar esta tristeza / y una nueva vida hacer”.

 
 
 
 
 
 

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